comunicación

Negar algo es como afirmarlo

surrealismo1Es como dar la vuelta a un guante: cambia de mano, pero sigue siendo un guante. Esto es un misterio. Pero al menos, de éste, conocemos la clave.

Empezaré por lo más fácil: la política. En mi país, cuando un político niega algo, la mayoría de quienes le oyen, entienden justo lo contrario. Esto es porque les han cogido tantas veces en mentira, que ya es muy difícil creerles. Especialmente cuando dicen “Yo nunca he hecho…” o  “Yo nunca haré…”. No sé si sucede lo mismo en otras parte o sólo en España.

Para evitar que el aire se llene de carcajadas o insultos, los políticos han aprendido a hablar sin decir nada. O a callarse. Cuando les preguntan algo comprometido (lo que sucede casi siempre) responden: “Hoy no toca”. Como antes, había un cartel en algunas tiendas que decía: “Hoy no se fía, mañana sí”. Los siguientes días  el cartel seguía allí. Ahora ya no hace falta carteles como ese, porque casi nadie se fía de nadie.

De niño me enseñaron
De niño me enseñaron que hay que “decir sí o no como Cristo nos enseña”(1). Y al hacerme mayor aprendí que saber decir “no” es importante. Pero hoy, la negación no está de moda. Decir “no quiero” parece ser malo para todo. Lo correcto es exhibir una sonrisa estúpida y elegir entre lo que te ofrezcan.

discepolo

E. S. Discépolo

En el siglo pasado, Enrique Santos Discépolo proclamó que todo está revuelto “como en la vidriera de los cambalaches” y que “da lo mismo un burro que un gran profesor”(2). Eso valía para el siglo XX. En este siglo XXI, aún más problemático y febril, el mundo se ha convertido en hipermercado de lo igual. Ya sólo somos desiguales en la cantidad: de dinero, fama, automóviles y yates. Y de desvergüenza.

Los animales no saben decir no, pero saben cosas que hemos olvidado
Saben morder, huir y mantenerse a distancia. A los humanos sólo nos queda decir “no”, porque hemos perdido en gran medida esas otras capacidades vitales. Se nos han atrofiado, por usarlas cada vez menos.

Para los humanos, la razón es importante; y la lógica y el ser prácticos. Pero tampoco hay que exagerar. Por ejemplo, conoces a una persona en el trabajo o en el ocio y tal vez tienes la vivencia de que algo no va bien, y que esta relación incipiente no te conviene. Pero entonces, la razón toma el mando y te llena de razones para desechar aquella primera intuición. Porque quieres que todo salga bien. Y la razón es un lacayo del deseo. Así que no vuelves a pensar en ello. Y un mes después te estás mesando los cabellos, diciéndote: “¡Si yo lo sabía… desde el primer día!”.

La doble manera de ver el mundo
Es que los humanos tenemos dos miradas, dos maneras de relacionarnos con cuanto nos rodea. Una es mediante instrumentos que cortan y separan el mundo en partes. Y el instrumento más utilizado es el lenguaje(3). En el lenguaje, la palabra más importante es “No“. El No parte el mundo en dos: cierra la mitad del mundo a nuestra atención y abre la otra parte. Además, el No es la madre de todas las palabras, porque cualquiera de ellas denota algo y niega lo demás.

Estos últimos días los presentadores de TV se han empeñado en referirse a un suceso reciente como “el brutal asesinato”. Al usar esta expresión, dividen los asesinatos en dos clases: los asesinatos brutales y los que, por lo visto, no lo son. Puede que los primeros se apliquen a víctimas importantes y los segundos a las víctimas vulgares, que son menos sensibles.

A primera vista puede parecer una exageración el decir que todas las palabras descienden de la palabra “no” y que cualquier palabra es una negación. Pero esto lo sabemos (lo deberíamos saber) desde que en el siglo XVII Spinoza escribió que “Toda determinación es una negación”(4). La comunidad hebrea le excomulgó rápidamente, lo que no me extraña, porque esa idea ponía patas arriba la teología.

La otra manera de mirar
No sólo vemos el mundo a través de instrumentos. También podemos verlo directamente. Al menos, nacemos así, aunque no nos dura demasiado. Es nuestra herencia animal.

