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Viviendo “como si…”

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Un guerrillero desmovilizado, al ser preguntado qué hacía ahora, en su nueva vida, contestó: -“Hago como que hago”. Se refería probablemente a que su vida actual, como ciudadano normal, la sentía como una mera apariencia de vida; en contraposición con su vida anterior, que había sido la auténtica (1). Ese sentimiento de desencanto que lleva a percibirse a sí mismo como viviendo una ficción, no lo tienen sólo quienes han pasado por alguna experiencia épica.

El mundo actual funciona a menudo como una trituradora del alma, que nos transforma en mercancías de hipermercado, donde vamos pasando de estantería en estantería, destacando a veces; y, a la larga, relegados, para terminar caducados en un contenedor de basura. Nos vamos convirtiendo en cosas. Y es natural, porque somos tratados como cosas y nosotros tratamos también a otros como cosas. Utilizamos las cosas mientras nos sirven y luego las tiramos. Lo mismo hacemos con otras personas(2); y otros lo hacen con nosotros.

Para escapar a esa cosificación hay que atreverse a imaginarlo. O soñarlo y proponerse realizarlo, como Luther King: -“Yo aún tengo un sueño” y me propongo hacerlo realidad. La imaginación, la creatividad, el arte, una novela, una película, una música, nos ayudan a abrir los ojos y descubrir la posibilidad de encontrar un sentido a la vida. De encontrarnos a nosotros mismos. De abrir un hueco para ser encontrado por otro o por otros. El arte, la experiencia estética, nos brida instantáneamente esa posibilidad. Pero eso puede convertirse en un apaño.

Muchos necesitados de cambiar su miserable destino, se contentan con cambiarlo a ratos. El mundo actual ofrece muchas maneras de hacerlo:  yéndose de fiesta, de vacaciones, imaginando qué harían si les tocase la lotería o jugando a enamorarse. Para eso sirve también la televisión y el fútbol espectáculo. Casi todos los humanos firmamos una condena de por vida, a cambio de vivir a ratos una apariencia de vida extraordinaria. No escapamos del todo; sabemos de antemano que esa vida más “auténtica” sólo durará una hora, un fin de semana o un verano. Es una suspensión de las reglas opresivas, que ya sucedía en la fiesta medieval y aún antes. Pero ahora es un modo de vida. Hoy lo extraordinario es tan falso como la vida cotidiana. Se vive como auténtico, pero sólo de manera efímera. Uno no se enamora de su ligue ocasional –sólo vive un rato como si estuviese enamorado.

Es la versión consumista de la estética existencial. Estética, pero no como preparación para una vida auténtica, sino como lifting, como adorno o alivio del stress antes de volver al agujero del vacío existencial(3).

La experiencia estética siempre consiste en vivir lo imaginario como si fuese real. En eso consiste su magia. Pero lo extraordinario, dura poco. Es más, debe durar poco(4).

ballena_saltoEs como una ballena que se asoma fuera del agua a respirar; pero debe volver inmediatamente a su medio acuático. Los humanos podemos dar el salto metafísico, pero enseguida debemos volver a pisar tierra. La cuestión está en la reentrada: si volvemos enriquecidos o con resaca. Y en qué “daños colaterales” hemos provocado durante la excursión.

La pregnancia(5), el valor de la experiencia estética, significa involucrarse, comprometerse, entregarse. De la experiencia estética podemos regresar siendo mucho mejores o peores. De la magia podemos volver convertidos en hadas o en brujas: en buenas personas o en seres despiadados(6).

Porque siempre se vuelve de Nunca-Jamás. Pero se puede volver más preparado para encontrar lo nuevo que se oculta tras lo evidente. Para encontrarlo y para ser encontrado y para involucrarse en ese encuentro. En caso contrario, se vuelve con la “resaca del lunes”. Se pierde la oportunidad. O se niega, como irreal y poco práctica. Si esa oportunidad nos la negamos(7), la perderemos, probablemente para siempre. Quienes han convertido la magia en un apaño (8), vuelven de Nunca-Jamás  un poco más endurecidos(9).

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(1) Años después, aquel hombre formó una familia y rehizo su vida. Con el transcurso del tiempo empezó a vivir su nueva vida como real. Y un día se sorprendió sintiendo que los recuerdos de su pasado le parecían proceder de escenas que hubiera presenciado en el cine, pero cuyos hechos no le habían sucedido a él. “Sabía” que había sido real, pero ahora le parecía una ficción. O, más claro, un delirio.

(2) En 2013 un matrimonio español que había adoptado una niña china, fueron encarcelados por haberla asesinado, supuestamente porque la niña “les estorbaba” para iniciar una nueva vida. La habían adoptado recién nacida y ahora tenía trece años. La madre era abogado y el padre periodista. Hace seis años salieron los tres en televisión en un reportaje en el que la madre  explicaba a otras parejas que pensasen adoptar, la responsabilidad que se asume como padres para toda la vida. Los españoles siguen conmocionados por algo que no alcanzan a comprender. No queremos ver hacia dónde nos hemos ido deslizando día a día; y ahora estamos empezando a cosechar los frutos.

(3) Ver Viktor Frankl: en busca del sentido.

(4) Ver El salto metafísico.
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(5) Ver Ley de la Pregnancia de la Gestalt.

– Y también: Pregnancia: más allá de la Gestalt.

(6) Acerca de la magia “blanca” o negra” ver La magia.

(6) Acerca de la magia “blanca” o negra” ver La magia.

– Ver también Richard Albee: Tres mujeres altas.

– Y Diferenciar el bien del mal.
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(7) Acerca de la negación de las propias vivencias, ver En busca del No.

(8) La modalidad inversa de este “vivir-como-si” la he encontrado en otro blog. En un comentario sobre el ateísmo, una mujer admite que tiene asumida la existencia de Dios y continúa: “Yo siempre he vivido como si [Dios] existiera”. Esto no es un apaño, sino vivir realmente la vida, enriquecida por una experiencia estética de Dios. Pero entonces, ¿dónde se encuentra la frontera entre la realidad y el delirio? No estoy seguro. Ver Y si no hay Dios ¿qué hacemos?.

(9) Esta historia continúa en: Wendy, amor imposible.

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5 thoughts on “Viviendo “como si…”

  1. Oye, hermano, esto lo he estado viviendo cada minuto de mis últimas décadas con una intensidad terrible. Voy a releer y a buscar todas estas aventuras recién descubiertas; pero antes, voy a reenviarlas a mis difuntos amigos y a los que aún patalean. Tú lúcida locura contagiará a muchos. Abracísimos.

  2. La cosificación más descarnada de personas y experiencias vitales la reflejó -¡cómo no!- un anuncio de Ikea que decía: “Redecora tu vida. Ten un hijo”. Los padres adoptivos de la niña china siguieron el consejo de Ikea. Pero pasados 13 años se imponía una nueva remodelación del mobiliario…incluida la niña. Un abogado defensor de película americana usaría el anuncio para conseguir alguna eximente para esos padres ofuscados por la publicidad.

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