cerebro

Izquierda y derecha

izquierda_dcha_escudo_espada_0La mayoría de los vertebrados, incluidos los humanos, detectan un peligro inminente con la parte del cerebro que controla el lado izquierdo del cuerpo. Este guerrero griego se defiende por la izquierda del ataque inesperado de una amazona.

Resumen de los 3 posts anteriores
La tríada hegeliana es la estructura fundamental del movimiento dialéctico, donde las historias cobran su sentido.

Los tres momentos de la tríada se convierten en dos, en movimiento espacio-tiempo, como un huevo, en frágil equilibrio inestable y asimétrico.

La Estética existencial como proceso, explica cómo ese juego (e-t) se despliega en un flujo continuo específicamente humano.

En el post actual, veremos que el flujo se convierte en los humanos en una oscilación entre izquierda y derecha.

La clave la encontramos en el Partenón de Atenas. O sea, en el Museo Británico de Londres, que es donde los ingleses trasladaron los frisos del Partenón.

Lo nuevo puede ser conocido o desconocido. Cuando es conocido, porque ya lo hemos vivido, podemos reutilizar soluciones aprendidas. Pero antes que otra cosa, lo nuevo que me sucede es bueno o malo(1). Si es bueno (como un alimento disponible) no hay prisa. Pero si es malo (un depredador que se me viene encima) no hay que perder ni una décima de segundo: “El miedo guarda la viña”. Por eso, la parte del cerebro especializada en lo nuevo, tiende a confundir lo nuevo con lo malo. Hay animales, sobre todo aves, que duermen con un ojo abierto: el izquierdo, por si algo malo se presenta.

izquierda_dcha_escudo_espada_1Así este guerrero, tomado por sorpresa y en postura comprometida, reacciona inmediatamente por la izquierda. Para eso lleva el escudo en su brazo izquierdo, como todos los diestros. En situaciones límite, la vida se juega en un instante.

izquierda_dcha_escudo_espada_2El escudo parece un arma defensiva y de hecho lo es. Espacial, extenso, resistente a los golpes y a la perforación. Pero también es un arma de ataque inmediato. Lo que le hace peligroso es lo que tiene de doblemente inesperado. Porque el adversario lo recibe cuando menos lo espera y por su lado derecho, menos preparado a la sorpresa.

Me refiero a los diestros, la mayoría de individuos. Algunos boxeadores disponen de un temible gancho de izquierda sin ser zurdos. Pero también existe una minoría de zurdos, porque la naturaleza nunca apuesta todas las fichas al mismo número. Si los diestros están diseñados genéticamente para reaccionar instintivamente por la izquierda, los zurdos hacen lo mismo con la derecha y descolocan al enemigo “rizando el rizo”.

izquierda_dcha_escudo_espada_3Izquierda y derecha se articulan en una sucesión de acciones: defensa-ataque; recibir-golpear. Que podríamos identificar como espacio-tiempo, por la funcionalidad espacial del escudo y la temporal de la espada o de la lanza. En este bajorrelieve el guerrero combina las dos armas y ambos lados del cuerpo.

simetria bilateralLateralidad del cuerpo y del entorno
Desde hace 500 millones de años, los vertebrados tenemos un cuerpo y un sistema nervioso distribuido simétricamente a ambos lados de un plano vertical, que se conoce como sagital. También el cerebro está dividido en dos hemisferios, cada uno de los cuales controla el lado opuesto del cuerpo.

¿Por qué tantos organismos de la Tierra se hicieron bilaterales? Porque el devenir (la evolución) parece regirse por una ley que diría más o menos: “Dos se convierten en uno, pero uno se convierte en dos, que nacen conectados entre sí y colaboran, pero también compiten por salirse con la suya”. Esa ley podría ser el Logos al que se refería Heráclito(2).

Las dos partes del cuerpo son iguales, simétricas, pero también son diferentes. Esa diferencia las enriquece mutuamente; pero también las puede llevar a la destrucción mutua, al anquilosamiento o a la subordinación de una a la otra.

Todo eso ha sucedido y, a más complejidad, peores consecuencias. Muchos mamíferos son neuróticos o depresivos. Pero sólo los humanos somos además psicóticos o psicópatas(3).

También está el asunto de los marcos(4), o sea, de los límites(5) de toda situación. Lo que es bueno dentro de un marco, se vuelve malo fuera de sus límites. Y a la inversa, lo que era bueno se vuelve malo y lo que era malo se vuelve bueno. Lo que era lógico se vuelve paradójico; y lo que era paradójico(6) se vuelve contraparadójico, trascendiendo sus límites y convirtiéndose en normal(7).

