El origen de la magia en el niño

bebe8mesesDamas y caballeros, ¡con ustedes el mago más joven del mundo! A la edad de 8 meses puede hacer desaparecer cualquier objeto. Y con sólo su mirada encantadora, hacerlo regresar del más allá. Ningún chimpancé ni otro primate han logrado jamás una hazaña semejante. Esta criatura dará que hablar. Porque, con este primer acto de magia, está declarando su identidad humana.

Pregnancia
En esta magia no hay palabras. Sólo gestos y emoción. El niño se involucra en un juego que es nada menos que la primera paradoja(1) a la que se enfrenta. Logrará superarla cambiando el terreno de juego, como un ilusionista. Así implicará a su ayudante, que es el adulto que tiene delante. Exhibe ante él sus mejores encantos: su mirada y su sonrisa. Aún no es capaz de pronunciar palabras, pero ya parece que esté diciendo: “porfa, ayúdame, tú puedes”.

O ni siquiera eso. Lo que comunica, cabría en una sola palabra: –¿Qué?

Esta palabra que no llega a pronunciar es la pregunta. La que ningún padre ni abuela puede dejar sin respuesta. Con esa pregunta, el adulto es investido por el niño de un poder trascendental. El adulto se involucra también en el juego, aunque no siempre es capaz de entenderlo.

Un vacío trascendente
Para el niño no se trata de un osito que ha caído al suelo. Al arrojarlo, ha desaparecido de su vista y ha dejado de existir algo que le importa mucho. Pero no se olvida de él, como hacía cuando era más pequeño. O como lo olvidaría si fuera un chimpancé.  Le queda su vacío, su ausencia cargada de emociones. Y el niño mantiene expectante su conexión con ese vacío. La ausencia sigue estando muy presente y le conduce a los demás.

Detengámonos en este instante crucial. El niño carece de inteligencia objetiva, pero la suple con inteligencia social. Y lo hace iniciando un diálogo con el adulto: no sabe hablar pero ya sabe preguntar. ¿Cómo es posible?

Porque necesita ayuda. Si el adulto le falla, en pocos segundos su sonrisa se convertirá en llanto, porque se ha quedado solo con un vacío irreemplazable. Angustiado, porque lo habrá perdido todo: su osito y alguien en quien confiar.

Por suerte para el niño, es muy difícil que el adulto no le ayude. Los adultos estamos programados para responder a la petición de auxilio de un bebé. El vacío dejado por el osito es ahora un vacío compartido por el niño y el adulto. El niño va a encontrar respuesta y la historia su final feliz.

Emerge lo específico humano
Llegados aquí, un lector pude interrumpirme, recordándome que un niño de 8 meses no entiende nada de vacíos, ni de trascendencia, ni de metafísica. Pero no lo necesita, porque su ADN humano le dota de una inteligencia emocional y social que ninguna otra especie alcanza.

Si fuese una cría de chimpancé u orangután de su misma edad, se llevaría el osito a la boca, y al darse cuenta de que no es de comer, lo abandonaría, sin interesarse más por él. Pero este niño es humano y siente una fuerte curiosidad porque le ha sucedido algo importante y dramático: la pérdida de lo que quiere. Sin haber leído a Viktor Frankl, tiene ahora una tarea pendiente y confía en que alguien le está esperando para recuperar lo perdido (2).

Está probando su capacidad humana de enfrentarse a lo nuevo con la creatividad de un científico o un artista y sabe más acerca del más allá que un teólogo; y de la trascendencia del ser, más que un filósofo. Lo sabe estéticamente, sin palabras, sólo con sensaciones, percepciones, emociones y empatía. Otros homininos resolvieron el mismo problema cientos de miles de años antes que él y se lo legaron en herencia, en forma de estructuras cerebrales.bebe8m

Creación y transmisión del sentido
El niño ha efectuado un acto ejecutivo al arrojar el osito lejos de sí, fuera de su campo visual. Lo que no sabe es que apenas lo ha desplazado. Desde su punto de vista, ya no existe; y siente su pérdida. No sabe lo que es un osito; pero sí sabe que le falta.

