El sentido del ser

Martin Heidegger
Martin Heidegger

Ser y tiempo” es la obra más conocida de Martin Heidegger. Hasta 1927, la pregunta tradicional de la metafísica, era la pregunta por el “ser“. Heidegger la replanteó, como pregunta sobre el sentido del ser. Pero ni siquiera había acabado la primera parte del tratado, cuando escribió que a “Ser y Tiempo” habría que añadirle un último capítulo que se titularía “Tiempo y Ser(1). Era demasiado optimista.

Resumiendo el problema: si el sentido del ser se busca en la relación Ser y Tiempo, lo que se encuentra es el tiempo ejerciendo su poder sobre el ser. Al estar sometido al tiempo, el ser se percibe como ser-para-la-muerte.  Pero ¿muerte propia o del otro? ¿Qué ser sale de ahí? ¿El del existencialismo, ser-angustiado ante la propia muerte o la muerte de un ser querido?  O al contrario, intentar escapar de esa angustia, negando la decadencia del ser, insuflándolo de “grandeza de su esencia originaria” (la de la Nación Aria); así uno se libra de la muerte al convertirse en verdugo del otro: soy inmortal pues sobrevivo a mis víctimas. Es lo que Hitler encontró y plasmó en su libro Mein Kampf, aunque no sabía nada de filosofía, ni lo necesitaba.

Así, el zorro Heidegger cayó en su propia trampa (1). Un año hasta dimitir como rector de una universidad entregada al nazismo. Después de la guerra retomó la búsqueda de su problema (“ser y tiempo” o bien “tiempo y ser“), dando vueltas en torno al núcleo del sentido (2). Si preguntamos: ¿Cómo surge el ser en el tiempo? ¿Cómo el ser llega-a-ser? la ecuación Tiempo-Ser se invierte.  Estas preguntas convierten al ser en relativo y a nosotros los humanos, en responsables de aquello que creamos. Preguntas, por tanto, peligrosas para los que, en el transcurso de los siglos, han instaurado el ser como Dios o como “el Pueblo”  (y que cada uno ponga el que prefiera).

Son éstas las preguntas que también los artistas de todas las épocas han planteado -cada uno a su manera- en sus propias creaciones. El cómo lo hacen, es lo que intento ahora comprender.

La filosofía es la forma más depurada del pensar racional. El arte discurre por caminos, distintos y a menudo contradictorios con la razón. Un puente tendido entre ambos territorios es la estética, como pensar acerca de algo que no se funda en el pensar. Casi un siglo después de “Ser y tiempo”, el sentido del ser sigue siendo paradójico. Sea lo que sea el ser, lo que es, ya es y sólo puede seguir siéndolo… hasta que deja de serlo. Sólo cabe respetarlo o acelerar su aniquilación. La cuestión importante es la contraria: cómo llegar a ser. Y llegar a serlo con el otro: con el prójimo. Cómo crear con el otro. Cómo crearnos, con ayuda del otro. Y cómo ayudar al otro a crearse. Eso sí tiene sentido en la vida, hasta el último aliento. Y llegado ese momento, apagar la luz en paz.

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Ver también Heidegger
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(1) “El zorro que caía en sus propias trampas” es una expresión de Hanna Arendt, quien mejor conoció sus debilidades humanas.

(2) Ver Lo impensado.

Acerca de la cerrazón y endiosamiento del ser, ver El Ser ya no es lo que era.

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