contrarios

Verdadero y falso

Magritte_no es una pipaVerdadero y falso son los valores opuestos y excluyentes en que se funda la ciencia de la Lógica. Pero en el dominio de la Estética esos valores no se excluyen. La pipa de Magritte es verdadera y falsa a la vez. Y la leyenda insertada en la pintura -“Esto no es una pipa”- también es verdadera y falsa. El arte es esencialmente paradójico. Y la experiencia estética, aún más. Como la vida.

Estéticamente, se creyó durante siglos que el valor de una obra de arte se medía por su belleza. Pero en el siglo XX esta creencia se ha vuelto insostenible(1). En vez de apoyarse en la verdad, el arte se apoya en muchos casos en lo verosimil. Es decir, en que el contenido sea creíble como posibilidad imaginada. Ser creíble es más que ser verosímil. Tiene que ver con una cierta complicidad del espectador con el autor. Con su confianza. La sensación de estar compartiendo un espacio, habitándolo, o acompañando al autor en un viaje. A esto suele llamársele autenticidad. Don Quijote y Ulises son auténticos como personajes, aunque no hayan existido más que en la imaginación del autor y de sus lectores. Estéticamente tiene sentido decir: “si no es verdad está bien traído“; porque la veracidad de lo relatado importa menos que lo que ayuda a comprender la situación donde el relato ha sido traído a colación (2).

lichtungPara Heidegger, desde su concepción existencialista, la verdad es la aletheia, esto es el desocultamiento o “desencubrimiento del ser (…) como la visión de la forma o perfil de lo que es verdaderamente, pero que se halla oculto por el velo de la apariencia” (3).

Podría parecer que el valor de una obra de arte sea el sentido (4). Pero es que la obra de arte misma no es lo importante. Buscar el sentido de la obra de arte carece de sentido. Hasta en una obra de arte absurda, carente de sentido, se puede encontrar un sentido al contemplarla. En la relación entre el autor y su obra también está presente el espectador posible. Y en el encuentro del espectador con la obra de arte está implícitamente presente el autor, aunque haya muerto o nos sea desconocido. Por eso, el sentido, lo que en este blog llamo -con Oteiza- la pregnancia (5) pertenece a la estética existencial, es decir a la situación concreta en que se reúnen -aunque sea de forma implícita o imaginaria, el autor, su obra y el espectador(6).

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la verdad, como algo demostrable? ¿No serán  elucubraciones místicas?

El acorralamiento de la lógica en el siglo XX
Russell_joven
La Lógica ya no es lo que era. Desde Aristóteles sabíamos que A no puede ser no-A. Y nada puede ser a la vez verdadero y falso. Este principio infundía tanta seguridad, que los filósofos primero, y los matemáticos luego,  se dispusieron a construir un edificio de la Lógica que llegase hasta el cielo. Pero en 1902 Bertrand Russell encontró un diablillo agazapado en la teoría lógico-matemática que Godel se disponía a publicar. Y aquella pretenciosa torre de Babel se desplomó(7).

Todo el siglo XX ha estado marcado por posturas enfrentadas acerca de lo que “de verdad” importa: de una parte, el neopositivismo del Círculo de Viena, que reducía el conocimiento a la verdad demostrable por las ciencias empíricas y el cálculo lógico. Y de otra, el existencialismo, centrado en la existencia y el sentido de cada situación concreta.

Karl Popper estuvo próximo al positivismo, pero también lo críticó. En 1932 estableció su criterio de demarcación, para delimitar el ámbito de la verdad científica a los enunciados que puedan ser refutados. Esto le permitió distinguir entre tres mundos: el físico, el social y el subjetivo. El mundo físico estaría formado por las entidades sobre las que se pueden elaborar enunciados verdaderos (bajo la condición de ser refutables). El mundo social, por las relaciones interpersonales en las que el valor relevante es la rectitud. Y el mundo subjetivo, por las vivencias individuales, donde el criterio es la veracidad. Esto hace de Popper uno de los precursores de la teoría de marcos(8).

Así pues, en el primer tercio del siglo XX, la verdad lógica o racional, tan valorada por el neopositivismo, quedó acorralada en un marco por las paradojas (Russell 1902) y en otro marco, aún más estrecho, por el criterio de refutabilidad (Popper 1932)

SpockEsa reducción drástica del ámbito de la verdad no mató a la lógica. Al contrario, la lógica se abrió en canal. Resultó que entre “verdadero” y “falso” (entre 0 y 1) se abría un espacio vacío muy fecundo. En 1955, la Lógica difusa (9) empezó a utilizar valores que pueden ser a la vez verdaderos y falsos. Por ejemplo, verdadero en un 30% y falso en un 70% (verdadero 0,3 y falso 0,6). Gracias a ese carácter difuso, que no confuso, los automóviles derrapan menos en las curvas, los trenes se detienen suavemente en la estación y un dron puede bailar en el aire, llevando una escoba encima en equilibrio.

La verdad en el siglo XXI
A pesar de esos embates que ha sufrido la verdad racional en el pasado siglo, siempre habrá personas inasequibles al desaliento, convencidas de que lo blanco es blanco y lo negro negro. En el primer sexto de este siglo XXI, corrupto y despiadado, distinguir lo verdadero de lo falso se ha vuelto tan difícil, que los líderes políticos han tenido que convertirse en pensadores(10).

No sabemos lo que pasará dentro de unos años. Sólo que habrá que seguir pensando. El que pueda…

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(1) Ver Belleza y fealdad.
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(2) Ver Contando historias.
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(3) Ver Lichtung: el claro del bosque.
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(4) Ver El sentido del ser.
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(5) Ver Pregnancia: más allá de la Gestalt.

(6) Ver Wolfang Iser: el acto de leer.
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(7) Ver Paradojas: Se acabaron las alegres y confiadas mañanas.

(8) Ver Goffman: marcos de referencia.
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(9) Ver Un poco de lógica… borrosa, por favor.

Rajoy_todo_falso(10) Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno España, ha aportado una clave del pensamiento actual:  Todo es falso, salvo algunas cosas que han publicado los periódicos. Con estas tranquilizadoras palabras (pueden encontrarse en YouTube) los españoles ya podemos vivir tranquilos.

Para lo verdadero y falso en la vida real, ver Viviendo “como si…”.

Acerca de lo efímero de la experiencia estética, ver El salto metafísico.

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