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¡No es lo mismo!

¿Es lo mismo la tríada de Hegel que una película de Hollywood? Depende del punto de vista.

Hace años seguí un curso de doctorado sobre Trascendencia, dirigido por un prestigioso y venerable jesuíta. Éramos 12 alumnos: 5 monjas y 6 frailes, todos teólogos  menos yo. Y cometí una imprudencia.

El profesor recorría los grandes filósofos que habían escrito sobre la trascendencia(1), cuando citó una frase de Hegel: “El hombre conoce a Dios; el hombre pierde a Dios; el hombre recupera a Dios“. Era uno de los enunciados de la famosa tríada hegeliana(2), formada por los tres momentos dialécticos, más conocido como “tesis, antítesis y síntesis“.

Levanté el dedo y con el mayor seriedad dije: -¿Esto es como cuando en Hollywood dicen “Chico encuentra chica, chico pierde chica, chico recupera chica”?

Un silencio helado cayó sobre la clase. Los demás alumnos ni giraron la cabeza. Nadie pestañeó. Empecé a pensar cómo me dirigiría a la puerta sin perder la poca dignidad que me quedara, cuando fuese expulsado de aquel templo del saber por la ignominia de haber comparado a Dios con una “chica”.

Transcurrió un tiempo que me pareció eterno y, entonces, como un trueno que crece desde la lejanía, oí que el profesor proclamaba: -“¡No es lo mismo!”

Hízose de nuevo el silencio. Pero  sentí que el profesor había realizado un exorcismo y que el mundo empezaba lentamente a girar de nuevo. La clase prosiguió.

Han pasado los años. El sabio jesuita falleció y me lo imagino en el cielo explicando  la trascendencia a un grupo de ángeles. Si coincidiera que fuesen los mismos en que se inspiró Wim Wenders para realizar las películas “El cielo sobre Berlín” y   “¡Tan lejos, tan cerca!” (3), podría suceder que, al llegar a la cita de Hegel, esos ángeles impregnados de sentimientos humanos, le hagan la misma pregunta que yo. Y entonces tronará y el cielo se helará con la sentencia: “¡No es lo mismo!

En cuanto a mí, continúa mi vida perecedera. Y sigo esperando que alguien me explique por qué “no es lo mismo”. Creía entonces, y sigo creyendo ahora, que existe una pauta que conecta(4) las situaciones religiosa y amorosa; y que Hegel sabía que hay un salto tan trascendente o metafísico, en la pérdida y reencuentro con el ser amado, como pueda haberlo en la pérdida y reencuentro con Dios.

En otro post he analizado los tres momentos de la dialéctica hegeliana que aparecen en el acto de magia o ilusionismo. Como allí se ve, lo importante es comprender la naturaleza del cambio que se produce entre el momento segundo y el tercero. Es un cambio de contexto, por ruptura del marco anterior y la creación de un nuevo marco, enriquecido por los contenidos del anterior. El nuevo marco confiere un sentido distinto al contenido. Y lo que no es lo mismo, es que un chico y una chica se conozcan, y que, tras la crisis, se reencuentren y se amen. Es como haber entrado en una nueva dimensión. Si antes había dos personas; ahora hay dos personas más un nuevo ser formado por ambos (5). Se ha creado algo que antes no existía: una pareja y, eventualmente, una familia. En esto creo que consiste el salto metafísico y existencial.

La vida sigue y en este blog continúo explorando conexiones(6) invisibles entre situaciones trascendentes, pregnantes, mágicas, estéticas o como quiera que cada uno las llame. Aunque ahora ya sabéis por qué sentiré un temblor procedente de la nube, si recibo un comentario a este post que diga: “¡No es lo mismo!”.

*PD 12/5/14: Leo que el filósofo alemán de origen coreano Byung Chul Han, escribe que Hegel no se refería en su dialéctica al poder, como varios filósofos han mantenido, sino al amor. He vuelto a imaginarme aquella brevísima discusión con el viejo teólogo jesuita, esta vez con Han replicándole: Sí es lo mismo ¡Se trata del Amor! (6).

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(1) Ver El salto metafísico.
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(2) Ver La tríada hegeliana.
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(3) Ver Tan lejos y tan cerca.
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(4) Ver Gregory Bateson: La pauta que conecta.

modelo mental pareja(5) En lengua vasca, para decir “fulano y yo” se dice “fulano ta biok“, que en sentido literal significa “fulano y los dos“. Es como si se aludiera a una sustancia formada por la pareja, distinta de la agrupación de dos personas. Y existe en vasco otra expresión aún más clara, la despedida a otra persona o  grupo: “elkar ikusiko dugu” (“nos veremos”), literalmente: “veremos a elkar“, o sea, veremos al ser colectivo que constituímos nosotros.

No creo que en la realidad existan sustancias colectivas, sino que una conexión es algo tan sustancial o más que cada una de las partes que se conectan. Y que aún en las relaciones(7) que no son en principio conexiones, el cerebro humano construye esas un modelo mediante conexiones entre sus neuronas, en el que incluye personajes individuales, sucesos y relaciones como si fueran personajes colectivos.

Acerca de la trascendencia en la magia y en cualquier espectáculo de ficción ver El acto de magia: el Prestigio.
Ver también El acto de leer.
.

(5) Ver Conexiones que tienen sentido.
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(6) Ver Negatividad fecunda acerca de la potencialidad creadora de la negatividad en diversos ámbitos y su tratamiento desde el pensamiento.

Ver también:  Confiar en alguien, acerca del valor de la impregnación afectiva en la creación de espacios compartidos.

(7) Ver Relación y conexión, dos conceptos que no deben confundirse.

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