filosofía

Aborto es sagrado

Ayer tres mujeres interrumpieron al ministro de Justicia, al grito de “¡Aborto es sagrado!“. Eran activistas del movimiento Femen, que vienen manifestándose en diversos países en topless. Esta vez lo hicieron en el Congreso de Diputados de España. Resistieron dos minutos. Al reanudarse la sesión, el ministro, perteneciente a la mayoría de derechas que gobierna en España, dijo que el de ellas era un “un grito imposible de entender”. Intentaré a ayudarle en tal empeño.

Tras ser puestas en libertad con cargos por el juez, las activistas explicaron que usaron su propio cuerpo como instrumento político, porque molesta al poder, en contraste con el uso publicitario y sexista que suele hacerse de él. De hecho, parece que sus pechos desnudos, más que el tema de su denuncia, han hecho posible que su acción pudiera verse en todo el mundo, lo que demuestra la sabiduría del dicho: “Tiran más seis tetas que seis carretas” (1)

Sólo me referiré al aborto para afirmar el derecho de toda mujer a decidir la interrupción de su embarazo al no ser deseado. La Iglesia católica se opone en cualquier circunstancia, porque afirma dogmáticamente que un óvulo fecundado por un espermatozoide es un ser humano dotado de un alma inmortal; y que, por tanto, interrumpir su desarrollo es un asesinato. Esto equivale a decir que “la vida del feto es sagrada”. Y extienden su argumento para condenar el uso de preservativos incluso como prevención del SIDA, o sea, “el semen es sagrado”, como ya cantaron los Monty Python en su película “El sentido de la vida”.

Lo que me lleva directamente al tema de este post: el ser sagrado. ¿Qué es sagrado? Y lo más difícil:  ¿Hay cosas más sagradas que otras?  Para algunos, una vida humana es muy sagrada antes de nacer, y menos sagrada una vez nacidos, especialmente cuando se trata de negros, inmigrantes, mujeres o simplemente pobres.

Yendo por partes. En el habla corriente, decir que algo es sagrado es como decir: “eso, ni tocar”; o “ahí, ni pisar”. Hasta hace poco, un pecho de mujer era sagrado para quien no fuese su marido o su médico. Tocar algo sagrado, no es que no se pueda, es que no se debe. Pero ¿por qué? ¿Porque lo dice un letrero: “No pisar el césped”?, ¿porque alguien dice que lo dice Dios? No; porque lo digo yo. O sea, porque es es sagrado para mí.

En mi opinión, lo sagrado es una categoría estética. Algo muy serio, pero que sucede en nuestra mente; es decir, como resultado del funcionamiento de nuestro cerebro. Sucede con lo sagrado como con tantas otras cosas de nuestra alma mortal, apropiada por la Iglesia que gestiona y controla cada religión; y que, con el argumento de que es inmortal, les pertenece. Lo sagrado, creo yo, es una situación, un espacio, un tiempo o un silencio, que uno experimenta como sagrados. Que pueden estar vacíos; y que suelen estar vacíos. El espacio interior de una iglesia es más sagrado cuando está vacío. Aunque no es imprescindible. Y una llanura, un valle, el mar, un despeñadero y un bosque.

Todas esas situaciones facilitan a los humanos recogerse, dejar sus armas, herramientas y sus pensamientos racionales a un lado, para encontrarse consigo mismo (o con Dios o sus antepasados que habitan en su mente); aún estando en silencio y, especialmente, en silencio. Los lugares de culto de las religiones se construyen en lugares sagrados. No al revés. Quienes los construyen no crean lo sagrado, sino que lo reconocen. A un pastorcillo se le aparece la Virgen y le dice: “Levantadme aquí una capilla”. O sea: el pastorcillo ha “hablado con la virgen” porque se encontraba en un lugar y un tiempo sagrados para él. Lo sagrado es lo que a uno facilita encontrar su lugar en el universo, impregnándose de lo que habitualmente es invisible e impensable.

Desde la antigüedad los humanos han sabido reconocer los espacios sagrados. En Grecia es fácil reconocer varios de ellos: La acrópolis de Atenas, desde donde tierra y mar desaparecen para dejar a la vista sólo el cielo. Delfos, donde sientes que el futuro podría caérsete encima como las rocas que amenazan desde lo alto protegiendo el templo de Apolo y a su célebre adivina. Olimpia, que parece el jardín del Edén donde las guerras debían detenerse para celebrar competiciones atléticas protegidas por Zeus. Todos los lugares del mundo y todas las culturas tienen sus espacios sagrados colectivos. Y todas las personas pueden tener sus espacios sagrados personales y compartibles. Con respeto. Lo sagrado es lo trascendente que se reconoce y por eso se respeta. O debería respetarse. Pero esto, como todo lo importante debe ser correspondido.

El problema es cuando varias personas se ponen de acuerdo para declarar un lugar sagrado, hincan su bandera o su cruz proclamando: “A partir de ahora, esto nos pertenece en exclusiva. Nosotros diremos quién entra y bajo qué condiciones”. El Poder ha hablado. ¡Saquen fuera a esas chicas que han osado enseñar sus tetas gritando algo imposible de entender..!

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(1) Para una mirada más divertida, leer a David Torres en  “Tiran más seis tetas

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2 thoughts on “Aborto es sagrado

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