situación

Un punto de apoyo

Cuando Arquímedes exclamó: “¡Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo!” se refería a la utilidad de una palanca. Pero también para cambiar nuestra existencia necesitamos un punto de apoyo. Y lo más sorprendente es que ni siquiera hace falta que sea real.

Puesto que las personas existimos socialmente, el punto de apoyo para mover nuestro mundo suele ser otra persona. Por eso los casos más llamativos tienen que ver con el amor. Pero las consecuencias de “cambiar el mundo”  no sólo construyen, también destruyen. Como descubrió Lady Diana de Gales al pronunciar su famosa frase “Tres son multitud”, presagiando el efecto devastador que sobre su mundo y su vida tendría el romance de su marido Carlos. En este caso, la otra mujer existía realmente. Fue un caso típico en que una segunda relación destruye el matrimonio. Pero a veces basta con que esa relación sea posible sin llegar a ser real.

triangulo2Conozco un caso en que esa nueva relación ni siquiera fue real. Un hombre casado, que llevaba mal su matrimonio, conoció a otra mujer y se enamoró intensamente, aunque ella le dijo en seguida que no estaba enamorada de él y que nunca lo estaría. Era una relación imposible, no correspondida, que sólo existía en la imaginación de uno de los dos. Pero desde ese momento, él empezó a ver su matrimonio como si lo viera desde fuera y lo encontró ajeno, carente de sentido y como perteneciente al pasado (sobrepasado(1) por la reciente experiencia). La paradoja era que él sabía que si rompía su matrimonio no habría nadie esperándole. Pero también sabía que ya no podría continuar como antes, porque el amor que ahora sentía, aún siendo un amor desgraciado, era auténtico; y le había cambiado. Ahora, veía todo a su alrededor de otra manera: el mundo le parecía más amplio y poblado, aunque terriblemente inhóspito. Pero él no estaba dispuesto a renunciar a esa capacidad de amar y a la necesidad de ser amado que acababa de descubrir. No quería renunciar a una vida auténtica, aunque aún no supiera con quién, ni si llegaría un día en que pudiese compartirla con alguien.(2)

Así que, en este caso, un amor imposible fue el punto de apoyo donde poner pie más allá del marco que le tenía aprisionado. Un punto desde el que ver su mundo y verse a sí mismo desde fuera. Su amor fue un error; pero error que le puso en un estado de apertura a la posibilidad de rehacer su vida(3).

El marco que nos guía suele permanecer invisible
Cualquier relación social, sea entre dos personas o entre varios millones, tiene lugar en un marco(4) -un escenario- que suele estar definido por conjuntos de reglas compartidas. Esas reglas son explícitas en relaciones que se han institucionalizado, en forma de matrimonio o del Estado, por ejemplo. Pero también existen sobreentendidas en cualquier relación, incluso en la más informal.

Las reglas que definen el marco de una relación no mandan lo que hay que hacer, sino lo que está excluido. Dibujan la línea que separa las posibilidades, de las posibilidades-negadas por la relación. Esto es, delimitan el borde de la escena -su horizonte- que, a veces, es el borde del abismo. De lo que no se ve, de lo que no se habla y de lo que desde dentro del marco resulta impensable(5).

El punto de vista externo que hace visible el marco
Como muchos otros, un prisionero de la guerra civil española encontró ese punto de apoyo porque estaba enamorado. Le gustaba dibujar, y dibujó la cárcel en que se encontraba, pero vista desde el cielo. Aunque él no podía ver el tejado desde dentro de su celda, se imaginó cómo se vería desde afuera. Es decir, como lo vería él mismo, si atravesase la ventana enrejada y saliese volando como un pájaro. Al visualizar desde fuera la cárcel en que se encontraba aprisionado, construyó mentalmente la posibilidad de encontrarse un día con la mujer que amaba. Esto le dio fuerzas para resistir hasta el día de su liberación.

