filosofía

Física cuántica y estética existencial

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El gato de Schrödinger

¿En qué se parecen la física cuántica y la estética existencial? Ambas nos parecen tan extrañas porque chocan con el sentido común. Se rigen por leyes paradójicas y aparentemente absurdas; para explicarlas en palabras hay que utilizar metáforas como la del gato de  Schrödinger que está vivo y muerto al mismo tiempo. Para llegar a entender la experiencia estética (lo mismo que para entender la física cuántica) deberíamos desaprender algunas cosas que damos por supuestas.

La estética existencial que exploramos en este blog, es un tipo de comunicación entre seres humanos y su entorno; especialmente en situaciones nuevas que suceden a personas o en situaciones provocadas por ellas en la creación artística. Estos fenómenos parecen responder a reglas extrañas, contrarias a la lógica y al sentido común. Así, los conceptos que conocemos como opuestos antagónicos, se confunden(1). El espacio se convierte en tiempo y viceversa(2). Lo más cerrado se confunde con lo más abierto. Lo nuevo se nos transforma en rutina, e inversamente, lo más rutinario nos abre la percepción a lo nuevo. Estéticamente el bien y el mal se confunden; la belleza, la fealdad o el error resultan igualmente valiosos. Lo verdadero y lo falso se confunde; pues, estéticamente, lo importante es que algo pueda ser vivido como auténtico. La realidad y la ilusión se confunden. Los personajes cobran vida en la mente de su autor (y en la del lector), hasta el punto de que un novelista puede sentir que está escribiendo al dictado de su personaje. El objeto-pasivo y el sujeto-activo se confunden, porque ambos parecen ser parte de un mismo ser. El tiempo parece detenerse o bien acelerarse.

Todas estas cosas suceden -claro está- en la imaginación. Aunque la imaginación no está reducida a la visualización de imágenes mentales; nuestra mente es capaz de imaginar situaciones para las que no tenemos palabras. En todo caso son fenómenos que suceden en la mente como consecuencia de la actividad de nuestro cerebro. El cerebro humano es uno de nuestros mayores desconocidos. Colocado en un frasco de la sala de autopsias no parece gran cosa, pero sí parece una cosa. Sin embargo, cuando está vivo, constituye una estructura más compleja que la de todos los seres vivos que habitan este planeta. Ochenta y cinco mil millones de neuronas comunicándose entre sí, muchas de ellas simultáneamente, con reglas demasiado complejas para formularlas (3).

Cuando he leído el libro de Hawkins El Gran Diseño (4) que trata de la física cuántica, me he llevado una gran sorpresa: las cosas tan extrañas que relata, me sonaban familiares. Se parecían demasiado a lo que había venido oyendo a algunos artistas o estudiosos del arte. Pero me di cuenta de que hay una razón para tal parecido. La física cuántica trata de las relaciones entre partículas elementales, más pequeñas que un átomo, que se mueven a velocidades casi tan altas como la luz. En cambio, las reglas del mundo físico que hemos aprendido desde que teníamos un año cuando empezamos a jugar con pelotitas y chupetes, tienen poco que ver con las que rigen a tamaños tan pequeños y velocidades tan grandes. Veamos las principales:

Leyes cuánticas

1) En el mundo cuántico, no se da la dualidad y la exclusión de términos opuestos, que nos resultan tan familiares. Las partículas subatómicas se comportan como si fueran cosas (partículas) y simultáneamente como si fueran ondas producidas al arrojar una piedra en un estanque. Al moverse, las partículas se mueven en grupo como si se comunicasen entre ellas(5); o como si, al ponerse a la vez en movimiento, su fundiesen en un mismo ser colectivo.

2) Principio de incertidumbre de Heisenberg (1926). Cuanto mejor se conoce la posición de una partícula, más incierta es su velocidad; y viceversa. En consecuencia, las leyes de la naturaleza determinan  probabilidades futuras y -lo que es aún más sorprendente- con diversos pasados posibles. Cada partícula puede encontrarse en cualquier punto del universo, pero no de hecho, sino como una probabilidad de estar en cada lugar. Para Fengman es como si las partículas tomasen -a la vez- todos los caminos posibles entre los puntos inicial y final de un recorrido. Imaginaos que al tirar un dado diese siempre los 6 valores.

3) Al observar un sistema se modifica su curso. Esta ley rompe con la posibilidad de estudiar una realidad objetiva independiente del observador(6). Y aún más desconcertante: las observaciones del presente no sólo afectan al futuro del sistema: afectan también a su pasado. Como consecuencia, el universo no tiene una historia única.

