filosofía

La política después de Dios

la politica despuesEl título del artículo citado aquí(1) se refiere a la muerte de Dios en el sentido en que Nietzsche denunció la ingenuidad de intentar sustituir a “Dios” como clave de bóveda en el árbol del ser. Él decía con sarcasmo: ¿creéis que “la humanidad”, “la libertad”, “el proletariado”, o cualquier otro concepto que pongáis en su lugar, va a durar mucho ahí arriba? Bueno, aquí estamos: en el hipermercado de valores que ya anunció Groucho Marx (“Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”)

¿Qué hacer, desde la izquierda o desde la inteligencia? Si Dios ha muerto, el tinglado del ser se derrumba y nos encontramos solos entre escombros, adoquines, cascotes de vidrio que de lejos pueden parecer brillantes (como en la Alemania de 1946). ¿Intentar ordenarlos, reconstruir algo con ellos o contarnos historias al calor de una fogata improvisada? La política se ha convertido en asunto de desalmados. ¿Por dónde empezar?

La política después de los políticos
Después de que Dios se haya vuelto increíble para muchos, y siguiendo la predicción de Nietzsche, son ahora los políticos quienes se está volviendo increíbles para muchos ciudadanos. Si una persona deja de confiar en su pareja, se separa de ella. Pero ¿qué hacer con los políticos que han formado una casta cuya única finalidad parece empezar y terminar en ellos mismos y en su industria extractiva?

la politica Humpty

-“No habéis entendido nada. Las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen”

Durante decenios, el eje izquierda-derecha servía para posicionar los partidos políticos y la postura de los ciudadanos en política. Pero ahora esa dimensión ha quedado reducida a una marca, un color, una posición física en el hemiciclo del Congreso. Algo intrascendente y separado de la realidad social. Lo que ahora define las distancias y las posturas políticas y sociales es el eje arriba-abajo. Los que están arriba y los que están abajo. Esa diferencia lo va marcando todo y se hace mayor: abismal. Es la vieja división de ricos y pobres, de amos y esclavos.

La ciencia, los avances tecnológicos, la inmensa capacidad de producción no ha acabado con el hambre y la indignidad. Al contrario, esas plagas han aumentado. Y con ellas ha crecido la indiferencia hacia los demás y el narcisismo como señal distintiva de los humanos modernos. Hasta Nietzsche estaría sorprendido si viera hasta dónde hemos llegado en un siglo.

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(1) Reflexión tras la lectura del artículo:  La derecha sin Dios por Víctor Lapuente Giné en El País 26/08/13)

Ver también: Y si no hay Dios ¿qué hacemos?

– Ver Confiar en alguien.

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