Lateralidad del cerebro
Todo esto sucede en la naturaleza física (geológica) y en las relaciones ecológicas entre especies biológicas y entre individuos de la misma especie. Así que el cerebro, que tiene que funcionar en semejante barullo, ha encontrado una salida al problema de cómo ser uno y dos, no exactamente al mismo tiempo, sino en momentos sucesivos: una especie de semáforo: ahora paso yo y luego tú. Izquierda, derecha, izquierda, derecha.

Por la izquierda, como he dicho, reaccionamos al instante. En un instante el tiempo parece detenerse y lo que cuenta es el espacio. Por la izquierda sintetizamos en ese momento el patrón espacial y decidimos: bueno o malo, amigo o enemigo, permanecer quieto, huir o atacar. Todo en el mismo instante y por la izquierda.

Si no hay peligro inminente, el hemisferio de lo inmediato, espacial y visceral, cede el control al otro lado, el hemisferio frío, analítico y temporal. “Temporal” significa a lo largo del tiempo, es decir, en repeticiones. Por ejemplo, si el guerrero griego es atacado por sorpresa, se refugia tras su escudo o reacciona visceralmente usando el escudo para golpear inesperadamente al adversario. Pero si tiene tiempo, deja al lado derecho que calcule la distancia y posición del enemigo; y use su lanza o espada que empuña con la mano diestra, para asestar un calculado golpe al objetivo. O una serie de golpes rítmicos, como cuando clavamos un clavo con un martillo o abrimos una zanja con un pico(8).

Además, la mano derecha se ha hecho muy lista desde que aprendió a utilizar instrumentos y, luego, a construirlos. Eso permitió al cerebro hacer dicotomías objetivas, es decir, ideas absolutas (independientes del sujeto). Y con ellas, clasificar, jerarquizar, calcular, contar, medir… Y comunicarse c0n otros miembros del grupo a través de signos articulados. Y pensar con esos signos(9).

Con todo ese bagaje, el hemisferio del cerebro que controla el lado derecho (el listo, ejecutor y razonador) se hizo cada vez más dominante. Y de hecho le llamamos así: “hemisferio dominante”, como si fuese un rey por derecho de sangre. Aprendió a someter a su otra mitad impidiéndola intervenir. O sea, “reprimiéndola” como Freud descubrió. La mano derecha convirtió a la izquierda en la “mano tonta”. Los humanos somos neuróticos porque mantenemos nuestra salud mental reprimiendo y olvidando lo que nos resulta desagradable. Los que no están neuróticos, están mucho peor.

Una mente bien educada para reprimir lo malo y aceptar la belleza de este mundo que estamos construyendo, se considera,  por lo común, una mente cuerda. La secuencia de la que hablaba arriba (izquierda, derecha, izquierda, derecha) tiende a convertirse en un desfile de moda o en un desfile militar. Depende del grado de sumisión del lado izquierdo al derecho.

El paradigma de la modernidad
Ya los romanos convirtieron aquella lateralidad natural de los griegos, en una máquina moderna. Ellos fueron los norteamericanos de hace veinte siglos.

escudos_romanos

Manípulo romano en formación de tortuga

Racionalizaron el lado izquierdo, eliminando sus contradicciones. Transformaron sus escudos redondos en rectángulos curvados, del tamaño justo para formar una coraza colectiva para cualquier unidad militar. Así perdían la iniciativa del guerrero individual, pero ganaban en protección estática.

Pero no permanecían quietos mucho tiempo. La batalla es movimiento. Para ello transformaron el uso de la espada. La acortaron para moverla entre los escudos, los soldados de primera fila, rítmicamente, todos a la vez, atrás y adelante, como una única cuchilla de muchos filos, que funcionaba como una segadora en el movimiento de avance.

En resumen, como guerreros individuales, los legionarios romanos era peores que los griegos clásicos y bárbaros. Pero en formación eran (casi) invencibles.

En el mundo moderno, con la racionalización del trabajo, de la guerra y de la vida cotidiana, se ha modificado profundamente nuestra relación con el entorno y de cada uno consigo mismo. Eso ha tenido muchas ventajas y también inconvenientes.

