contrarios

Tan lejos y tan cerca

Wenders angel 300x300b¿Somos ángeles que perdimos las alas o monos que aprendimos a volar?
Tal vez, ambas cosas.

Como primates que somos(1)
Nuestro entorno tiene un radio que puede medirse en centímetros o en metros. Ni mucho más ni mucho menos.

Unos centímetros es la distancia de un fruto al alcance de la mano. Para llevármelo a la boca. O para dar un golpe con la zurda a quien se me acerque demasiado(2).

Unos metros es la distancia que me separa de otra rama. Para saltar a ella y acercarme a un vecino o alejarme y poner distancia entre él y yo. Gestionar lo cercano y lo lejano es la estrategia que usamos para evitar la guerra (o iniciarla).

Nuestras manos y ojos suponían ventajas para quedarse en la evolución  y heredarlas nosotros millones de años después. Nuestro pulgar se mueve en oposición a los otros dedos; es más cómodo al sujetar una fruta o colgarse de una rama. Y si se trata de saltar a otra rama, nuestros ojos están separados lo justo para calcular esa distancia.

Tan cerca como una fruta al alcance de la mano y tan lejos como una rama del mismo árbol. Es el marco(3) que nos define genéticamente como monos adaptados a la vida en los árboles. Más cerca de eso está mi cuerpo, un desconocido. Más lejos, el más allá infinito e igualmente extraño.

¿Así somos? No exactamente. Aunque así es como fueron nuestros antepasados y, de algún modo, aún seguimos siendo. Pero hace un tiempo que nuestros ancestros bajaron de los árboles y más tarde se transformaron en humanos como nosotros somos ahora. Hemos progresado mucho. Ahora tenemos instrumentos. Telescopios que nos permiten ver a cualquier distancia, por lejana que sea. Microscopios que nos acercan a lo infinitamente próximo. Tenemos instrumentos voladores, para saltar a otro planeta y también para manipular partículas infinitamente pequeñas. Y tenemos instrumentos simbólicos. Hemos escrito tantos libros que, apilados, casi llegarían a la luna.

Aunque ninguno de esos instrumentos nos sirven para conocer a la persona que duerme a nuestro lado o para evitar la guerra con el vecino que ocupa el árbol de enfrente.

Como humanos que somos
En 1987 Wim Wenders realizó la película El cielo sobre Berlín (Las alas del deseo); y 6 años después, su continuación ¡Tan lejos, tan cerca!  En ellas, nos presenta a unos ángeles, cuya función es observar a los humanos. Movidos por la compasión, pero obligados a mantenerse ajenos, sin intervenir en los dramas humanos. Entonces, uno de ellos toma la decisión de pringarse(4), arrojándose a la tierra y perdiendo así sus alas, pero convirtiéndose en hombre.

Cada vez que veo estas películas me maravilla y estremece este poderoso intento de narrar nuestra historia como una caída en lo humano, desde el puro espíritu.

No me gustan los ángeles. Me los imagino como arios rubios con la ceja izquierda ligeramente levantada, observándonos con altivez -y sin ser vistos- desde su lejanía inalcanzable. Reinas del hielo imperturbables, expertos en no implicarse, como el BCE(5).

Wenders nos muestra otro rostro, enternecido por la compasión que los humanos heredamos de los mamíferos. Esa contradicción entre razón y sentimientos humaniza a estos espíritus puros. Y aunque pierdan sus alas de ángel, adquieren las alas humanas de la imaginación. No es un mal cambio.

Al ocuparse del proceso creativo del artista, al que me refiero en otro post(6), Oteiza describe con exactitud la limitación de lo ilimitado, de la idea absoluta, que Platón adoraba y aún siguen muchos adorando. El artista “sube” allí un momento “para una comprobación orbital e instantánea” pero debe volver a tierra, porque ese territorio es “inestable”. Dicho de otro modo, la sustancia angélica es en sí misma inestable. Hay que echarse a tierra e impregnarse e impregnar el mundo de sentimiento y de sentido.

Por eso, cualquier historia de ángeles tiene también una versión contraria. La de humanos a los que se les sube la vanidad a la cabeza. O la soberbia o el miedo, que también conducen al lado oscuro. El supuesto “ascenso” de lo humano hacia la soberbia divina. Y hacerlo a caballo de un instrumento para volar: exactamente, subido a una escoba, como las hadas al convertirse en brujas(7).

