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Estancamiento: lo negativo paralizante

Todo lo que fluye se estanca o si no encuentra un cauce se dispersa. ¿No será el sopor, la apatía de la autosatisfacción, el mal que precede a otros males?

En el fluir mismo está la posibilidad del atasco. Y no sólo la posibilidad, sino su realidad. El atasco de una arteria principal suele suponer la muerte. Pero las arterias siempre están atascadas parcialmente por la grasa que se acumula progresivamente en sus orillas. El exceso de positividad acaba impidiendo el movimiento.

Lo negativo del cauce -su vacío- es lo que hace posible el movimiento. Pero la negación de ese vacío, es la obstrucción que conduce a la parálisis y la muerte. Esto es lo irrecuperablemente negativo.

El cauce
En unos casos lo que fluye lo hace a trompicones; en otros, en suave transición entre acelerones y paradas. Pero fluye. Hay una relación, una conexión íntima entre fluencia y estancamiento. El cauce es el marco en que ambos juegan, pues un marco es donde se decide lo abierto y lo cerrado, y donde juega cualquier libertad. Donde no hay cauce, lo que fluye se dispersa. Y cuando el cauce se va estrechando por acumulación de desechos, como ocurre con los cauces de nuestros ríos, sólo cabe esperar una riada y la destrucción que trae consigo. Pero ¿qué es lo hace que se acumule toda esa porquería? Lo mismo que nos lleva a acumularla en cualquier cauce: el desentendernos; el mirar para otro lado. Negar la posibilidad, en estos casos, la amenaza.

Sentido del flujo
La fluidez tiene un sentido obvio: el sentido de la corriente. No siempre tiene un fin o un origen. Si lo buscamos, deberemos contemplar el flujo junto con su contrario, el atasco. El atasco no tiene más sentido que el de ser la negación del flujo. Cuando lo positivo se independiza de lo negativo, haciéndose absoluto, separado de toda fluidez, se acabó. No es un final, simplemente es la inexistencia.

Uno de los aspectos de la vida-con la muerte, es esta relación de fluencia-atasco. La vida de un individuo tiene un comienzo y fluye sin detenerse definitivamente, hasta que un día se detiene del todo. Es decir, fluye en el tiempo y el espacio por diversos cauces o precipitándose por algún abismo, atascándose relativamente o relativamente fluyendo en los más diversos aspectos. Ese es su sentido básico, vital.

¿Sentido del flujo de la vida o coherencia?
Los humanos educados en Occidente solemos empeñarnos en comprender que nuestra vida tiene sentido. Aunque mi amiga Maite dice que, para ella, la vida es el sentido.

Quizás estamos constreñidos por el relato dramático acerca de nuestros orígenes que se repite de mil formas diferentes sin dejar de ser el mismo: 1) partida de un origen ideal, 2) peregrinaje entre tribulaciones y dolor, 3) final feliz de salvación-liberación.

Los cristianos, musulmanes y judíos encuentran ese sentido en un plan que su Dios habría establecido para ellos.

Los ateos y agnósticos solemos buscar, casi siempre sin ayuda espiritual, el sentido de nuestra vida en particular: no tanto el saber cuál es el sentido de mi vida, sino el comprender que mi vida tiene algún sentido. La tiene aquí y ahora cuando experimento que tiene trascendencia, cuando siento que es valioso para alguien que me importa. Y ¿cómo puedo verificar que ese sentimiento no es un producto delirante de mi imaginación? Por el brillo de su mirada(1).

Para los humanos educados en la cultura china, el sentido y la búsqueda de sentido no han solido representar un problema. Para ellos es más importante la coherencia, la armonía de su vida consigo misma y con otras vidas y procesos naturales. Esa forma de ver el universo no es incompatible con la de occidente, pero es más difícil para un occidental, constreñido al marco de unos conocimientos a priori (2). Las cosas que damos por sentadas y que aceptamos sin haber pensado nunca en ellas(3).

Para Byun-Chul Han, el filósofo coreano doctorado en Alemania sobre Heidegger, afirma que el exceso de positividad en la actual sociedad neoliberal, la búsqueda del éxito por encima de todo y el narcisismo que conlleva, conduce al fracaso y a la depresión(4).

El estancamiento como fuente de otros males
Frente al relato mítico del mal como desobediencia a mandamientos divinos, hay otra mirada desde la estética pero que puede ser pensada. El sentido de la vida estaría en la coherencia de procesos que pueden ser reconocidos y de alguna manera comprendidos sin palabras. Si todo está relacionado, más aún que las cosas lo están los procesos. Al involucrarnos enriquecemos esa conexión. Al desentendernos nos empobrecemos.

Quizás acudimos a los museos para encontrar satisfacción viendo cosas bonitas. Pero en ese caso, estamos equivocados. El arte existe para impregnarnos, emocionarnos, es decir, movernos, motivarnos. Abandonar nuestro aislamiento. Atrevernos a arriesgarnos, a meter la pata y a decir alguna que otra inconveniencia.

Si, por el contrario, lo hacemos cada vez menos, si no probamos nada nuevo, si arriesgamos cada vez menos, nuestro marco de vida se irá estrechando, nos iremos quedando sin aire, paralizándonos, incapaces de ver no sólo lo invisible sino hasta lo evidente porque no encaja en las cuatro cosas que  hace tiempo decidimos que eran las únicas que nos interesaban. Eso es, nos convertiremos en muertos vivientes.

JoniMitchel300

Pero, aún en lo más oscuro -y precisamente en lo más oscuro- amanece. El vacío existencial, en una situación límite y sin salida, nos ofrece siempre una posibilidad, pues estamos tocando el límite, nos encontramos en la frontera, que podemos traspasar con la imaginación -esto es trascenderlo– buscar alguien al otro lado, o imaginar que existe alguien que me puede estar esperando (aunque no sepa todavía quién pueda ser). Ésta es la cuestión fundamental de la fe, también para un ateo, que hemos aprendido de Auschwitz gracias a Viktor Frankl.(5)

_____
(1) El brillo de la mirada, como prueba de sentido, lo aprendí en la fascinante charla de Benjamin Zander. Ver El sentido de ser director de orquesta

(2) Los conocimientos a priori son, según Kant, independientes de nuestra experiencia.

(4) Ver El vacío y sus mil caras.

(3) François Jullien: La sombra del cuadro. Del mal y lo negativo. Ed. Seuil 2004, Arena, 2009. Cap 12. Transgresión o fijación.

(5) Ver Viktor Frankl: En busca del sentido.

Ver también:

Acerca de las mil formas de la misma historia: ver ¡No es lo mismo!

De cómo todo está relacionado, trata La relación y también Unidad de los contrarios

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3 thoughts on “Estancamiento: lo negativo paralizante

    • Gracias. Para el lector que lo desconozca, los malagueños han erigido una escultura con este nombre -“Todo fluye”- ¿homenaje a Heráclito? en el centro de su ciudad.

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