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La negatividad fecunda del Papa Francisco

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En su viaje de regreso a Roma desde Israel, a una pregunta sobre el celibato sacerdotal, el Papa Francisco ha vuelto a sorprender a todos con esta respuesta minimalista : “El celibato no es un dogma”.

No es la primera vez que lo hace. De regreso de Brasil, en una rueda de prensa improvisada, había respondido a una pregunta sobre “el lobby gay [del Vaticano]” con la frase: “Si un gay busca sinceramente a Dios, ¿quién soy yo para juzgarle?”.(1)

Hace unos meses (19/9/13) las revistas de la Compañía de Jesús publicaron una larga entrevista con el nuevo Papa. A la pregunta directa de quién es él (Jorge Mario Bergoglio), contestó: “No sé cuál puede ser la respuesta exacta… Yo soy un pecador. Esta es la definición más exacta”. A otra pregunta sobre la velocidad necesaria para acometer las reformas en la Iglesia, dijo lo que se convirtió en titular de la entrevista: “Jamás he sido de derechas”. En realidad, la frase pertenecía a una respuesta matizada y fuertemente autocrítica acerca de la prisa y autoritarismo  con el que, según sus palabras, actuó a los 36 años mientras ejercía de superior provincial de la Compañía(2).

Mientras escribo esto, veo que hoy mismo acaba de definir la piedad en negativo: no es cerrar los ojos, no es poner “cara de bueno”. En esta ocasión, también lo ha explicado en positivo: piedad es crecer en la relación con Dios y verter ese amor hacia los demás y a reconocerlos como hermanos. (4/6/14)

Parece que a lo largo de los meses no ha abandonado la pauta de describir una situación delimitando lo que “no es”. Yo diría que lo ha depurado. Sabe que sus palabras producen titulares y prefiere escribirlos él. Al fin y al cabo se trata de sus palabras. Pero ¿cómo funciona todo eso?

¿Por qué la negación?
Cada vez que niega algo, está abriendo una puerta. Cuando dice: “esto no es un dogma”. O “yo no soy quien para condenarle”. Enmarca la situación creando un espacio vacío para que otros intervengan. Es como si dijera a los demás: yo no me opondré; sois libres de decidir entre hacerlo o no. Negatividad fecunda. Es el acto primero antes de que emerja positivamente lo nuevo(3).

Y el acto primero de la magia, cuando lo que el mago tenía entre manos, desaparece y se crea un vacío, una expectación compartida entre mago y público(4).

Y es la habilitación como posible, de una posibilidad negada por la creencia dominante(5).

La libertad personal
La libertad tiene mucha historia entre los jesuitas. En el siglo XVI los dominicos les acusaron de herejía ante la Inquisición. No era una cuestión menor, porque durante los tres siglos anteriores, los dominicos habían enviado a la hoguera a muchos cristianos, tras aplicarles las torturas más atroces para que confesasen alguna desviación del dogma.

Los dominicos cuentan en su historia con grandes teólogos, entre ellos Tomás de Aquino, quien al separar el marco del Creador del de su Creación, abrió el camino a la ciencia y la sociedad laicas, que hoy nos diferencia radicalmente de las sociedades islámicas teocráticas. Pero la teología de Aquino abrió también la puerta al “Santo Oficio” de  la Inquisición; la obra más vergonzosa en la historia del cristianismo. Una tremenda paradoja, como las que cubren la historia humana.

Los teólogos dominicos defendían la intervención directa de Dios sobre cada criatura humana; lo que llamaban “gracia divina”. Lutero llevó más lejos esa idea con su concepto de “predestinación”. Para algunos protestantes, incluso en la actualidad, el futuro está escrito y sólo Dios lo conoce.

Pues bien, los jesuitas eran una especie de guerreros intelectuales al servicio del Papa para enfrentarse a los protestantes. En ese contexto, los jesuitas afirmaron que el hombre es libre para aceptar o rechazar la voluntad de Dios (y pagar las consecuencias de sus actos). Eso abría un vacío de indeterminación, un espacio opaco al poder de Dios. ¿Significaba que Dios no podría impedir que un día el hombre destruyera el mundo? Ahora sabemos que puede llegar suceder.

Y es una consecuencia de la separación formulada por Tomás de Aquino: Dios había creado el mundo, pero el mundo era cognoscible (y aniquilable) por el hombre.

Los dominicos veneraban a Tomás de Aquino, pero la osadía de estos jesuitas les pareció inadmisible. Y los denunciaron ante la Inquisición, con el apoyo del rey de España Felipe II.