Desde los tiempos de Platón se ha despreciado lo animal que hay en lo humano y se ha enaltecido lo racional e instrumental, como si fuera un don divino. Ciertamente, sin la razón no seríamos humanos. Pero sin nuestra herencia animal, ni siquiera estaríamos vivos. Seríamos ordenadores, robots, androides o un complemento del iPhon (que probablemente es lo que acabaremos siendo, si no lo remediamos).

Aunque entre tanto, seguimos siendo, parecidos a todos los animales que pueblan este planeta(5); y, gracias a ello, captamos la situación de una manera esencialmente distinta a como entiende la razón. Percibimos a la vez lo que hay y lo que no hay: lo que ha habido o puede llegar a haber. Me percibo a mí mismo sin separación de lo que no soy yo. La mayor parte del cerebro -de todos los cerebros- funciona así.

Desde este punto de vista, lo que yo soy y lo que deseo es lo mismo. Lo que soy y lo que es el otro es lo mismo. Dicho en otras palabras, las relaciones en las que estoy involucrado, las percibo como algo sustancial, como la sustancia única de la que formo parte.

Como somos mamíferos, tenemos emociones. Y como somos primates, la relación con los otros -sobre todo con el otro– es especialmente trascendente. Me veo a mí mismo en el otro, en su mirada. Y por eso, veo el mundo con mis ojos y a través de los ojos del otro.

Si se entiende que el otro sea para mí un instrumento, es porque eso es lo que pretendo decir. En todo instrumento hay una doble relación: de un lado una relación objetiva (sin el sujeto) que corta, divide y transforma el objeto. A la vez, todo instrumento es la prolongación del brazo, de la mirada, de la acción del sujeto que lo utiliza. Así, cuando miro el mundo a través de otra persona, estoy enriqueciendo mi mirada con su punto de vista. Estoy ampliando mi horizonte, añadiendo una nueva dimensión a mi universo.

Tengo una amiga que vive en una isla. Su nieta está a dos mil kilómetros de distancia(6). Desde que ve el mundo y el pasado y el futuro y a sí misma a través de la mirada de su nieta, su mundo se ha enriquecido como no había imaginado. Y eso no queda ahí, porque también enriquece a las personas que le queremos.

Esta capacidad de integración con la situación en que nos encontramos facilita la respuesta rápida, de atracción o de rechazo.

He empezado este artículo afirmando que cuando negamos algo, es como cuando le damos la vuelta a un guante. El guante sigue siendo un guante, pero si se le da la vuelta sirve para la otra mano. Y tenemos dos. Si las aproximamos, vemos que son simétricas. Pero son más que eso. Cada una es el negativo de la otra. Gracias a esa disparidad tenemos acceso a la negatividad(7). Lo que se niega, se recorta contra un fondo. Eso nos permite percibir el vacío(8), la nada, la ausencia, lo posible, la pregnancia(9).

Si ambas manos o miradas colaboran en armonía, se puede vivir una vida buena y podemos llegar a estar legítimamente orgullosos de nuestra condición humana. Para ello hay que respirar con ambas, caminar con ambas, actuar con ambas.

_____
(1)  “¿Qué remedio hay para no jurar en vano? R: Acostumbrarse a decir sí o no como Cristo nos enseña”. P. Astete (1537-1601): Catecismo de la Doctrina Cristiana.

(2) Ver La vida en dos tangos.

(3) Lenguaje: el otro como instrumento.

(4) Ver Spinoza: Toda determinación es negación.

(5) Ver ¿Qué nos diferencia de los animales?.

(6) Ver Tan lejos y tan cerca

(7) Ver Negatividad fecunda: el valor oculto. Ver también En busca del No.

(8) Para un resumen de los aspectos acerca del vacío tratados en este blog, ver El vacío y sus mil caras.

(9) Ver Pregnancia en Oteiza.

 

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2 thoughts on “Negar algo es como afirmarlo

  1. Para que tu amiga de la isla disfrute de esta preciosa transformación no era suficiente que su faceta puramente mamífera, primate se hiciese predominante, como ocurre con la maternidad -no digamos ya con la bimaternidad de las abuelas. Necesitaba además un espacio vacío (negativo) que le permitiese experimentar y saborear plenamente su nueva situación. Pero sobre todo, necesitaba de un instrumento -en este caso tú, ¡a 2500 Km!- que le explicase lo que le estaba sucediendo. Las personas, si no entienden lo que les está pasando, no lo viven plenamente. Así que ¡gracias por tu blog!

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