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La red neuronal de nuestro cerebro

TramaLlevamos el móvil conectado a una red mundial. Pero la red más inmensa la llevamos puesta. Se encuentra en nuestro cerebro. Y de ésta apenas empezamos a saber algo.

Para entender qué es una red neuronal, podemos imaginarla como la combinación de una mesa de cocina, un cuchillo bien afilado y un telar(1). Sirve para reconocer cosas y para aprender. Si queremos identificar algo, lo ponemos sobre la mesa y lo hacemos picadillo. Primero lo cortamos en rodajas; luego, las rodajas en tiras; y las tiras en minúsculos fragmentos. Todos esos fragmentos los pasamos al telar y allí los ensartamos con hilos unos con otros. Pero no en fila como un collar, sino cada trozo unido con muchos de los otros. Así obtenemos un tejido inmenso. Si teníamos 1.000 pedacitos, ahora tenemos muchos miles de hilos. Una tela impresionante. Mirándola, podríamos no sólo reconocer la cosa, sino saberlo todo acerca de ella: de sus relaciones internas y hasta de su esencia.

O seguramente, no. Porque todos sabemos que si trituramos una fruta obtenemos pulpa o zumo de fruta. ¿De qué nos serviría llenarla de hilos? Tampoco el cerebro sabe cómo hacerlo. No sabe pero lo hace. Es lo mismo que decía Marx acerca de cómo los humanos hacen la historia: “No saben, pero lo hacen”.

red_sospechososEn las series de TV sobre investigación criminal, que nos han hecho expertos en medicina forense y en cómo descubrir a un asesino escurridizo, hemos visto que lo primero es acudir a la escena del crimen. Allí se hacen fotos de todo. Sin olvidar ponerse guantes, se recogen fragmentos de todo lo que se encuentre y se llevan a la sala de investigación, donde hay una pizarra blanca, en la que se van pegando las fotos de las cosas y de los sospechosos; se agregan rótulos y -lo más importante- se trazan rayas o se tienden hilos de colores, uniendo los sucesos, personas y fragmentos. Luego, alguien dice quién cree que es el asesino. Corren a buscarle, le interrogan y se dan cuenta de que no lo es. Después se les ocurre otro, que tampoco es. Pero no hay que preocuparse: a la tercera, aciertan. Eso es para no aburrir. En la realidad se tarda mucho más; y a menudo, ni así se encuentra. Las redes neuronales son así, más o menos. Y se encuentran en el cerebro de una mosca, un gato o una persona.

Las red neuronal del cerebro
Lo primero que hace nuestro cerebro con lo que tenemos delante es picadillo. No lo hace con un cuchillo, sino con los sentidos de la vista, el oído, el tacto, el olfato. Nuestros ojos obtienen imágenes y las trocea en miles de puntitos de luz. Nuestros oídos recogen los sonidos que llegan hasta él y los separan en frecuencias. Al final del despiece, el objeto -la situación- ha quedado convertida en millones de fragmentos. Cada una de esas señales cabalga ahora en una neurona sensora (en la retina, el oído interno, las neuronas de la piel y músculos. Entonces empieza el verdadero proceso de comunicación “mundial” entre neuronas. Digo mundial, porque es como si todos los habitantes del planeta se pusieran a hablar unos con otros por teléfono. Pero un cerebro humano tiene catorce  veces más neuronas que personas hay en el planeta. Cada pizca de información se compara con otras pizcas de información y con pizcas que se han conservado a lo largo de la vida de cada cual. Se comparan y en su mayor parte se desechan. Se juntan en uniones temporales y casi todas se eliminan en una poda implacable. Al final, un tercio de segundo después, somos conscientes de lo que teníamos delante.

Las redes neuronales artificiales
Durante miles de años de historia humana, el cerebro no fue tomado en consideración. Los antiguos egipcios lo tiraban a la basura porque no creían que sirviese para nada en la otra vida (y no estaban equivocados); pero guardaban el corazón, porque creían (y en eso se equivocaban) que ahí se encontraba el alma.

Debieron pasar muchos siglos para darnos cuenta de que el cerebro servía para algo (muchos, no lo han descubierto aún).

Hace a penas un siglo Ramón y Cajal descubrió un método para ver las neuronas en el tejido nervioso y recibió por ello el Premio Nobel. En 1949 Donald Hebb publicó un libro explicando cómo funciona y aprende una neurona. Esa regla, conocida como Ley de Hebb, fue aplicada en los ordenadores de los años 1960’s para simular pequeñas redes neuronales capaces de aprender a identificar patrones.

Google_coche sin conductorActualmente, un proyecto de Google mueve un coche sin conductor por las calles de San Francisco. Lo conduce una red neuronal. Es sólo el comienzo.

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(1) También podríamos imaginarla como el planeta que gobierna una galaxia. Ver Memoria del cerebro.

Acerca del papel de los hemisferios cerebrales, ver La extraña pareja que se disputa mi cerebro.

Ver Diez vírgenes, una parábola del Evangelio podría dar luz sobre la conexión entre neuronas.

La relación entre neuronas ¿representa la sustancia que une el universo?

¿Qué nos diferencia de los animales? ¿Hay alguna diferencia en nuestro cerebro?

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