Una vez aquí abajo, en tierra, la compasión puede ser el primer paso para reencontrar la cercanía con el otro. Pero ese sentimiento de mamífero se humaniza cuando se abre al amor. Hay varias formas de amor verdadero y todas son humanas. El amor es la relación social más importante, donde la correspondencia, cooperación y compromiso tienen presente y futuro. El amor crea un espacio vacío de confianza, compartido: “Qué bien estamos aquí; construyamos una tienda”. Así ese espacio protegido se vuelve acogedor y habitable. En ese espacio caben muchas cosas e infinitas posibilidades, porque en él todo se vuelve cercano, al alcance de la mano. Aquí los instrumentos fundamentales son la imaginación y la esperanza. No existe nada más humano, ni de lo que podamos sentirnos más orgullosos.

_____
(1) Ver Homínidos: golpe a golpe, y también ¿Qué nos diferencia de los animales?.

(2) Cuando yo era joven, algunas chicas, bailaban con el brazo izquierdo levantado por delante para mantener la distancia con su compañero de baile. A esa postura la llamábamos “hacernos el teléfono”.

(3) Ver Goffman: marcos de referencia.

(4) La decisión de pringarse es el origen del arte a través de la pregnancia; ver Pregnancia en Oteiza. Y la pregnancia es, en consecuencia, el fundamento de la estética existencial, específicamente humana.

(5) Banco Central Europeo. O FMI, que cada uno ponga las siglas o el nombre que prefiera. Hay donde elegir. Hemos dejado que se conviertan en modernos dioses; y les adoramos aún sabiendo que sólo son becerros de oro.

(6) Ver Lo metafísico.

(7) Ver La magia y también Tres mujeres altas.

Wim Wenders: ¡Tan lejos, tan cerca! Primera parte (50 min) subtítulos en español:

Segunda parte (1h 27min) subtítulos en español:

La misma segunda parte hablada en español (1h 11 min hasta el final):

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5 thoughts on “Tan lejos y tan cerca

  1. Sustituir las alas angelicales por la imaginación ¡esto sí que es evolucionar! De hecho los angelotes con alas se extinguieron posiblemente por falta de imaginación. Su mirada bobalicona de homínidos alados así nos lo indica…
    José Luis, te sugiero una pequeña corrección para evitar confusiones entre evolucionismo y “diseño inteligente” . Sustituye el verbo “diseñar” por “evolucionar” en esta frase:
    “Estas manos y ojos fueron diseñados con esas dos finalidades…”
    Resulta más coherente. Me ha encantado tu texto

    • Tienes razón. Es que a veces me dejo llevar por la poesía. O acaso por la añoranza de un Dios inteligente en el que en otro tiempo creí (y en los cuatro angelitos que guardaban mi cuna). Ahora todo se ha hecho demasiado grande e indiferente. Somos responsables hasta de que la vida tenga algún sentido. A veces es para desanimarse. Pero tenemos que aprender de estos ángeles de Wenders. Su decisión a pringarse con la realidad haciéndose mortales. Gracias Maite por mantenerme alerta.

      • Me pregunto si no te interesaría escribir sobre la resiliencia. Es un tema un poco inquietante. Me pregunto porqué en los últimos años se ensalza la resiliencia, cuando había sido en un principio algo que se aplicaba a los supervivientes que resistieron el sufrimiento de los campos de concentración nazi.
        ¿Por qué ahora la resiliencia es “buena”? ¿Realmente lo es? ¿O sólo es “rentable”? ¿Alguien puede creer que es razonable el derroche de energías o la resiliencia de los supervivientes de los campos de concentración? ¿Por qué no ahorrarse los sufrimientos y dejarse morir? ¿Cuáles son los efectos futuros de la resiliencia?

  2. ¡Gracias, José Luis, por este regalo! Aunque tocas muchos puntos en lo referente a la resiliencia, me interesa particularmente el de la fluidez de la frontera. Supongo que la futura salud mental del resiliente dependerá de las veces que haya tenido que mover, cruzar o incluso suprimir la frontera para sobrevivir. Aunque sigo creyendo que sobrevivir a cualquier precio puede ser peor que la muerte. Seguramente soy una resiliente light…

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