Pensamiento oriental

Budismo Zen y estética existencial

Sobrevivir en el mundo actual requiere abrirse paso entre una maraña. Me pregunto qué nos aporta el budismo zen a quienes hemos aprendido a pensar en el marco de pensamiento de occidente.

El budismo zen tiene su origen en las culturas budista y taoísta, ambas con una fuerte componente existencial. Subraya la unidad de todos los fenómenos; por eso representa una ayuda inestimable para comprender la unidad de los contrarios(1) y la negatividad fecunda, que constituyen un fundamento de la estética existencial, a cuyo análisis se dedica este blog.

El Zen nació como una reacción interna contra el budismo, que al institucionalizar y fijar por escrito sus enseñanzas, se había convertido en especialidad de sabios y eruditos, alejado de la vida real de las personas. Por ese motivo, la enseñanza zen no utiliza textos escritos. A la pregunta de cómo se vive de acuerdo con el Tao, un maestro zen respondió: –Cuando se tiene hambre se come y cuando se está cansado se duerme.

De este modo, no podría construir una teoría zen sin ir en contra de sus propios principios. La enseñanza verbal de los maestros zen consiste así en plantear a sus alumnos paradojas(2); problemas cuya reflexión conduce a callejones sin salida. De este modo, ponen de manifiesto lo paradójico de la existencia, ayudándoles a alcanzar la experiencia de la iluminación(3), en la que se vería la realidad sin artefactos intermedios.

Llegado a este punto, quiero dejar clara mi posición. Cuando uno aprende a pensar por su cuenta, la propia realidad se encarga de plantearle paradojas insolubles. Bertrand Russel no necesitó un maestro zen para descubrir las paradojas que colapsaron la teoría lógico-matemática de Gottlob Frege. En mi particular experiencia, aprendí directamente de las paradojas de la existencia, que no se puede servir al mismo tiempo al dios del amor y al de la guerra. En ese sentido, tener un maestro zen tiene la ventaja de que sólo te golpea con la vara; la realidad te pega mucho más fuerte.

Creo que enseñar a los jóvenes los límites y paradojas del pensar, sin enseñarles a la vez la importancia de pensar con claridad y las consecuencias de los errores, es peligroso. Porque tantos y peores disparates pueden cometerse dejándose llevar por el instinto, que siguiendo la razón con anteojeras.

Los seres humanos somos una contradicción caminando sobre dos patas. De un lado somos seres racionales y lógicos lo que nos da el poder de construir, pero también de destruir todo lo que se nos pone por delante. De otro lado, existimos como individuos  sensibles, imaginativos, esperanzados, compasivos y vengativos. Por un lado o por el otro, siempre acabamos perdiendo pie en algún abismo. Necesitamos de una tercera pata para mantener la estabilidad. Necesitamos la mediación de otro ser existente. Reconocer y ser reconocidos por otro. Amar a alguien que nos ame libremente. En eso creo.

Y ahora, volvamos al budismo zen, que tiene mucho que enseñarnos. He seleccionado algunas frases que han trascendido de la enseñanza oral de respetados maestros zen.

El recién nacido lo observa todo a lo largo del día sin parpadear. Esto se debe a que sus ojos no se fijan en ningún objeto en particular. Se funde con el medio y se mueve con él… Vuestro espíritu debe de ser como los ojos de un recién nacido que no busca el porqué de las cosas. (Chuang Tszé 575 ANE)

El objeto es un objeto para el sujeto, el sujeto es un sujeto para el objeto. El sujeto se calma en cuanto cesa el objeto, el objeto cesa en cuanto el sujeto se calma. (Seng Tsan 606 ANE)

Cuando el intelecto fracasa, queda el recurso a la imaginación que hunde sus raíces en la realidad. (ibid)

Cuando veo a los que se dicen discípulos de la verdad que, sin embargo, permanecen aferrados a los objetos, les golpeo. (…) Si confían en su elocuencia, les cierro la boca. (Lin Chi 867 ANE)

No sabiendo qué próxima está la verdad, las gentes la buscan lejos… ¡qué gran desgracia!  (Hakuin 1683-1768)

No ser estorbado por las cosas, no tener ningun pensamiento suscitado por las circunstancias exteriores de la vida, buenas o malas, eso es Zen. (Hui Neng 637-731)