El Papa (dos papas sucesivos) hubo de intervenir directamente para que jesuitas y dominicos no desencadenasen otra guerra interna en la Iglesia. Les permitió discutir sobre el tema, pero les prohibió acusarse mutuamente de herejía. No estaba el horno para bollos.

inquisidor_130x130Podemos imaginar el tono de aquellas discusiones viendo El nombre de la rosa, entre el franciscano Guillermo de Baskerville (Sean Connery) y el inquisidor dominico(6).

El valor del caso particular
Puesto que el propio fundador Ignacio de Loyola había empezado siendo detenido y procesado por la Inquisición, los jesuitas crecieron aprendiendo a navegar entre los afilados arrecifes de la Escolástica. Y desarrollaron una estrategia novedosa. Cuando los dominicos blandían un dogma, los jesuitas les contestaban: “Sí; pero….” centrándose en el caso particular. No ponían en cuestión los argumentos de sus oponentes, sino su aplicación al caso concreto que se juzgaba.

Para los escolásticos, las verdades generales se aplican sin más a cada caso. “Los gatos son negros” significa que todos los gatos son negros y, por tanto, si esto es un gato, tiene que ser forzosamente negro. Los jesuitas habían aprendido por propia experiencia que la realidad existente es infinitamente compleja. Y decían: Sin duda los gatos son negros, como las sagradas Escrituras nos enseñan; y esto que tenemos aquí parece ser un gato y parece ser negro; pero… observen hermanos que está saliendo de una carbonera y quizás no sea tan negro; y quizás ni siquiera se trate de un gato. Tal vez sea un lince cubierto de polvo de carbón. Centrémonos en el caso concreto. Eso es la casuística.

La estrategia consiste en desmontar lo universal mediante negaciones parciales en el terreno del suceso y el sujeto individual. No niegan el dogma pero niegan su aplicación a este caso particular –“si un gay busca a Dios, yo no soy quien para juzgarle”. Si este gato resulta no ser un gato y sale de una carbonera, no debemos juzgarlo como gato negro.

Creo que siempre que podían, los jesuitas contaban una historia(7). Aunque no pareciese una historia (algo parecido a “un gato sale de una carbonera”; ¿pero es realmente negro o sólo lo aparenta? Y ¿es realmente un gato? Toda una historia de suspense, digna de Alfred Hitchcock. El dogma puede que siga siendo el dogma, pero al final hemos salvado al gato. Les presento a Francisco, el primer Papa jesuita.

Para los escolásticos, que seguían a Aristóteles, esta clase de argumentos son sofistas, es decir, tramposos. Y les ponen frenéticos. Para los protestantes, aún hoy día “jesuita” significa “persona de dos caras”. En cambio, para Voltaire (alumno de los jesuitas, como Descartes), el pecado de los jesuitas era el orgullo, la vanidad y la soberbia, al creerse (¿o saberse?) superiores a los demás.

El caso de Francisco
No parece que Francisco sea orgulloso, altivo o vanidoso. De momento parece tan franciscano como jesuita, tan humano como sacerdote y tan budista como cristiano.

Lo que para mí no tiene duda es su inteligencia. Y creo firmemente que un líder político o religioso debe ser inteligente. (Aunque eso no baste).

Y que no se trata meramente de inteligencia, sino de inteligencia espiritual(8). Francisco es un artista que no sólo usa la palabra, sino su cuerpo. Lo suyo es la estética existencial(9). Minimalista, eso sí. Pero no es una actuación, porque lo está viviendo; como cualquier experto en lenguaje corporal podrá confirmar.

De momento creo que está ganando tiempo y creando espacios transitables, en donde sólo había maleza acumulada de siglos.

Pero ¿bastará con eso? Al fin y al cabo, es jefe absoluto de la Iglesia Católica. Si pasa mucho tiempo sin que tome decisiones, otros las tomarán por él.  Pero ¿quién soy yo para juzgarle? si ni siquiera creo en Dios…

_____
(1) Ver El Papa Francisco y los gays.

(2) El País 19/9/13  El Papa: Jamás he sido de derechas

(3) Ver Negatividad fecunda: el valor oculto.

(4) Ver El acto de magia: el Prestigio.
–     Ver también El origen de la magia en el niño.

(5) Acerca de las posibilidades negadas y su habilitación por el autor de ficción, ver El acto de leer.

(6) La película El nombre de la Rosa está situada dos siglos antes de que se fundase la Compañía de Jesús.

