contrarios

Hacer el amor o hacer la guerra

amor-guerra chaqueta metálica

La “Revolución del 68” podría resumirse en el eslogan que John Lennon hizo famoso: “Haz el amor y no la guerra”. Muchos jóvenes de entonces y sus hijos han creído que el amor y la guerra (o el amor y el odio si hablamos de sentimientos) son opuestos, separados e incompatibles, pero las cosas no son tan sencillas.

 

hippies1Haz el amor
Una canción convertida en himno de esa década decía: “Si vienes a San Francisco, ponte flores en el pelo”(1) . Los jóvenes de aquella época descubrieron (algunos, en teoría) que hacer el amor podía ser tan sencillo como beber un vaso de agua. En la práctica no fue tan simple. Pero como idea era maravillosa: la libertad venciendo a cualquier represión… viniera del gobierno o de los propios padres. Como la heroína Barbarella, que atravesaba galaxias haciendo el amor lo mismo a un ángel que a un robot.

amor-guerra MyLai…y No la guerra
La Guerra era la de Vietnam, madre de todas las guerras, donde por primera vez los americanos eran los villanos y los vietnamitas los héroes. Ni John Wayne vestido de boina verde pudo enderezar aquel “horror(2) definido por Marlon Brando en el papel de coronel Kurtz de Apocalipsis Now.

Bob Marley lo explica muy claro en esta canción “War/No more trouble”:

El amor es una relación social(3). Una relación entre personas que se comunican entre sí. Y la guerra… también.

Hacer el amor puede ser algo físico: mecánico, químico, biológico. Pero no es una relación entre cosas, ni entre personas y cosas. Es una relación entre personas, un acto de comunicación que posee un sentido. Aún sin palabras, sus participantes pueden compartir el sentido de encontrarse juntos, lo más cerca posible uno de otro y pasárselo muy bien. El sentido trascendente(4) de encontrarse en el camino del otro y posiblemente de llegar a compartir una existencia responsable. Ese sentido compartido no es cosas de mayores, como se nos había contado: un niño entiende perfectamente la diferencia entre estar cerca o lejos de alguien. Y sobre esa noción se edifica mucho más.

Y evidentemente, la relación de amor está asociada al sentimiento de amor. Pero ¿que es lo contrario(5) de sentir amor? ¿El odio? En lo que a mí respecta, lo opuesto al amor no ha sido el odio, sino la indiferencia. El amor no correspondido: la pared de hielo.

El amor también puede convertirse en odio y entrar en una fatídica espiral de amor y odio, cada vez más destructiva. Pero la indiferencia permite hacer un daño sin límites a cualquier ser vivo, a cualquier humano; y, especialmente, a una persona enamorada. Amar y odiar siguen siendo emociones humanas. Los mamíferos estamos protegidos de la indiferencia por la empatía (esa tendencia biológica a compadecernos de los semejantes). Pero hay personas que se proponen evitar ese sentimiento y lo consiguen (o acaso eran así): los psicópatas consideran a otros seres humanos como cosas. Las cosas se utilizan y, cuando ya no sirven, se desechan; o si se convierten en obstáculos, se apartan o destruyen. Narcisistas y sociópatas se relacionan así con sus semejantes. Y abundan tales seres más de lo que llegamos a imaginar.

Por odio, ira o ambición se llega a la violencia. A veces también por estupidez y a veces cargados de razones. ¿Hacer el amor o hacer la guerra? ¿Por qué alguien ha podido hacerse esta pregunta? La guerra es una institución social. Es una relación social entre personas fundada en el amor y el odio. Sí; también en el amor. Una guerra puede limitarse a dos personas, cuando el amor se convierte en odio y se superan todos los límites. Una película explicó bien esto: La guerra de los Rose. Pero cuando se habla de guerra, habitualmente pensamos en mucha gente enfrentada a muerte durante meses o años.

En primer lugar hay que considerar las guerras de religión. La religión se funda en el amor entre creyentes. Pero tarde o temprano, el amor al hermano se traduce en odio al extraño. Hay dos palabras que expresan esta idea terrible: la Cruzada y la Yihad. Por amor a Dios, amor al próximo (a los nuestros) y muerte al infiel. Púlpitos o televisores se llenan de predicadores que llaman a exterminar a los infieles por amor a Dios. Muchas veces por amor al mismo Dios del enemigo. Pero cada bando se apropia de Dios y llama al otro “infiel”.

Como generadoras de la guerra, muy cerca de las religiones se encuentran las religiones políticas: es decir, la opción política como si fuera religiosa. Esto son los nacionalismos devenidos fundamentalistas.  Siempre se fundan en el amor y la solidaridad entre los miembros del grupo a la tierra común, a la patria, o la nación. Pero los líderes políticos suelen descubrir que el odio es más útil que el amor como medio para obtener poder y perpetuarlo. Por amor a la patria (en mayúsculas) destruyamos al enemigo extranjero; démosle su merecido. Nacionalismo, racismo, xenofobia, machismo, homofobia… palabras para referirse a la misma historia(6).

Y una vez que se abre la caja de Pandora, es el reino de los psicópatas. Ellos saldrán de sus humildes pupitres de funcionario o profesor de dibujo, para transformarse en asesinos en serie y criminales de guerra condecorados. Se diría que han estado siempre esperándolo y ha llegado su momento.

A menudo me he preguntado cómo los humanos hemos logrado sobrevivir 40.000 años. Apenas un 2,5% de los ciento sesenta millones de años que existieron los dinosauros en nuestro planeta. Pero en este corto espacio de tiempo, ya hemos desarrollado la capacidad de provocar nuestra propia extinción. No necesitamos dioses que nos destruyan. Somos autosuficientes.

Nuestra especie surgió de varias otras que existieron en situaciones límite, bordeando el abismo de la nada, adaptándose, creciendo, pasando la antorcha de la inteligencia a otras especies emergentes. Quizás ahora mismo esté sucediendo algo similar. Moviéndonos en el límite, jugando al todo o nada…

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(1) Dedicada a los jóvenes mágicos de siempre, la canción de Scott McKenzie: “San Francisco”: Si vienes a San Francisco, pon flores en tu pelo…”    ¡people in motion!

(2) Acerca del horror descrito en la novela de El corazón de las tinieblas de Conrad y en el cine en Apocalipsis Now, ver Horror.

(3) Ver La relación.

(4) Sentido trascendente, metafísico, mágico. Pero compartido. Ver El origen de la magia en el niño.

(5) Amor y odio (o amor y guerra) son términos opuestos, contrarios. Y sin embargo, a menudo parecen ser lo mismo o se convierten lo uno en lo otro sin que se pueda evitar. Ver Unidad de los contrarios.

(6) Maite comenta acerca de este párrafo: “Yo no creo que sea la misma historia. A menos que te refieras a un modo de exclusión del ‘otro’ .” Tiene razón. No es la misma historia y en todos esos casos se trata de la exclusión del otro. Ver en Dentro y fuera el párrafo final acerca de la posible raíz común del narcisismo.

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2 thoughts on “Hacer el amor o hacer la guerra

  1. Dices: “Nacionalismo, racismo, xenofobia, machismo, homofobia… palabras para referirse a la misma historia.” Yo no creo que sea la misma historia. A menos que te refieras a un modo de exclusión del “otro”. Pero el machismo o la homofobia no son patrimonio del nacionalismo. Por desgracia éstas son las características más globales de la humanidad. Y si me apuras, también el racismo y la xenofobia.

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