estética

Belleza y fealdad

actionism

Accionismo vienés. Década de 1960.

¿A quien no le gusta la belleza? ¿Quién no querría vivir feliz entre buena gente? Pero vivimos en un mundo cada vez más complicado. ¿Sigue teniendo la belleza alguna importancia en el arte? Parece que la creencia en que el arte sirve a la belleza, estuvo de moda por última vez durante el Clasicismo del siglo XVII. Y que, desde entonces, esa relación se ha perdido.

Y cuando el arte y la belleza iban unidos ¿no era un medio de ocultar lo desagradable? Como los perfumes, para camuflar los malos olores en ciudades que aún no conocían la higiene.  Las artes permitían a los poderosos rodearse de cosas bellas que mirar, escuchar, oler y tocar, para facilitarles construir su realidad en la burbuja en que vivían. En cuanto a los pobres, podían contemplar en las catedrales la belleza que encontrarían en la otra vida, si soportaban con resignación los dolores de ésta.

Ahora muchas cosas han cambiado, pero viajamos en masa a visitar museos y exposiciones atestados de belleza, porque se ha democratizado el bien-ver, el bien-oler y el bien-quedar.

A medida que el mundo se hace más complejo, lo que antes parecía normal se nos vuelve increíble y sin sentido. La lógica que se atribuía a la realidad se puebla de paradojas; se hace improrrogable la tarea de desbrozar la maleza, abriendo un claro en el bosque donde sea posible volver a pensar. Esta es la función del arte -del que existe o del que podría llegar a existir. Y los artistas, que conservan la capacidad de ver lo que los demás no ven, son los únicos que podrían abordar esa tarea. Pero los artistas se debaten entre desentrañar problemas o ganar dinero, que tampoco es menor problema. A veces, incluso logran ambas cosas y se suicidan como Rothko (1) en 1970. Por lo menos los artistas actuales no decoran, no embellecen. Por eso en el siglo XX han nacido obras de arte que no son bellas y que hasta resulta doloroso contemplar.

Los nuevos problemas pueden resumirse en muy pocas palabras: están ocultos por el problema de lo nuevo. Hasta la peor de las crisis anuncia siempre algo nuevo, aún si no sabemos verlo. A todos nos preocupa cómo “salir” de ella . Pero la pregunta no es cómo “salir“, sino como “entrar” en el escenario que nos aguarda al otro lado. Y eso es lo que habría que buscar, sin sucedáneos. Citando de nuevo a Weibel: “El arte actual tendría más que ver con una disposición que todos tenemos a establecer conexiones y relaciones entre conceptos que, en un principio, parecían incompatibles” (2).

No estoy seguro de que todos tengamos esa disposición, tras una vida de esfuerzos por no ver más que lo fácil. Pero supongo que se refiere a que lo nuevo -el paso de la nada al ser- no nace estrictamente de la nada, sino de la creación de nuevas conexiones(3) entre lo existente, sea o no visible. Hace mucho que los dioses dieron por terminada la creación. Ahora mucho de lo nuevo es creado por humanos. A veces para bien; pero las más de las veces para beneficio a corto plazo de muy pocos y daño de todos a la larga.

Ya sé que esto parece confuso y complicado. Porque se resiste a quedar reducido a dicotomías, como belleza-fealdad o bueno-malo; y a ser clasificado; a dejarse encerrar en un tema. Pero, o lo comprendemos o estaremos condenados a cometer los mismos errores; y, como los antiguos héroes griegos, a sufrir una y otra vez el mismo castigo.

Desde 2002 algunos neurólogos empiezan a hablar de neuroestética; pero -qué triste- se limitan a preguntar a sus probandos qué estampita les gusta más o menos: cuál les parece más “bella”. Entonces, registran sus respuestas cerebrales con costosísimas cámaras de neuroimagen. Esta gente no ha aprendido nada de lo que ha sucedido en los últimos tres siglos.

Lo contrario de la belleza -dentro del arte- no sólo es la fealdad: también lo es el dolor. En un homenaje a Antoni Hegarty, una visitante incluyó este comentario: ” ‘Hope there’s someone’ es mi imprescindible de Antony, me estremece cada vez que la escucho…y me ahoga que algo que empieza por “hope” resulte auto-demoledor, y su dolor sea belleza”.

Así es. El arte nos ayuda, en un mundo cada vez más complicado y poblado de soledades, a cargar con nuestra alma entera, sin perder un segundo de vida auténtica.

_______

rothko

Mark Rohtko (Sin título, 1952-53)

(1) Mark Rohtko quería cambiar la función del arte. Sus cuadros acabaron decorando despachos de multimillonarios y grandes ejecutivos. En 1970 se cortó las venas.

(2)  Mente y Cerebro Nº 59 (marzo-abril 2013) “El cerebro es el órgano central de la creatividad” Entrevista de Steve Ayan a Peter Weibel. Pág. 30

(3) Ver Conexiones, elementos dotados de sentido.

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s