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Ascidia: nuestro primer cerebro

ascidiasEsta es la foto de familia de nuestro lejano antepasado, que nace con cerebro y lo pierde en el camino. Como algunos humanos en la actualidad.

500 millones de años después
Tuve un compañero de trabajo de veinte años; que, mientras me esforzaba en vano por enseñarle algo, me explicó que él ya había aprendido bastante para encontrar trabajo; y no necesitaba aprender nada más. Le dije que yo seguiría aprendiendo hasta que muriera, y me preguntó: “¿Para qué?” Eso fue el año anterior a la crisis que ha dejado sin trabajo a más de la mitad de jóvenes españoles.

Aunque la ascidia inicia su vida con 300 neuronas, éstas forman, como en todos los cordados, un sistema nervioso unificado. Llamarle “cerebro” ha sido una licencia poética, pero nuestro cerebro humano es justo así durante unos pocos días, cuando somos embriones. No es que sea propiamente un cerebro, pero llega a serlo a medida que sigue desarrollándose.

A diferencia de nosotros, los invertebrados como la ascidia no tienen sus neuronas distribuidas en dos lados, a izquierda y derecha. Por tanto, no serían capaces de distinguir lo nuevo de lo conocido y rutinario(1).

Ni siquiera creo que le dé tiempo a aprender nada. Tampoco podría reconocer ningún peligro ni la llegada de un depredador. Porque tarda entre unas horas y unos pocos días en su viaje a Ítaca. ¿Usa su cerebro para navegar?

Navegar sería mucho decir. Más bien se mueve al azar, empujada por la corriente, como las semillas de una planta dispersadas por el viento. ¿Para qué usa entonces sus neuronas? Para mantener un equilibrio extraño con la “cabeza” abajo y la cola arriba hasta tocar suelo firme. Sus neuronas sensoriales consiguen información de la luz (hacia arriba), de la gravedad (abajo) y táctil en la parte inferior, para reconocer el suelo al tocarlo. Mientras va moviéndose a la deriva, mueve la cola para mantener la orientación. Y en cuanto toca el suelo, se detiene, segrega un adhesivo para fijarse a la roca e inicia su adaptación a la vida sedentaria. Es como si se convirtiera en una planta. Ahora puede dedicarse al dolce far niente. Que le traigan el alimento a la boca y a empezar enseguida a reproducirse. Para llevar esa vida, no necesita cerebro.

La historia que nos cuenta la ascidia, tiene un comienzo humilde pero maravilloso. Sus células fronterizas, eukariotas como las nuestras, son capaces de moverse por un impulso eléctrico; pero también de transmitir el impulso recibido, para que su vecina también se mueva y a su vez lo transmita a la siguiente(2). Tiene células que ven la luz (ninguna imagen, pero sí la luz) y rápidamente se lo cuentan a sus vecinas. Otras que sienten la gravedad (aceleración) y también corren a contarlo. Somos entes tan sociales que nos comunicamos, no sólo con otros individuos, sino dentro de nosotros mismos. Nuestras células hablaban entre ellas muchísimos siglos antes de que nosotros aprendiéramos a hablar. Son como el móvil que llevamos encima, que también ve la luz y siente la gravedad y se muere por contarlo. Si no espabilamos, pronto nos tomará la delantera.

Me siento orgulloso de esas células habladoras que acabaron construyendo nuestro cerebro (y el del gato Lolo).

Pero no me siento orgulloso de Ascidia, esa tía-abuela bellísima, que renunció a moverse para convertirse en estatua, perdiéndose el seguir desarrollando su alma casi inmortal(3).

Al cambio que sufre la ascidia cuando se instala en su lugar seguro, los científicos lo llaman “metamorfosis retrógrada”, porque evoluciona hacia un marco más estrecho, con menos posibilidades. No necesita más, pero ella se lo pierde. Sus crías nacerán con cerebro, pero también lo perderán en pocos días.

Ver La isla del tesoro

Magritte

Y es lo que nos sigue sucediendo a los humanos 500 millones de años después. Aceptamos pasivamente los recortes y la pérdida de posibilidades, con tal de mantener la conexión intravenosa con algún espectáculo para el que no necesitamos pensar. Las ascidias se nos anticiparon en el desistimiento y también a los pájaros de Magritte que, al echar raíces se volvieron incapaces de volar(4).

Más no todos los cordados contemporáneos de la ascidia se comieron su cerebro. Algunos siguieron usándolo cada vez más y su sistema nervioso se diferenció en dos partes, una a la derecha y otro a la izquierda de su cuerpo, permitiendo por primera vez una doble manera de percibir el mundo. Esos son nuestros verdaderos antepasados. Pero la suya es otra historia -que contaré otro día- acerca de la época en que fuimos peces.

_____
Notas: La imagen de cabecera pertenece a http://es.wikipedia.org/wiki/Ascidiacea

(1) Ver Goldberg: Novedad y rutina en el cerebro.

(2) El profesor Luis Rojas Marcos ha dicho que las españolas son las terceras más longevas del mundo porque hablan mucho. “Al hablar, traducimos sentimientos a palabras. Estamos creando certidumbre, ya que al narrar y describir la situación, la organizamos. De esta forma, nuestra historia comienza a tener sentido”.
Estoy más que de acuerdo;  para eso escribo este blog. Y que a nuestras neuronas les sucede lo mismo, aunque ellas no tengan sentimientos, pero sí una cierta forma de sentido.

(3) “Alma casi inmortal” porque se desarrolla después de su muerte, en sus descendientes.

(4) Ver La isla del tesoro.

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