filosofía

Resiliencia ¿despiadada?

FractalUna delgada línea separa la resiliencia de la crueldad. Pero lo que ayuda a evitar pisarla, es la esperanza.

Resiliencia:
Entereza frente a la adversidad. Habilidad de superar los obstáculos con éxito, sin pensar en la derrota; de sobreponerse a estímulos adversos. Saber adaptarse en contextos de gran adversidad.

¿Qué hacer en situación límite?
¿Debo adaptarme o rebelarme? ¿Escapar con la imaginación o ser práctico e implacable? ¿El fin que busco justifica que utilice cualquier medio para conseguirlo, causando daños “colaterales” al tratar a los otros como estorbos? ¿O conformarme con los medios disponibles, aunque hayan quedado reducidos a meros gestos rituales? ¿O renunciar a cualquier finalidad y centrarme en lo inmediato?

No es que falten guías para salir adelante con éxito en la vida. Las secciones de autoayuda de las librerías están plagadas de ellos. Pero todos las reglas acerca de este tema tienen -no ya excepciones- sino otras reglas que las contradicen.

La frontera plegada sobre sí misma
En situaciones límite, uno siempre se mueve en la frontera. Reglas, leyes y moralidad cambian de sentido en las fronteras. En ellas se camina unas veces por dentro y otras por fuera. Oteiza decía que somos centauros fronterizos. Sí, o contrabandistas, o emigrantes exiliados sin papeles. En la frontera hay cuchillas con nombre musical que destrozan el cuerpo y el alma.

concertinas

Concertinas en la frontera

Porque, en el límite, cada cosa pueden convertirse en su contrario y los valores cambian de sentido. Es fácil hablar de unidad de los contrarios, desde fuera. Pero en una situación límite, los contrarios cambian de rostro con extremada facilidad. La frontera se vuelve fractal (como la imagen de la cabecera) esto es, intrincada, doblándose y volviéndose a doblar sobre sí misma. El límite es, en sí mismo, ilimitado. La razón se vuelve paradójica. Hay que dejarse llevar por el instinto: por los propios sentimientos -o por los de ese otro que hago míos, porque él o ella se ha convertido en espejo para ver el mundo y para verme a mí mismo.

Conocí a un hombre enamorado, que un día fue a visitar a su amante y ella le confesó que amaba a otro. Pero él la quería tanto y compartía los sentimientos de ella hasta tal punto, que la animó a ponerse su mejor vestido para estar maravillosa cuando se reuniese con su nuevo amante. El alma de este pobre diablo se había escindido, pero ni siquiera se daba cuenta de ello, porque seguía tan identificado con ella que su propio yo no contaba. Como es natural, en cuanto abandonó la casa, se sintió arrasado. Lo que no sabía, es que ese vacío helado era el punto de partida de una nueva situación en que su vida afectiva sería incomparablemente mejor que la que acababa de perder.

Vacío afectivo por la pérdida(1)
La pérdida de un ser querido le convierte a uno mismo en víctima. Es ésta una situación límite, donde la resiliencia se pone a prueba. El vacío afectivo que afronta el sujeto, puede impregnarlo todo, vaciándolo de sentido. Es el proceso del luto, en el que presente y futuro parecen carentes de sentido. Especialmente terrible es cuando hay un responsable, o sea, un culpable. Si otro es culpable, las víctimas exigen justicia, pero nada podrá reponerles al ser que han perdido. ¿Quién encuentra entereza para sobreponerse a tales situaciones? Algunas víctimas logran convertirse con el tiempo en supervivientes. Pero otras no llegan a salir de ese infierno de por vida.

¿Adaptarse o morir?
Ésta es una frase trampa. Marx y Engels siguieron el error de Lamark, al creer que la experiencia de los individuos se transmitía biológicamente a los descendientes. Pero desde Darwin sabemos que la adaptación de las especies es posible, no porque los individuos aprendan, sino porque mueren, dejando sitio a quienes nacen con sus genes más adaptados a las nuevas situaciones. No importa cómo se hayan producido las mutaciones genéticas: al azar y, casi siempre, por errores de transcripción. La muerte de los individuos es la poda que facilita el cambio a la especie.

Así era hasta que los humanos descubrimos la cultura: la experiencia que se transmite por aprendizaje en vida de cada individuo. Inventamos atajos, hicimos trampa y nos hicimos mucho más rápidos que la naturaleza. Pero lo que creemos hacer, es sólo la mitad del juego. La naturaleza siempre dice la última palabra. En 50 años hemos enseñado a las bacterias a resistir a los antibióticos. Hemos inventado armas que pueden matarnos a todos. Lo que hacemos tiene efectos colaterales.