Si decís “sí” recibireis treinta golpes. Si decís “no” recibireis también treinta golpes. (Te Chan) (4)

No llaméis a esto un bastón, porque entonces afirmáis; no digáis que esto no es un bastón, porque entonces negáis. Más allá de la afirmación y negación, ¡Hablad! ¡Hablad! (Tchu Tchan, s. X)

Donde no existen los nombres los creamos, y a causa de ellos nacen los juicios. Donde no hay teorías las construimos, y a causa de ellas surge la confusión. (Hui Ko 486-593)

Cuando el espíritu discrimina existe la multiplicidad de las cosas, pero cuando no discrimina percibe el verdadero estado de las cosas. (Lankavatara Sutra)

En cuanto establecéis el bien y el mal, surge la confusión y el espíritu se pierde. (Seng Tchan, -606).

El punto esencial es no considerar a las cosas como buenas o malas. (Hui Neng 637-731)

Desde el principio, ninguna cosa es… La realidad final está por encima de todas las categorías y, por consiguiente, fuera de lo pensable y lo atrapable. (Hui Neng 637-731)

El hombre es un ser pensante, pero sus más grandes obras las realiza cuando no piensa ni calcula. Hay que volver a ser como niños, mediante largos años de aprendizaje del arte de olvidarse de sí mismo. Cuando esto se ha conseguido, el hombre piensa y sin embargo no piensa. Piensa cómo la lluvia cae del cielo o las olas del océano rompen sobre las rocas; piensa cómo las estrellas iluminan el cielo nocturno o las hojas son arrastradas por la brisa primaveral. Ciertamente él es la lluvia, el océano, las estrellas y las hojas. (D. T. Suzuki)

Según las sentencias anteriores, todo intermediario entre el sujeto y la realidad es un obstáculo para su comprensión. Obstáculo mayor son las palabras cuando nombran las cosas; y aún mayores las afirmaciones y negaciones, todas las operaciones lógicas, como afirmar, negar, unir, separar y clasificar. Y los razonamientos que las emplean. ¿Tienen razón los maestros zen? Si, la tienen. Y no: no la tienen. Porque en estas sentencias, afirman, niegan y ponen nombres a las cosas. No podrían hablar sin hacerlo. Tienen razón cuando alertan de los peligros de la lógica y de confundir el pensamiento con la realidad. Pero no la tienen, cuando pretenden que se pueda vivir sin esas contradicciones que constituyen su condición humana.

Sin la lógica, sin el método deductivo y sin el método experimental, no existirían las ciencias, que son occidentales, porque sólo en occidente fue posible un pensamiento mínimamente libre del poder religioso y despótico. Pero esta ciencia no es “occidental”, sino patrimonio de toda la humanidad y aplicable en cualquier otro planeta, siempre que no sea demasiado diferente del nuestro. ¿Qué significa esto?

Las leyes de Newton se consideraron leyes generales de la mecánica durante siglos. Ahora sabemos que no son aplicables a objetos que se mueven a grandes velocidades, próximas a la luz. Tampoco a objetos tan pequeños como los que estudia la mecánica cuántica, donde hasta la noción de objeto se diluye. Es decir, las leyes de la ciencia -de cualquier ciencia- tienen un marco(5) de aplicación, fuera de cuyos límites se vuelven paradójicas.

Por otro lado -y así entramos en harina-  los científicos han hecho posible ampliar la duración de la vida humana y hacerla más cómoda, facilitando construir cosas y artefactos (incluidas armas de destrucción y aniquilación). Pero han tenido menos éxito en comprender y ayudar a resolver los problemas de las relaciones humanas, de la relación de los humanos con su entorno vital, con otros seres vivos y con el planeta de cuya existencia y equilibrio dependemos.

Esto no debe extrañar porque, como bien denuncian los maestros zen, el pensamiento, la razón y la lógica operan separando al sujeto de su objeto y a los objetos entre sí. Desmontan un reloj para estudiarlo, volverlo a montar y hacerlo funcionar. Eso está bien. Pero hay cosas que no se pueden desmontar, sin destruirlas para siempre. Un bebé, un árbol o un planeta no se pueden desmontar y reconstruir. En ciertas situaciones, la única lógica que sirve con ellos es la de los límites (6): no el saber lo que podemos hacer, sino lo que no debemos. El saber qué no hay que hacer, lo que no debemos tocar, lo que hemos de respetar. Esto es lógica negativa. Negativividad fecunda, como lo ha definido François Jullien(7).