Sabemos muy poco de las leyes que rigen la comunicación simultánea entre millones de neuronas,  o entre partículas que se mueven interactuando a la velocidad de la luz. Sabemos que en ambos casos, tales leyes desafían el sentido común y la lógica y la filosofía construida durante dos mil años. Todos estos modelos teóricos se basaban en la experiencia cotidiana con cosas que se relacionan físicamente de una en una, como cuando usamos una palanca para levantar un peso, golpeamos un objeto con un martillo o lo cortamos con un cuchillo. Las leyes de Newton explican todas las situaciones que podemos vivir con objetos que tenemos a mano, hasta el tamaño de un edificio o una pirámide. Esa experiencia cotidiana con las cosas, ha sido siempre la medida que hemos usado para entenderlo todo. Incluidas la creencia de que éramos el centro del universo: de las estrellas que giraban a nuestro alrededor y de los dioses que controlaban nuestro destino.

Los fenómenos que nos resultan extraños porque suceden en situaciones límite(7), más allá del horizonte de nuestra experiencia cotidiana, fueron secuestrados a lo largo de los siglos por los sacerdotes de las diversas religiones. Los artistas que estaban preparados para investigar la metafísica de la vida real, estuvieron sometidos a férreos controles para asegurar que se limitaban a ilustrar la belleza de las propuestas eclesiásticas y la fealdad y el horror de quien osase discutirlas o pensar en libertad. Por eso hoy en día no basta con aprender. Tendríamos que ser capaces de desaprender, en el sentido de abrir un hueco en la maraña de férreas convenciones que confundimos con la realidad.

En 1962 Heidegger escribió: “Puede que haya llegado a ser perentorio un pensar que se halle forzado a cavilar sobre aquello de donde reciben su determinación incluso las pinturas y la poesía y la teoría físico-matemática recién mentadas”. (Heidegger: Tiempo y ser, conferencia 1962)(8).

___
(1) Ver Unidad de los contrarios.

(2) Ver Espacio y tiempo.

(3) Ver La red neuronal de nuestro cerebro

(4) Hawkins: El Gran Diseño. Cap 3. Qué es la realidad. Leer en español

(5) Ver Lenguaje: el otro como instrumento.

(6) Ver Sujeto y objeto.

(7) Ver Jaspers: La situación límite.

(8) Ver El sentido del ser.

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2 thoughts on “Física cuántica y estética existencial

  1. JOHOMAN MOLANO MOLINA dice:

    Para comprender la física cuántica debemos saber que hay una gran diferencia entre realidad como campo infinito de probabilidades y percepción de la realidad, que es el lugar que habitamos comunmente. Tenemos diversos traductores de energía, llamados también sentidos, através de los cuales filtramos la información proveniente del medio, esta perturbación generada en el sistema mente-cuerpo crea una transformación; pero la trasformación generada es producida por la estructura del sistema, no por el estimulo. Con un ejemplo me hago entender, la opresión de la tecla no crea el sonido en la grabadora, es su estructura la que crea la música; la opresión, como cualquier estímulo, solo gatilla una de las muchas posibilidades inherentes a la estructura; la radiación electromagnética crea una perturbación en la retina, pero no es la luz la que crea el cambio, sino que la luz despierta una condición de posibilidad ya intrínseca a la estructura; inclusive la longitud de onda no siempre establece la cromaticidad del color; en ciertas condiciones, una longitud de onda que es percibida como blanca, puede observarse de otro color. la física cuántica nos enseña que la relación sujeto-objeto epistemológicamente hablando es imposible, ya que cuando el observador utiliza intención y atención crea una perturbación espacio tiempo, haciendo de la onda una partícula, creando un mundo materializado por medio del condicionamiento cultural interiorizado en procesos de socialización. En resumidas cuentas, el observador influye en lo observado.

    • Muchas gracias, Yohoman, por tu aportación. Tan sólo, permíteme un observación acerca de la relación sujeto-objeto. En mi opinión, los experimentos en mecánica cuántica no ponen en cuestión la relación sujeto-objeto, ni ninguna otra relación. Sólo confirman lo que por el pensamiento filosófico y por la experiencia existencial ya sabíamos de antiguo: Que en ciertas situaciones, sujeto y objeto no se relacionan como entes independientes, sino como un todo indisoluble. Dicho de otro modo, que en tales casos, la relación parece ser más sustancial que el sujeto y el objeto, considerados por separado. En estos problemas -harto difusos- se centra este blog; y por ello te agradezco que te hayas involucrado.

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