Adaptarse y morir
La adaptación a la naturaleza tiene también sus desventajas. La naturaleza no es una madre amorosa, sino implacable. Quien no se adapta, perece. Pero el más adaptado, tampoco sobrevive a los cambios del entorno. La naturaleza es el tiempo, que crea el espacio futuro vaciando el actual. Cronos se come a sus hijos, haciendo sitio para sus nietos.

Además, la división bilateral de mi cuerpo y mi sistema nervioso, proyecta su división sobre el mundo circundante. Lo cual es un problema, porque ni soy el centro de cuanto me rodea, ni el mundo circundante está ordenado de un modo a mi derecha y de otro distinto a mi izquierda. El ser bilaterales nos convierte en egocéntricos, narcisistas; y el narcisismo extremo, en psicópatas.

El racionalismo nos libra de esas contradicciones. Pero ¿a qué coste? Al coste del pensamiento único y de la pérdida de la diversidad, de la contradicción creadora. Sólo siendo algo inadaptados podremos adaptarnos a los cambios.

Seguimos, pues, necesitando la doble mirada con la que fuimos diseñados: que nuestra mirada izquierda ilumine la mirada diestra; que la “mano tonta” deje de ser una tonta sumisa.
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(1) Ver  Goldberg: Novedad y rutina en el cerebro.
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(2) Ver El logos de Heráclito, precursor en occidente de la la filosofía dialéctica.
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(3) Ver Humpty Dumpty el narcisista. Huevo por su fragilidad, esférico por su suficiencia.

(4) Goffman: marcos de referencia.
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(5) Los límites, que enmarcan una situación.

(6) Ver Paradojas: Se acabaron las alegres y confiadas mañanas.
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(7) Ver Watzlawick: El lenguaje del cambio. La comunicación que reenmarca una situación insostenible.

(8) Homínidos: golpe a golpe. La acción negativa que empezó a humanizarnos.
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(9) Ver ¿Qué nos diferencia de los animales?. Un lento y errático camino.

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3 thoughts on “Izquierda y derecha

  1. ¡Ojalá tuviese una prosa tan florida como la de Jorge Enrique para expresar cuánto me ha gustado este post! Pero no la tengo… sólo puedo decir que me ha encantado.
    Ha habido una frase, perdida entre otras más interesantes, que me ha hecho pensar en un rasgo que divide casi en dos a la humanidad. Es esta: “la parte del cerebro especializada en lo nuevo, tiende a confundir lo nuevo con lo malo”. Teniendo en cuenta que los humanos nos dividimos por partes iguales entre conservadores -reacios a todo lo nuevo- y progresistas dispuestos a abrazar con entusiasmo cualquier novedad, ¿podría deberse a que unos y otros se rigen preferentemente por hemisferios distinos del cerebro? ¿y cuál de las dos mitades de la humanidad sería menos neurótica?

    • No lo sé; siempre intervienen las dos partes, cada una en respuesta a la otra. También se dice que hay una edad para ser revolucionario, otra para progresista moderado y otra para ser conservador. Supongo que todos somos de izquierdas y derechas aunque no lo sepamos. Sea como sea, creo que has tocado el corazón de este blog: lo más oscuro y difícil (para mí). Es decir, quién soy, quiénes somos o qué somos. Lo que veo más claro cada día, es cuán poco nos diferenciamos de los otros seres vivos y -en aquello que nos diferenciamos- qué cerca estamos (los neuróticos) de los psicóticos y de los psicópatas, de los ángeles y de los demonios. Volvemos a nuestra conversación de hace veinte años…

    • Goldberg dice que el hemisferio derecho (HD) confunde lo nuevo con lo malo. Pero ese mismo HD reconoce la presencia de un amigo y nos hace reaccionar con alegría. Se me ocurre otra distinción: los dos sentidos del verbo “querer”. Cuando queremos a alguien, lo sentimos y nos comportamos instintivamente con el HD. Pero cuando queremos algo (hacer algo u obtener algo de alguien) lo estamos procesando por el otro lado, instrumental, dirigido a un objetivo y buscando el éxito. Así que la frase de Wendy “Quiero no quererte…”, que cito en otro lugar de este blog, es una paradoja pragmática, producida por una diferencia entre ambos lados del cerebro (entre las dos miradas). El hemisferio dominante tiene un objetivo y, para conseguirlo, requiere el bloqueo de cierto sentimiento percibido por el otro hemisferio, que se ha convertido en un obstáculo. Así que triunfa la razón o, en palabras de Wendy: “…y tengo mucha fuerza de voluntad”.

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