Resumiendo, en la realidadad hay sustancias que se pueden separar y comprender como relaciones externas -de causa y efecto- y otras que no se puede y sobre todo no se debe. Los animales están diseñados para comprender las situaciones globlalmente. Y los humanos, que también somos animales, tenemos –además– una parte del cerebro diseñado para separar, afirmar, negar, clasificar y realizar operaciones lógicas. Somos humanos porque tenemos esas dos capacidades tan contradictorias como complementarias. Nacemos preparados para impregnarnos estéticamente en una situación. Y aprendemos luego también a distanciarnos de la realidad (y del otro) como observadores, utilizando instrumentos, símbolos y reglas. Así podemos llegar a comportarnos como artistas y como científicos, aunque no de ambas maneras en el mismo instante. (Y así podemos también ser  esquizofrénicos, bipolares, narcisistas o psicópatas).

En ciertas situaciones podemos y deberíamos comportarnos como artistas. Nacemos preparados para percibir lo nuevo y ver o imaginar lo que aún no existe. pero también aprendemos a usar y construir instrumentos y el más importante de ellos, la palabra. A partir de los diez años, nos hacemos tan hábiles con la palabra y el uso de la lógica que creemos -nos hacen creer- que eso es todo lo que necesitamos en la vida. Nos enseñan a “ser prácticos”. Y vamos perdiendo la capacidad creativa con la que habíamos nacido, aplastada por los conocimientos,  su clasificación y jerarquización. Quedamos apresados por una maraña de nombres, reglas y paradojas. Creo que tienen razón los maestros zen en denunciar esa situación, que atrapa especialmente a los humanos modernos.

Pero creo que no la tienen al despreciar la racionalidad, la lógica y la ciencia. Al hacerlo quedan ellos mismos atrapados en una paradoja:

“Desde el principio, ninguna cosa es… La realidad final está por encima de todas las categorías y, por consiguiente, fuera de lo pensable y lo atrapable”. (Hui Neng 637-731)

Si ninguna cosa es, tampoco puede serlo esta afirmación de Hui Neng. Incluso el nombre “Hui Neng” no significaría nada. Todos los pensamientos zen citados más arriba son válidos en el marco de la experiencia estética, pero no fuera de ella. A la iluminación zen son aplicables estas palabras que Jorge Oteiza dedicó a la metafísica:

“Su problemática desde lo humano es precisamente lo que de humano ponen todas las ciencias, por su provisional ingravidez, lo que hace de ella la más sensata y práctica de todas. Pues se apoya en la tierra, salta, vive un instante (el metafísico) no se puede quedar en el aire, es territorialmente inestable. No se puede hacer de la metafísica todo lo contrario de lo que es y para lo que sirve: es una iluminación orbital de comprobación instantánea para la conducta entera, que es donde ha sido propuesta.(8)

Esta frase no es muy clara, pero sí es muy precisa. Ni siquiera un escultor como Oteiza(9) o un pintor como Velázquez(10) habrían podido realizar sus obras sin salir del trance estético. El escultor necesita realizar cálculos sobre el volumen y la dureza del material; el pintor necesita clasificar y llevar a cabo operaciones lógicas para combinar colores al formar su paleta antes de comenzar a pintar.

Podría pensarse que la iluminación, el ideal del budismo zen, lo alcanza un hemipléjico derecho: quien ha sufrido un ictus (accidente vascular) en el lado izquierdo del cerebro y ha perdido el uso de la palabra y de la lógica. Por raro que parezca, hay al menos un caso de una paciente de ictus, que además era neuróloga y llegó a recuperar el habla años después. Ella contó lo que había experimentado en esa situación, y y que se había sentido en el Nirvana, en conexión y formando parte de todo lo existente(11).

