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Wendy, amor imposible

wendy y peter_dchaTodo el mundo sabe quién es Peter Pan, pero casi nadie sabe que su amada Wendy tenía un secreto.

Siendo un bebé, Peter escuchó a sus padres hacer planes para cuando fuese mayor. Eso no le gustó nada: así que decidió no crecer y se escapó por la ventana (los bebés de la época victoriana nacían, como los actuales,  sabiendo volar). Llegó al parque de Kensington y se quedó a vivir con las hadas, al cuidado del hada Campanilla. Allí encontró también a los niños perdidos: los que siendo bebés, fueron olvidados por sus niñeras en el parque y acogidos por las hadas.

Más adelante, Peter se fue con los niños perdidos al País de Nunca Jamás, donde vivió interminables aventuras con indios, piratas y sirenas.

De vez en cuando, Peter volvía a Londres por la noche (si no se distraía en el camino jugando con alguna estrella). En uno de esos viajes conoció a Wendy, una niña encantadora que vivía con sus padres en una bonita casa victoriana. Tenía dos hermanitos a los que contaba cuentos por las noches. Eran la familia Darling. Y la más darling de todos era la mamá, que pasaba el día lamentándose de la vida de casada y de los hijos, mientras correteaba por los pasillos tras de su marido exclamando quejumbrosa: –“Oh, darling…” mientras la perra Nana se encargaba de cuidar maternalmente de los niños.

Wendy era tan sensible como Sherezade y, como ella, contaba cuentos maravillosos a sus hermanitos. Y como le sucedió al rey Shahriar, Peter quedó encantado al descubrir lo que era un beso y no dejaba pasar una noche sin llegarse hasta la ventana del dormitorio de los niños para escuchar los mágicos relatos que salían de los labios de Wendy.

Por su parte, cuando Wendy conoció a Peter le pareció un milagro. Lo que ella había imaginado era real. Sintió como un ciego que, de pronto, hubiese recobrado la vista.  Una noche, gracias al polvo de hadas, se encontró volando con Peter por los aires y así llegaron los cuatro a Nunca Jamás. Un intenso viaje de ida y vuelta, al que siguieron otros, cada vez más intensos aunque más cortos.

Al regreso de cada viaje, su madre le advertía que Peter no era un buen partido, pues ella necesitaba alguien que cuidase de ella toda la vida. Pero Wendy añoraba a Peter Pan. Una de las noches que pasaron juntos, ella dijo: –“Si algún día olvido este momento, recuérdamelo”- y Peter supo que él nunca podría olvidarlo, porque aquellas palabras quedarían grabadas para siempre.

Así se sucedieron las noches. Una mañana, al despedirse, Wendy dijo: –“Yo nunca me entregaré a nadie por completo”. Y Peter entendió que había dicho “nunca me entregué”. Otra vez le dijo: –“Quiero no quererte y tengo mucha fuerza de voluntad”. Y Peter no se asustó porque sabía que el amor es más fuerte que la voluntad. Pero finalmente una noche Wendy reveló a Peter su mayor secreto: –“Es que yo no quiero ser Wendy; quiero ser la Sra. Darling”.

Esta vez Peter volvió muy triste a su isla y el viento helado que soplaba sobre el mar se le clavó hasta los huesos. Pero no perdió la esperanza, porque era un optimista y especialmente obstinado. Así que un día volvió para recordar a Wendy lo que ella le había pedido que hiciera si un día llegaba a olvidarlo. Y ella respondió: “Eres un peliculero”. Entonces comprendió que había sido sustituido por otro Sr Darling y que Wendy había dejado de ser Wendy.

En ese instante terminó el cuento de las menos-de-mil-y-una noches. Y el cuento de nunca-jamás. Porque si algo tenía claro Peter Pan es que todo lo que él vivía, lo vivía de verdad.

Y así Wendy logró perder hasta el recuerdo de lo que había vivido-no-del-todo; y que a fuerza de negar la posibilidad(1) de amar, había conseguido finalmente que fuera como-si (2) nunca hubiese amado.

Esta historia es la de Sherezade, pero al revés. Aunque Peter Pan no quería crecer, el desengaño le hizo aprender. Aprendió que la magia y el amor tienen como las monedas, una cara y una cruz. Y que, cuando alguien como Wendy se propone no amar, al final lo consigue.

Y, de tanto aprender, Peter crecía y tuvo que abandonar Nunca Jamás, en avión como cualquier mortal.

Aunque las posibilidades que no se niegan(3) acaban por realizarse, y Peter finalmente encontró a su Sherezade(4). Y con ella, nunca tuvo que renunciar a volar, con todos los sentidos.

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(1) Ver Wolfang Iser: el acto de leer. Cuando las posibilidades negadas se hacen visibles.

(2) Acerca de vivir la experiencia existencial como un apaño, ver Viviendo “como si…”.

(3) Acerca de cómo se logra perder hasta el recuerdo de lo que uno ha vivido, ver En busca del No.

(4) Para la cara luminosa de la magia, ver Ver Sherezade: magia blanca.

Para ver como Magritte pintó a seres que se niegan su capacidad innata de volar, ver La isla del tesoro

Acerca de cómo el amor no correspondido convierte en esclavo a cualquiera que no sea Peter Pan, ver Mildred, servidumbre humana.

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2 thoughts on “Wendy, amor imposible

  1. No sé si es cierto que más vale arde que nunca. Lo que sí sé es que nunca había leído Peter Pan o Alicia, la misma Caperucita Roja. Parece que extravié mi infancia y, releo El Principito o alguna travesura infantil, me pongo más cucufate del yo de diariamente. Clarito veo a Wendy atontolinada con la magia del muchachito, de su muchachito; pero, también, el peso de lo cotidiano y los sentimientos trágicos de su propia vida. A veces triunfa el amor, quizás muchísimas veces. Fíjate, yo conocí a un multidimensional activista vasco, rescatado amorosamente por una muchacha fascista. Y viven minuto a minuto, segundo a segundo aquilatando ese encontronazo. Por otro lado, a pesar de su aparente resignación observo a muchísima gente informal, desempleada, luchando fieramente para salvar su prole: venden naranjas peladas, albañilean, meten la mano de vez en cuando, son gasfiteros, buscavidas a tiempo completo y son felices. Y son felices sus mujeres, sus “pelados”. Pronto volveré al ataque, mientras tanto buscaré el original de Peter para quitarme un poco la carracaquera que se me mete en el alma al sentir que se va imponiendo Absurdistán y su parasiemprementenuncamás.

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