Desde el punto de vista del adulto, las cosas se ven de manera distinta. Él sabe que un oso de peluche es una cosa, que ahora está en el suelo porque el niño lo ha tirado. Pero sabe también -y esto es lo importante, que el niño le necesita a él y que le está pidiendo ayuda. Sólo en su mano está el hacerle feliz. Esto le confiere un poder extraordinario. Debería sentirse importante e involucrado. Igual que el niño, ahora tiene una misión que cumplir y alguien que le está esperando (2).

Articulando posibilidades
Durante los siete meses anteriores, desde su nacimiento, el niño ha estado relacionado con sus cuidadores, con su propio cuerpo y con objetos a su alcance como el chupete y el peluche. Ha aprendido a chupar el chupete y el dedo gordo de su pie. Pero ¿hay alguna diferencia para él? Dónde termina su cuerpo y empieza el mundo exterior, es algo que tendrá que aprender. Y para ello cuenta con ventajas biológicas superiores a cualquier otro animal: la curiosidad y la relación con los adultos: la inteligencia social.

La curiosidad le lleva a interesarse por cosas y situaciones que no sirven para comer o beber: se interesa por cosas inútiles. Algo que nunca haría una cría de chimpancé u orangután.

Y ahora, en la parte frontal de su cerebro está sucediendo algo muy extraño. Una misma relación se ha desdoblado en dos: por un lado está con-el-osito y por el otro está sin-el-osito. En tal extraña situación, el niño involucra al adulto como intermediario entre él y el osito. O mejor dicho, entre él y la ausencia del osito.

El triángulo
Visto desde fuera, hay tres relaciones: Niño-osito, niño-adulto, adulto-osito.
Desde el punto de vista del niño hay tres situaciones: con-osito, sin-osito y con-adulto.

Después de arrojar el osito, el niño mira al adulto y espera que éste resuelva el problema de su desaparición. Esto no es específicamente humano. Me cuenta María que su gato Lolo se sienta ante ella a la hora de comer y la mira fijamente hasta que ella se levanta para poner comida en el cuenco vacío. ¿Es el mismo caso del niño que estamos viendo?

La principal diferencia es que en el caso de Lolo se trata de comida: que es una parte de su existencia.
La segunda diferencia es que el niño ha tirado el juguete y lo volverá a hacer cien veces seguidas, hasta que el adulto esté agotado. Está jugando, y también aprendiendo a controlar la existencia o no-existencia de un objeto que no se come, haciéndolo desaparecer y reaparecer cuantas veces quiera, mientras el adulto aguante.

bebe_padre1Tres relaciones
Veamos estas relaciones. Ya he escrito en otro post (3), que las relaciones son más importantes que las cosas, porque pueden existir no solo entre personas y/o cosas, sino entre posibilidades. El niño tiene una relación con su osito, al que luego lanza fuera de su campo de visión. Pero aunque lo pierde, no rompe esta relación, porque ahora la mantiene con el vacío que  ha dejado (4) y que ahora enmarca la posibilidad de que el osito vuelva a aparecer. La posibilidad es tanto una oportunidad (de recuperarlo), como una amenaza (de no volver a verlo).

Así que el niño establece una segunda relación, social, con el adulto, al que implícitamente pide ayuda. Lo que ha sucedido a la situación que está viviendo el niño, es que el marco de su relación con el osito no se ha perdido, sino que se ha ampliado (ha trascendido socialmente) para incluir al adulto en una relación de comunicación que es asimismo de creación compartida.

La doble relación del adulto
El adulto ve la situación de manera muy distinta al niño, porque la ve objetivamente. Es decir, que observa al niño con su osito y luego ve cómo el niño arroja el osito al suelo y éste cae a sus pies. Desde ese punto de vista, la situación carece de misterio. Él no ve ningún vacío trascendental: sólo un osito arrojado al suelo. Tampoco lo veía Piaget (5), cuando en 1977 describió este proceso con el positivismo de un científico, observando a sus tres hijos desde fuera (sin involucrarse). Lo que vio lo consideró importante, pero no misterioso ni trascendental. Le llamó “Cuarto estadio en el desarrollo de la inteligencia”. Escribió que el niño en esta fase empieza a coordinar esquemas que venía experimentando hasta entonces por separado.