Padecer una hemiplegia no es algo deseable. Pero podríamos aprender a desaprender, engañando por un rato a nuestra mente racional para que deje paso (desenmarañando) nuestro innato instinto creativo. Así, por un instante o un intervalo de tiempo, podríamos dejarnos llevar, creyéndonos parte del todo, implicándonos e impregnándonos con lo que nos rodea y con nuestros sueños, deseos y esperanzas,  perdiendo la noción de ser un sujeto separado. Aunque en seguida debemos seguir la recomendación de Oteiza y volver a tierra: a ser responsables, diferenciar el bien y el mal, la belleza y el horror, lo interno y lo externo, a mí mismo y a los demás. Todo esto es difícil de entender y más aún de llevar a la práctica. Sospecho que para ello se necesita toda una vida. Y una vez que lo has aprendido, ya puedes seguir viviendo o descansar en paz: otra bonita paradoja de nuestra condición humana.

_____
(1) Ver acerca de la Unidad de los contrarios en la lógica dialéctica.

(2) Ver Paradojas: Se acabaron las alegres y confiadas mañanas.

(3) También se alude a la iluminación como “cabalgar en el viento” (Chuang Tszé 575 ANE) Similar a la experiencia de flujo descrita entre los deportistas actuales. Ver Csikszentmihalyi: Fluidez.

(4) Porque negar algo es como afirmarlo.

(5) Todo lo que tiene sentido, lo tiene dentro de algún marco. Ver  Goffman: marcos de referencia.

(6) Sobre lo que podemos, pero no debemos hacer, ver Los límites.

(7) Negatividad fecunda: el valor oculto.

Ver otros posts acerca de Byung-Chul Han.

(8) Ver El salto metafísico en Oteiza: Ejercicios espirituales en un túnel, 2ª edición 1983, pág. 309 nota al pie.

(9) Ver acerca del pensador y escultor Jorge Oteiza.

(10) Sobre Velázquez, ver Las Meninas como caja metafísica.

(11) Dra. Jill Bolte Taylor. Su experiencia narrada en una conferencia TED, subtitulada en español:

Ver Conexiones, como elementos dotados de sentido.

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15 thoughts on “Budismo Zen y estética existencial

  1. Si “todo intermediario entre el sujeto y la realidad es un obstáculo para su comprensión”, ¿Debemos apartar la lectura de nuestras vidas?

    • Y en ese caso, no sólo deberíamos apartar la lectura, sino la palabra. O hablar sólo en poesía, o sin decir nada, como aconseja el maestro Tchu Tchan. Creo que estas cosas tienen sentido en la experiencia estética, la cual debe ser de corta duración para no volverse loco. Gracias por tu reflexión. He cambiado “es” por “sería” para evitar equívocos. Me doy cuenta de que anda suelta mucha palabrería new-age.

  2. Fantástico, Jose Luis… tocas en la diana de una de las cuestiones clave, no sólo de mi pensamiento, sino sobre todo, de mi experiencia vital. Aunque supongo que tratar de separar la una de la otra no tiene sentido: de algún modo se retroalimentan pensamiento y experiencia. Había leído la cita de Oteiza que mencionas al final y he de confesar que no la había entendido hasta leer este artículo, y me ha sido muy esclarecedora, de algo que de algún modo sabía sin saber, que ese es precisamente el “drama” de la experiencia estética… El verdadero Tao no puede ser nombrado, pero sin duda vivimos en un mundo concreto y que necesita muchas veces de nombres, y por tanto, encontrar ese equilibrio dinámico, esa armonía difícil, de mantener los ojos en lo alto y los pies en la tierra, sin duda es un reto. Pero al menos el comprender teóricamente, precisamente poniendo nombres, dicha paradoja, facilita la vida, porque encuentra una forma armónica de vivir la contradicción sin que sea insoportable. A veces me he preguntado si las palabras eran necesarias; si no sería más honesto y justo llegar al grado de Diógenes o del protagonista de la película “Into the wild” o aquellos sabios que siguieron la escondida senda del “beatus ille”… Pero al final creo que aquí entra la elección, aquella que mencionó Einstein, de si eliges vivir en un mundo hostil o amigable. Y por esta razón, al final creo que el verdadero “beatus” es el que consigue encontrar ese punto medio, y aprende a aceptar que incluso el no-ser, ego o las copias de Platón, también son, en la medida en que forman parte de la vida, y aceptarlas como parte nos permite armonizar mejor y, por tanto, encontrar la paz, aquella que precisamente buscan los ascetas, y a veces es a costa de perder el contacto con la vida…
    (No sé si se entiende mi comentario, pues lo he escrito atropelladamente, fascinada tras leer tu texto)

    • Vaya si se entiende bien tu comentario. Gracias por arriesgarte a escribir atropelladamente. Has enriquecido el texto inicial y me animas a seguir pensando: en ese punto medio que, si es una línea fronteriza, entonces somos animales fronterizos (o como dijo también Oteiza: “centauros fronterizos”).