Viktor Frankl cuenta una historia parecida pero con un final trágico. Estando prisionero en Auschwitz, la época que precedió a su liberación por los aliados, fue especialmente dura para los reclusos. Porque, por un lado, crecía la esperanza de la cercana libertad. Pero era una esperanza extremadamente frágil, por la angustia de no llegar vivo a ese día. “Una noche de febrero de 1945 otro prisionero soñó con una voz que le anunciaba que la guerra terminaría para él el próximo 30 de marzo. Durante las siguientes semanas este hombre estaba rebosante de esperanza, convencido de la veracidad del oráculo de la voz. Sin embargo, a medida que se acercaba el día prometido, las noticias que recibíamos de la guerra menguaban las esperanzas de ser liberados en la fecha indicada. El 29 de marzo, aquel hombre cayó enfermo con una fiebre muy alta. El 31 de marzo falleció. Aparentemente murió de tifus.  (…) La causa última de su muerte fue la honda decepción que le produjo no ser liberado en el día señalado. Sus defensas disminuyeron dejándole a merced de la enfermedad que él, como casi todos en el campo padecían. (…) Después de todo, la voz de sus sueños se hizo realidad”(6).

La búsqueda del sentido como inteligencia espiritual
La historia sucedida en Auschwitz, y en general todo lo que cuenta en su libro Viktor Frankl, se refiere al sentido de la propia existencia, que cada persona necesita buscar y encontrar por sí mismo. Siendo él cristiano, sabía que los creyentes tienen más fácil encontrar ese punto de apoyo, esa referencia externa, en el Dios en cuya existencia creen. En general, algo que aprendió en Auschwitz, fue que un prisionero al borde de la desesperación, para encontrar un motivo para seguir viviendo, necesita una de dos cosas: una persona que le espere fuera o bien una tarea por completar. Creo que lo que a él le sirvió fue la posibilidad -y la necesidad- de transmitir a otros lo que había aprendido en aquella situación límite. La tarea que le mantuvo con vida fue la de escribir su libro “El hombre en busca del sentido” y ayudar a otras personas en esa búsqueda personal, tarea a la que dedicó el resto de su vida.

En las historias de amor y desamor a que me he referido arriba, el punto de apoyo capaz de mover el mundo y dar sentido a la existencia individual, era otra persona. Para algunos, especialmente afortunados, esa persona es real y su amor es correspondido. Pero el mayor misterio es que, aunque esa persona no exista, aunque sea imaginaria, lo importante es amar y haber amado. Porque “ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido” (7).

Más allá de la inteligencia, la sabiduría
Entiendo que las ideas expuestas aquí acerca del marco y del punto de apoyo exterior como fuente de sentido, son especialmente relevantes para afrontar los problemas de la existencia humana en sus relaciones sociales. Pero su campo de aplicación desborda los problemas existenciales. Porque de lo que estamos hablando es de las conexiones(8) entre los seres no sólo reales sino posibles, que construimos en nuestra mente.

Vamos a ver dos casos en que la introducción de un objeto inexistente permite resolver un problema aparentemente insoluble. El primero es el caso del falso camello. El segundo, el problema de los 9 puntos.

El falso camello
Un hombre dejó en herencia  sus camellos a repartir entre sus tres hijos de la siguiente forma: la mitad para el mayor, la cuarta parte para el segundo y un sexto para el más pequeño. Al hacerse el reparto sólo quedaban 11 camellos, por lo que el reparto no podía hacerse sin descuartizar a algún de ellos.  Al mayor le correspondían 5 camellos y medio, al mediano 2 camellos y tres cuartos; y al pequeño, un camello y cuatro quintos.

12_camellos

Ninguno de los hermanos quería ceder a otro una parte de su herencia ni tampoco aceptaba un trozo de camello. Entonces pidieron consejo a un viejo sabio, que les dijo: “Yo os presto un camello. Hacéis el reparto y me lo devolvéis”. Los hermanos no entendieron cómo iban a poder devolver el préstamo, pero hicieron lo que les decía: el mayor tomó su mitad (6 camellos), el mediano tomó su cuarta parte (3 camellos) y el pequeño su sexta parte (2 camellos), tal como el testamento especificaba. Entonces vieron con sorpresa que sobraba un camello, justamente el que les había prestado el viejo. ¿Cuál era el misterio? Tal vez aún sigan sin entenderlo.

El problema de dividir los camellos por 6, 4 y 2 y que el resultado dé camellos enteros, sólo puede resolverse cuando hay 12 camellos (ó 24 ó 36…). Siendo 11 camellos, había que añadir uno para poder hacer la división sin tener que dividir a ningún camello. Pero el camello que se necesitaba para la operación no necesita ser real, basta con hacerle un sitio. El camello imaginario (9) hace posible mantener con vida a todos los camellos reales.  En otras palabras: hay que ampliar el marco antes de aplicar la regla. Porque, como me dijo un gitano: “la vista necesita expansión”.