Pero un adulto, sea Piaget o cualquier otro, no sólo ve esta situación objetivamente. También cuenta su amor por el niño y, aunque no se tratase de su propio hijo, la empatía o compasión ante una criatura adorable. En el adulto juegan dos mundos muy distintos, el racional y el emocional. Y en la situación que ahora está viviendo, esos dos mundos se suman, no se contradicen ni se viven como una paradoja. Ambos comparten el mismo sentido de completar la misión: recoger el osito y llenar el vacío dejado en el niño, haciéndole feliz. Nunca nada tan grande fue tan sencillo de realizar. Así que eso es lo que hace este padre, sin plantearse el sentido último de la situación.

Resumiendo: vacíos trascendentes sólo pueden verlos los artistas y los aficionados que han desarrollado (o mantenido) su capacidad estética de inmersión en el mundo del arte, y algunos creyentes en la mística de su religión. Pero hay situaciones que aún a los adultos afectan emocionalmente hasta el punto de impregnarse en ella y compartir su experiencia estética. El amor crea situaciones así. También el compromiso compartido en tareas o misiones. Por eso digo que el niño es mago por naturaleza, y que además, convierte en magos a quienes le rodean (6).

La comunicación humana es creación
He intentado recrear la fuerte carga emocional que puede arrastrar algo aparentemente tan simple como este precoz juego al escondite, porque creo que la impregnación emocional asegura las condiciones necesarias al inicio de la comunicación humana. Lo que hace a mi juicio tan interesante este primordial caso de comunicación humana es que la relación de comunicación no está mediada por cosas, imágenes o palabras, como suele ser usual, sino por algo que faltaLo que une a padre e hijo en esa relación de comunicación en el primer momento, es ese vacío compartido. Un vacío vivido directamente por el niño, pero compartido emocionalmente por el adulto, gracias a su empatía con el niño. El padre le responde colmando ese vacío, esto es, haciendo realidad una de las posibilidades abiertas por el niño con su acción de deshacerse del osito. Precisamente la posibilidad que le hará feliz.

Ya tenemos así desplegada una historia completa. 1) El niño presenta algo que es conocido. 2) El niño abre (7) la situación a nuevas posibilidades creando una tensión en dos gestos consecutivos: a) crear un vacío -ausencia- arrojando el osito; b) convierte esa ausencia en socialmente trascendente, involucrando al padre. 3) el padre responde, realizando una de las posibilidades abiertas, llenar el vacío; lo que libera la tensión y cierra el episodio (que se repetirá mientras el adulto aguante).

Ese vacío trascendente, creador, que es capaz de abrir una criatura de 8 meses, sería la base del lenguaje humano y, con él, de la estética, el arte y la religión. En eso creo.

Fundamentos de este post

Debemos a Hegel (1810) la diálectica entre el Ser y la Nada.

A Husserl en 1913, la importancia de la experiencia aquí y ahora. Al existencialismo, la prevalencia del ente sobre el ser.

A Martin Heidegger, la prevalencia del sentido sobre el ser (1932) y la función del vacío (lichtung) en el comienzo del pensar (1968). Ver Lichtung: el claro del bosque

A Karl Jaspers en 1937, la posibilidad de trascender la situación que se abre en situaciones límite. Jaspers: La situación límite.

A Jorge Oteiza en 1958, el concepto de vacío metafísico en el arte. Ver Entrevista a Oteiza sobre ser estético y vacío trascendente.

A Niklas Luhmann en 1971, el concepto de sentido como base para la acción, en tanto que selección de posibilidades efectivas. (Jürgen Habermas y Niklas Luhmann: Teoría de la sociedad o tecnología social. Frankfurt 1971)

A Wolfgang Iser en 1976, la función de los espacios vacíos en la literatura de ficción. Ver Wolfgang Iser: el acto de leer.