  3. Ah, una última reflexión que me he hecho últimamente… y que va en la línea de una frase que he encontrado en este artículo y me ha hecho conectar con esta idea: ¿acaso precisamente Occidente necesite de poner nombres por su herencia histórica? ¿acaso no es que los nombres sean necesarios, sino que lo son para nosotros, dado que si los ignoramos o aprendemos a des-aprenderlos, en alguna medida lo que realmente estamos haciendo es “guardandolos en un cajón”, pero siguen ahí, y no podemos aniquilarlos? ¿acaso si no tenemos dios necesitamos un amigo, pero sea precisamente porque hemos heredado a un dios, al que por mucho que renunciemos ya le hemos domesticado (como el Principito)?

    • Espero que no sea tu última reflexión. Me parece más bien la primera de un camino aún sin construir. También me he hecho esas preguntas. Quizás todos esos nombres sean nombres de dioses y nunca serán aniquilados mientras quede algún ser humano. La cuestión, supongo, es cómo movernos entre ellos, sirviéndonos de apoyo unas veces, y otras sorteándolos.

    • Heráclito lo sabía, pero es una de esas cosas que tenemos olvidadas. Todo puede convertirse en su contrario. Lo bueno en malo, el amor en odio y a la inversa. En lo nuevo, los contrarios aún están unidos y no pueden distinguirse ni separarse (como el trigo y la cizaña de la parábola evangélica). Este blog gira en torno a ello. Mira la etiqueta “opuestos” (https://joseluis817.wordpress.com/tag/opuestos/). Gracias por poner tu dedo ahí.

  4. Si me permites, Madame Utopie, desde mi humilde y externo punto de vista, si has perdido el sentido quizá es porque estás en el camino: precisamente el encuentro con uno mismo y el sentido nace cuando primero se pierde, como hizo Descartes con la duda metódica. En ese espacio vacío es donde más cabe el infinito; y es en la oscuridad donde la luz brilla con más fuerza. Creo que no te estoy ayudando con esto, porque tú ya estabas en ese oxímoron casi laberíntico… al final para mí la paz me vino cuando dejé de centrarme en alcanzar la verdad, y comencé a poner más foco en mis elecciones internas, siguiendo los principios de la mecánica cuántica: el observador fija la realidad. Y desde ahí, desde esa libertad pura y paz total, mi afán de conocer y descubrir deja de ser una necesidad de la existencia y del sentido, y pasa a ser una experiencia de divertimento, alegría y exploración sin pretensiones. Conocer en todo caso puede ser el camino, pero no la meta. La meta ya está dentro de cada uno y es la vida misma, la libertad misma, la elección pura. ¿Tiene algún sentido mi aportación en medio de vuestras reflexiones?

    • Y el camino es más importante que la meta. Jorge Oteiza me dijo en una ocasión: “No te preocupes, marino que vas hacia Ítaca: al final serás reconocido por el perro”. Pasé años pensando si quería decirme que ser reconocido por mi perro era suficiente o insuficiente. Pero ahora al leerte me doy cuenta de que lo que me decía era: “No pienses en la meta, sino en lo que estás haciendo ahora”. Gracias Beatriz y Madame U. por vuestra ayuda.

      • a ti, Jose Luis, por inspirar esta agradable charla que yo, al menos, no puedo mantener a menudo, por falta de interlocutores… ¡qué simple y complejo es vivir! fantástico que conocieras a oteiza! ése sí debía de ser un maravilloso interlocutor… un abrazo a los dos y gracias también

    • Gracias por tus palabras Beatriz. Recién lo leo! Por suerte no he renunciado a la búsqueda de este sentido y cosas extrañas me están sucediendo… Una apertura al misterio renace

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