Cuando Marx, Engels, Lenin o Castro, pretendían crear un mundo y un hombre nuevos, cometían los mismos errores que el capitalismo al que combatían. Creían que las acciones racionales no tienen efectos colaterales o que éstos son menospreciables. Creyeron que se puede dominar a la naturaleza y que se puede controlar el factor humano.

 Se puede actuar mal por buenas razones
A veces hacemos cosas porque vemos que podemos hacerlas. Incluidas las que no deberíamos hacer. Las hacemos porque vamos mirando hacia adelante, ciegos a lo que sucede a nuestro lado y a lo que dejamos atrás. Vamos ciegos y cargados de razones. Ciegos de vanidad y soberbia.  A veces mentimos un poco para suavizar aristas. ¿Qué hay de malo en ello? Todo transcurre razonablemente bien. Hasta que, de pronto, ya no es así. Aquella serie de pequeñas mentiras y omisiones no tan inocentes, acaban encontrando un desenlace fatal. La naturaleza vuelve al cauce que parecía abandonado. El “azar” vuelve a arrojarnos a la cara lo que aparecía abandonado en el vertedero de la historia. Como el imperio zarista, al que el comunismo supuestamente había aniquilado.

En resumen, nos adaptamos a lo que nunca deberíamos adaptarnos. También la resiliencia, cuando se convierte en una técnica  de superación, adquiere la ceguera selectiva inherente a toda técnica y a todo instrumento.

El que no sabe que no sabe
El egoísmo -y especialmente el narcisismo- toma muchas formas y suele resultar práctico, porque a corto plazo tiene éxito. Pero ¿por qué, a la larga,  el tiempo pone las cosas en su sitio? Porque en situaciones límite, la urgencia nos lleva a recortar mucho de lo que sabemos y a menospreciar lo que no sabemos. Nos movemos con un mapa de la vida que no es más que un boceto incompleto y plagado de errores. La realidad está mucho más conectada entre sí de lo que podemos percibir. Tendemos a simplificar, a optar por una solución antes de comprender el problema. Y especialmente, sobre todo, a olvidar lo que no sabemos: la inmensidad de nuestra ignorancia.

Especialmente olvidamos a los otros, incluido a quienes tenemos más cerca. Los utilizamos mientras podemos y los apartamos en cuanto parecen un obstáculo en el camino; sin darnos cuenta de hasta dónde dependemos de ellos. Todo esto es lo que el tiempo vuelve a poner en su sitio. En realidad, siempre estuvo ahí, aunque no lo veíamos mientras mirábamos hacia otro lado.

Superar los retos, especialmente las situaciones límite. Cambiar. Crecer. Pero cuidado de intentarlo  solo. O con malas compañías. La resiliencia puede ser despiadada. Pero los humanos no podemos permitirnos serlo.

Aunque siempre nos quedará la esperanza. Y mientras hay esperanza, hay vida.

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(1) El vacío y sus mil caras, oportunidades si sabemos verlas.
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Y otros posts relacionados con éste:
Jaspers: La situación límite. Donde todo se pone a prueba.
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Viktor Frankl: en busca del sentido, porque de las situaciones límite también se sale, si alguien te espera.
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El concepto de Pregnancia en Oteiza enriquece la Ley de la Gestalt.
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Los límites. Que nos protegen, pero también nos separan de lo nuevo.
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Inteligencia espiritual. La resiliencia sería una de sus caras.
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Dentro y fuera. Espacios a un lado y a otro del límite.
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Abierto y cerrado nos están hablando de la trascendencia del límite.
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El factor humano puede invalidar cualquier previsión.
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Estancamiento: lo negativo paralizante imposibilita cambiar.
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Un punto de apoyo es cuanto se necesita para superar el límite.
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Estética existencial es la pregnancia en vivo.
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Tener margen o no tenerlo. Porque los bienes son para remediar los males.
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La magia. Sólo una delgadísima línea separa la magia blanca y negra.
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Unidad de los contrarios es cuando uno se convierte en dos; y dos se convierten en uno. Tanto para bien como para mal.

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2 thoughts on “Resiliencia ¿despiadada?

  1. Crece mi fascinación por las incursiones espirituales de JoseLuis, verdaderas provocaciones para los soñolientos y los agrestes “yo amo las situaciones que nos obligan a conspirar”, tronaba Oteiza Muchas veces uno amanece cabizbundo y meditabajo, pero si contamos algunos de los logros en esta vida nuestra, si contamos con alguien que nos guiñe el ojo, rescataremos el joseluis que llevamos dentro y esa capacidad de discernimiento fortalecerá nuestra vieja resistencia cultural y nos seguirá abriendo caminos.

    • Si uno se atreve a hablar de sus propios errores y alguien te guiña el ojo, descubres que no estás solo. Eso te da fuerzas para seguir bordeando la frontera. Un fuerte abrazo, JorgeEnrique.

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