A Jean Piaget en 1977, sus observaciones sobre el nacimiento de la inteligencia en el niño(5).

A Daniel Goleman por enseñarnos a todos la unión de dos conceptos cruciales: inteligencia y emoción en la inteligencia emocional. Y unos años después, la versión humana de la empatía en la inteligencia social.

Y a Houdini por su empeño en deslindar de la superchería, la magia como relación de comunicación. Este post tampoco habría podido escribirlo sin el estímulo recibido del ilusionista Iurgi, así como del niño Meteorito y de su abuelo Jorge Enrique, que me dieron ánimos desde el otro lado del Atlántico. Ver El acto de magia: el Prestigio.

Notas
(1) Es una paradoja pragmática (contradicción de situaciones, no de palabras). El niño quiere a su osito, pero lo arroja al abismo. Y, de inmediato, pide ayuda para recuperarlo. Es una pura contradicción. Unidad de los contrarios. Decide perderlo, pero sólo para asegurarse de que no lo va a perder. Ver más acerca de las paradojas.

(2) Viktor Frankl en 1946: para que la vida tenga sentido, hay tener una tarea que cumplir y alguien que te esté esperando. Ver Viktor Frankl: en busca del sentido.

(3) El caso del niño de 8 meses lanzador de cosas, es una fuente inagotable de enseñanzas. Ver La relación.

(4) Aún los más escépticos ante el concepto de vacío trascendente (o metafísico), entienden lo que significa que la muerte o el alejamiento de un ser querido “nos dejan un vacío“. Todo el problema del duelo tras un fallecimiento o una ruptura amorosa, consiste en la manera de relacionarse con ese vacío. Negarlo no lleva a nada bueno. Hay que comenzar por aceptar el duelo. Aprender a gestionarlo en el tiempo hasta superarlo; esto suele decirse: “llenar el vacío”. Requiere tiempo. Pero aún es peor cuando ha habido alguien responsable de la pérdida del ser querido. Entonces, los allegados pueden quedar atrapados en la condición de víctimas. En tales casos el vacío se convierte en un infierno.

(5) Jean Piaget: El nacimiento de la inteligencia en el niño (1977). Traducción española Ed. Crítica 2011. Capítulo 4, pág. 279. “El cuarto estadio: La coordinación de los esquemas secundarios y su aplicación a las nuevas situaciones”. Piaget describe este juego del niño de 8 meses; esencial para reconocer la persistencia del objeto, que sigue existiendo aunque no se vea. Es condición previa a la utilización de instrumentos y al habla.

(6) Ver El vacío y sus mil caras.
.

(7) Abrir y cerrar. Este proceso es una secuencia de dos partes: en la primera el niño abre un espacio de posibilidades (en realidad, sólo dos: la de que el osito reaparezca o que no). En la segunda, el padre lo cierra, haciendo realidad la primera opción. Todos los lenguajes son así (incluyendo la música, como lenguaje fabricado) Pregunta y respuesta, abrir posibilidades y cerrarlas. Ver Abierto y cerrado.

6 comentarios en “El origen de la magia en el niño

  1. Genial; me obliga a curiosear, a jugar, a contarle a todo el mundo que hay aún seres alegremente serios, que son cómplices del hada protectora de Pinocho y Gepetto, que viven en la magia de los pequeños detalles.

  2. Me encanta; “aprender de los niños” “hacerse como niños”; que aburrida es la vida sin un poco de magia!!! sobre todo como dice Jorge, la de los pequeños detalles.
    Eres un crack Jose Luis!! Tienes más magia de la que crees!!!

    1. Una razón del éxito del cristianismo, sería que su historia fundacional: Nacimiento, Muerte y Resurrección de Jesús, representa la estructura básica de la existencia humana y, como puedes comprobar, es comprensible desde la edad de 8 meses. Lo escribió Aristóteles, al explicar la catarsis, antes del inicio de nuestra era. Las religiones, y entre ellas el cristianismo, han incluido en sus tradiciones buena parte de la sabiduría humana prehistórica.

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