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Espacio y tiempo



“No sé de dónde vengo ni adónde voy; sólo sé que llegaré tarde” (Woody Allen)

Espacio y Tiempo: dos hermosas palabras que nos hacen pensar en realidades independientes. Pero desde 1915 sabemos que el tiempo y el espacio no existen por separado. Existe el espacio-tiempo. Y lo único absoluto que hay en ello es la velocidad… de la luz.

En la experiencia existencial, el espacio aparece como tal cuando el tiempo se detiene. El tiempo sólo aparece cuando no se tiene, bien porque ya ha pasado y se descubre que nunca volverá; o porque se prevé insuficiente para “llegar a tiempo”.

Estéticamente, el tiempo siempre aparece en el espacio y el espacio en lo temporal. Hay artes espaciales como la pintura, escultura o arquitectura; y artes temporales como la música, la danza, la poesía y el relato. Pero en la obra de arte convertida en experiencia estética, el espacio-tiempo se manifiesta como unidad: una escultura o una pintura se recorren, mentalmente e incluso físicamente. En la música occidental, una obra musical despliega un espacio mental por el que se realiza un viaje, una odisea hacia Ítaca: la tónica final.

De esta manera las experiencias estéticas nos preparan para descubrir el espacio-tiempo implicado en todo cuanto existe o sucede. Aunque en la actualidad, a muy pocos interesa pensar en estas cosas que parecen abstractas. No nos interesa el espacio-tiempo más que reducido a la velocidad. Y no andamos tan descaminados, pues la velocidad de la luz es lo único absoluto. Queremos dominar el espacio y el tiempo, mediante la velocidad de los aviones y la inmediatez de las comunicaciones instantáneas. Hasta que nos quedamos tirados en un aeropuerto perdido o sin cobertura en medio de la nada.

La crisis que padecemos (o nos limitamos a contemplar estupefactos) desde hace años, debería servir para replantearnos nuestro lugar en el mundo y el tiempo -efímero- que disponemos en préstamo. Pero no parece que eso esté sucediendo. Estamos demasiado ocupados bajando la cuesta como locos.

La estética existencial (1) podría ser el hilo que nos ayude a orientarnos en el laberinto(2). Y la ética el hilo que nos mantenga unidos a otros en una búsqueda común.

Sabemos poco del espacio y menos aún del tiempo. Confundimos el espacio con la cinta métrica y el tiempo con el reloj. ¿Por qué dijo Heráclito que “nadie se baña dos veces en el mismo río”? Porque el río pertenece al tiempo. Y lo más importante del tiempo es que fluye siempre en un sentido.

Y ¿que hace el espacio mientras el tiempo fluye? (3) El espacio no está quieto mucho tiempo. Ni vacío. No le dejamos detenerse, porque tenemos vértigo al vacío. Pero es muy importante desocupar el espacio, silenciarlo, desenmarañarlo, des-encubrirlo. O como decía Oteiza, encantarlo, convirtiéndolo en sagrado. Puede hacerse, sin necesidad de sacerdotes profesionales. Hemos sido diseñados para ello y nacemos preparados, cuando somos arrojados a ese río espacio-temporal que es la vida. Sólo hay que reaprenderlo.

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Varias entradas de este blog están estrechamente emparentadas con el espacio-tiempo.

Ver las más relacionadas con el espacio. O con el tiempo.

Y casi todas, se relacionan con ello indirectamente.
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(1) Ver Estética existencial.
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(2) Ver Laberinto, Minotauro y Ariadna.

(3) Ver Csikszentmihalyi: Fluidez.

Ver también:

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