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El Procusto controlador que llevamos dentro

procustoProcusto fue mesonero en la mitología de la antigua Grecia. Tenía una manía que le dio fama entre sus vecinos como controlador, avasallador y recortadorestirador. Motivos no les faltaban.

Cada vez que llegaba un viajero, Procusto le invitaba a descansar en una cama muy particular. Y cuando viajero dormía, corregía cualquier diferencia que hubiera entre el tamaño de la cama y el del huésped. Si la cama era pequeña, le cortaba las piernas o la cabeza. Si la cama le quedaba grande, le estiraba los miembros a medida. Así los clientes siempre se ajustaban a la norma y, en todo caso, nadie llegaba a quejarse de no haber dormido a pierna suelta.

Los griegos no creían en sus dioses como los judíos y más tarde los cristianos y musulmanes. Pero sí creían que sus historias tenían mucho que enseñarles acerca de la vida real. No sé si sospecharon que esas historias seguirían hablándonos a los humanos veinticinco siglos después.

En la cultura actual, se nombra a Procusto para referirse a una forma abusiva de razonar, ajustando los hechos a las ideas, en vez de ajustar las ideas a los hechos, como debería hacerse.

La posada de Procusto tiene varias entradas. La más usual es el miedo. Quien está presa del miedo, se ve sometido a una situación que no comprende y se le escapa de las manos, es probable que excluya de la conciencia todo lo que en ese momento no juzga esencial. Eso es malo. Porque en situaciones nuevas y complejas, lo importante puede estar en conexiones(1) o posibilidades que no resultan evidentes. Por eso hay que estar siempre alerta. Abrir bien los ojos (o al menos uno). Pero si uno se pone orejeras, negando posibilidades(2), se convierte en su propio Procusto.

En una situación entre depredador y presa, las dos partes implicadas caen en manos de Procusto. Los depredadores tienen ojos frontales para centrarse en la persecución de la víctima. Es decir, “para comerte mejor”.  Así los tenemos los tiburones, los lobos y los humanos. En cambio, la mayor parte de los peces, vacas y otros rumiantes tienen sus ojos a los lados, para estar siempre alerta de las amenazas que provengan de su entorno. En cuanto se inicia la persecución, el depredador ya no ve más que a su presa y la víctima ya no piensa más que en huir de su perseguidor. Ninguno de los dos ve nada más. Su percepción se estrecha terrible y peligrosamente. Cualquiera de los dos pueden caer fácilmente en una trampa, porque ambos corren cegados(3).

No me importa saber si Procusto es un mito o vivió realmente en la antigüedad. Lo que me importa es que, hoy mismo, Procusto está vivo en los estúpidos henchidos de poder que hacen daño a las personas que se salen de sus estrechas ideas o no alcanzan a colmar sus delirios de grandeza(4).

____
(1) Ver Conexiones: elementos de sentido.

(2) Acerca de las posibilidades negadas, ver Wolfang Iser: el acto de leer.

(3) Acerca del papel de Procusto en el cerebro, ver La extraña pareja que se disputa mi cerebro.

Acerca de la estrechez de miras en una situación de persecución o enfrentamiento, ver Sun Tzu: aprovechar lo negativo.

141008 Madrid con traje anti-ebola(4) El 6/10/14 se produjo en España el primer contagio de Ébola. El médico que atendió a la persona infectada, se quejó de que el traje especial de protección que le suministraron, no llegaba a taparle las muñecas. El responsable político de la sanidad en Madrid, explicó ante los medios de comunicación, que no es que el traje fuera pequeño, sino que el médico era demasiado grande.

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