El problema de los 9 puntos
Ver la explicación acerca del problema de los 9 puntos (10). Consiste en dibujar, sin levantar el lápiz, 4 líneas rectas que pasen por los 9 puntos. La solución sólo es posible cuando ampliamos el marco aparente del problema, dejando espacio para otra fila y otra columna de puntos. Al ampliar ese marco, estamos creando la posibilidad de nuevos objetos, de nuevos puntos de vista y de nuevas operaciones.

Lo mismo puede describirse a la inversa: al agregar un objeto externo (aunque sólo sea imaginario) estamos ampliando el marco y, por tanto, la aplicación de reglas, que antes eran incompatibles, ahora se vuelven compatibles. En el caso de los camellos, esas reglas eran: a) las tres operaciones de división y b) que los resultados sean enteros. En el caso de los 9 puntos, las reglas son: a) que las líneas cubran todos los puntos y b) que no se empleen más de cuatro líneas. En un marco de 11 camellos, esas reglas no se pueden cumplir; en un marco de 12, sí. En un espacio limitado a 3×3 objetos tampoco se pueden cumplir; pero en un espacio ampliado de 4×4, sí.

El arte encara estos problemas
El arte amplía el marco de una situación. Crea objetos virtuales, personajes virtuales y relaciones virtuales que, al funcionar como-si-fueran reales, hacen que las reglas que se aplican tengan otros resultados. El arte crea espacios imaginarios en los que podrían suceder cosas nuevas o se pueden encontrar soluciones nuevas a problemas existentes. El arte facilita que sus espectadores compartan espacios, objetos, personajes, sucesos y relaciones imaginarias con el artista y entre ellos y con los seres -reales o no- que tienen en la mente, aprendiendo a ver de otra manera, con horizontes más amplios, la realidad que nunca deja de transformarse.

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(1) Este término “sobrepasado” es utilizado por W. Iser en El acto de leer: “Hacer presentes las normas del propio entorno social como ellas mismas son (vistas desde fuera) abre la posibilidad de adquirir conciencia de en dónde se está aprisionado. (…) Ahora se le ofrece al lector lo conocido como sobrepasado” (p.322). Sin embargo, en el ejemplo citado más arriba, me refiero a una experiencia realmente vivida por alguien y no a un texto de ficción. Y lo que se experimenta en ambas situaciones significa lo mismo: que lo que se vivía como presente, empieza ahora a ser vivido como historia pasada.

(2) El lector se preguntará cómo terminó esta historia. En este mismo post digo que V. Frankl(6) aprendió que para encontrar un motivo para seguir viviendo en situaciones límite, se necesita una de dos cosas: o una persona que le espere fuera o bien una tarea por completar. El hombre que rompió su matrimonio, y al que nadie esperaba “fuera”, se embarcó acto seguido en una aventura loca, que le obligaba a cambiar de trabajo y de ciudad. A su alrededor le decían que aquélla era una tarea imposible, y al final resultó así. Pero en esa nueva situación conoció a la mujer con la que al fin pudo ser feliz. Es una paradoja dentro de otra paradoja. Pero a veces estas cosas suceden suceden también en realidad y no sólo en las novelas.

(3) Este caso es lo mismo, pero al revés, del mito de la Dama de Anboto que va En busca del No, de quienes se niegan a sí mismos.

(4) Acerca del marco, ver Goffman: marcos de referencia.

(5) ¿Por qué hay osas que resultan impensables? Ver Lo impensado.

(6) Viktor Frankl: El hombre en busca del sentido, 1946 (trad. español Herder 1979 pág 99-100). Ver Viktor Frankl: en busca del sentido.

(7) Poema de Rainer Maria Rilke, citado por Viktor Frankl: El hombre en busca del sentido, 1946 (trad. español Herder 1979 pág 106)

(8) Ver Conexiones dotadas de sentido.
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(9) Un camello imaginario basta para cambiar el contexto. Esto mismo hizo el Papa Francisco el 29/7/2013, cuando creó un gay imaginario. Ver el Papa Francisco y los gays.

(10) Ver el Problema de los 9 puntos.

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Ver también Resiliencia ¿despiadada?.

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2 thoughts on “Un punto de apoyo

  1. “Una golondrina sí hace verano” plantea Jorge Oteiza. Y estas miguitas que vas dejando ¡claro que sacuden al soñoliento y al agreste, josé luis “sacarnos del ensimismamiento en que nos hallamos metidos” es uno de los logros de tu blog, es una bomba de tiempo fructificante. Muchas gracias

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