poesía

El misterio y la llave

whitmanEstos son les pensamientos de los hombres de todas las edades y de todos los pueblos. No son originales. No son míos solamente. Si no son tuyos también, no son nada o casi nada. Si no son el misterio, y la llave al mismo tiempo que abre todos los misterios, no son nada. Si no son lo inmediato y lo distante no son nada“.  (Walt Whitman)

Estéticamente se entiende
Whitman describe aquí, deliciosamente, algunas propiedades del ser estético.

¿Cómo es posible descubrir al mismo tiempo el misterio de algo y la llave del misterio? Las cosas se nos cierran porque nosotros mismos nos cerramos. Cuando llegamos a darnos cuenta de que esa cosa o situación que creíamos muerta, tiene vida y que nos habla -esto es, cuando nos atrevemos a ver que encierra un misterio- al mismo tiempo que nos abrimos a ella, ella se nos abre. Esa es la llave que abre todos los misterios. Lo mismo sucede en la comunicación entre personas. Por eso decía Jaspers que “la comunicación es la más esencial de las tareas existenciales, es el precioso y más frágil de los logros posibles”.

Otra propiedad del ser estético a que alude Whitman en este mismo párrafo, es que sus pensamientos, “si no son lo inmediato y lo distante no son nada“. Esto es la pregnancia. Lo distante se impregna de la inmediatez de mí mismo; y, al mismo tiempo, yo me impregno de lo que parecía distante. En ese instante, las cosas distintas tienen sentido para mí. Y mi propia vida tiene sentido; me he comprometido.

Lo inmediato y lo distante son la forma más extrema de lo cercano y lo lejano. Pero no hay que imaginarlos sólo en el espacio. Lo distante más misterioso acontece en el tiempo: ese gran destructor y constructor al mismo tiempo. Qué puede haber más inmediato que el sexo ni más misterioso que sus consecuencias en el tiempo. Y así es nuestra existencia, llena de misterios, de inmediatez y lejanía.

La llave del misterio de la hominización fue una piedra
Hablar del misterio suena antiguo. Pero nos sorprendería descubrir hasta dónde llega su antigüedad.

Tendríamos que remontarnos a los albores de la humanidad, para encontrar las primeras huellas del misterio y de la llave del misterio.

Cuando unos simios al borde de la extinción, llegaron a encontrarse con la paradoja de tener en sus manos la comida y, sin embargo, no verla ni poder alcanzarla, se enfrentaron al primer gran misterio de su existencia amenazada como especie.

La comida, la carne de un fruto o de un animal muerto, se encontraba protegida y oculta por una coraza impenetrable a sus colmillos y a los de cualquier otro animal. Pero encontraron la manera de usar sus manos, recién liberadas de la función de aferrarse a las ramas de los árboles, para descubrir que, destruir lo que tenían delante, era la única manera de llegar a lo oculto y hacerlo comestible. Que una piedra podía prolongar su brazo y usarla como llave para desentrañar el misterio(1).

A golpes, desde luego. Destruyendo el obstáculo. Con la violencia, ya desde el inicio de su hominización.

De ellos hemos heredado lo bueno junto con lo malo. El espíritu pionero, el tirar por la calle del medio. Millones de años después, héroes míticos arrancaron otros secretos a los dioses y fueron castigados por su osadía.

Y Whitman cantó en sus poemas a los héroes modernos, cuya vida es corta, pero las consecuencias de sus actos grandiosas(2).

_____
(1) Sobre el misterio de la hominización del mono, ver Homínidos: golpe a golpe.

(2) Ver Oh Capitán, mi Capitán.

Ver también:
–  Whitman (extractos).
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