(7) Ver Contando historias.

(8) Ver Inteligencia espiritual.

(9) Ver Estética existencial.

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12 thoughts on “La negatividad fecunda del Papa Francisco

  1. Excelente entrada, estimado José Luis. Muy sobria y justa. De los análisis que hacen falta sobre personajes clave de la historia reciente y actual.

    Saludos desde México.

  2. Qué interesante, Jose Luis. Como siempre! Efectivamente, juicios no tienen sentido, pero lo que está claro es que a nivel de análisis es muy interesante la lectura que haces del lenguaje del Papa, como ese espacio que deja el ser que no puede ser nombrado del taoísmo, o el ser de Heidegger, o las cajas vacías de Oteiza […] ¡Gracias por tu entrada! Beatriz

  3. José Luis, me produce una cierta irritación que hagas tal derroche de inteligencia y de generosidad por cuatro frases del Papa. Frases, por otra parte, tan poco comprometidas, diría incluso tan “a la gallega”. ¿Negatividad fecunda? Lo sería si no fuera porque el Papa sabe perfectamente que no va a “emerger positivamente lo nuevo” de todos los Roucos que tiene repartidos por el mundo. Así que de todas sus preguntas y de todos sus vacíos emergen las mismas respuestas y exabruptos de siempre. Lo único que me parece es que el Papa ha elegido el papel de “el bueno” de la película. Pero dejando intacto el guión. De este modo su personaje de “bueno” luce todavía más en medio de la siniestrez eclesiástica.
    Es un jesuita listo y hasta simpático. Sabe que no le queda tiempo para cambiar la iglesia, pero aprovecha el que tiene para encumbrar su personaje.
    Un placer leer tu post, de verdad. ¿Pero las (no) declaraciones del Papa…?

    • Reconozco que tu interpretación es tan plausible como la mía, incluso más, teniendo en cuenta la historia de la Iglesia Católica. El tiempo pondrá las cosas en claro: lo bueno y lo malo de lo nuevo. Por eso mi último párrafo dice: “Si pasa mucho tiempo sin que tome decisiones, otros las tomarán por él”. Después de las declaraciones comentadas en este blog, en una entrevista que difundió una cadena de TV española, dijo: “me gustaría que se dijese de mí: fue un buen tipo, que hizo lo que pudo”. No es suficiente, para alguien que ha aceptado una responsabilidad tan importante. Así que la historia no acaba aquí. Porque el tiempo es inexorable.

      • José Luis, olvida mi anterior comentario porque es una vulgaridad que no se corresponde a la sutileza de tu post.
        Si disfruté con tu derroche de inteligencia al referirte a la ascidia, ¿por qué no hacer lo mismo cuando hablas del Papa? Mea culpa, lo reconozco.
        Por favor, sigue sorprendiéndonos con tus pensamientos.

      • Pues a mí me parece muy bien que esté ahí tu comentario. Es como una apuesta acerca de lo que puede suceder. Un fuerte abrazo.

  4. Buenas; sólo comentarte que acabo de llegar por casualidad a este post,y aparte de decirte que estoy de acuerdo con lo que dices, sí creo de verdad que ya estamos más en las obras que en las palabras.

    Vamos a ver la cosa un poco “desde arriba”. Tú eres un señor con unas ideas X que llega a Papa. Imaginemos que quieres hacer una serie de cambios. Tal y como lo veo yo, tienes dos opciones: hacerlas a lo rápido a base de Ex-Catedras, que creen una división importante en tu Iglesia y que además, una vez muerto el siguiente puede deshacer todo con la misma velocidad con las que tú lo has hecho, o tienes la opción de hacerlo bien, buscando la sinodalidad, porque un papa puede deshacer la revolución de un papa anterior; pero no veo que deshaga lo dicho por un papa y con el apoyo de un Sinodo de Obispos. Por eso, la parte “no doctrinal”, la está haciendo rápidamente (parte económica), y la parte sustancial, la de teología, la de Fe, la va a hacer con buena letra; porque es la única forma de que sea viable y con cierta perspectiva de mantenerse.

    A mí todo esto que se dice a veces de “tiene que hacerlo todo y ya y si no lo ha hecho ya es porque no quiere”, me parece un argumento…flojo. Sobre todo tratándose de una institución como la Iglesia Católica.

    Enhorabuena por tu blog!

    • Estoy de acuerdo. Me parece enriquecedora tu distinción entre la parte económica [material] y la doctrinal [espiritual] con sus tiempos diferentes. Muchas gracias.

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