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Uno se convierte en dos

Mao_2¿“Uno se convierte en dos” o “Dos se convierten en uno”? Seguramente, ambas cosas son posibles, según la situación. Pero cuando Mao se hizo inmortal en vida, la frase “Dos se convierten en uno”, que defendía la posibilidad de consensuar las discrepancias, pasó a ser considerada una herejía. La dialéctica quedó reducida a una lista de jaculatorias. ¿Cómo se había llegado a eso?


Mao niñoMao Zedong tuvo desde pequeño mucha afición a la lectura. Nació en una familia de agricultores acomodados. Y aunque a los 18 años sirvió en el ejército durante la revolución que derrocó al último emperador, volvió luego a la escuela, graduándose en 1918 y trasladándose a Pekin, en cuya universidad siguió estudiando a tiempo parcial y trabajando como auxiliar en la biblioteca. Eso le permitió dedicar más tiempo a leer y a la actividad política en la órbita del naciente partido Comunista Chino. Tuvo acceso a eruditos en pensamiento chino tradicional y a libros como El arte de la guerra de Sun Tzu(1). Pero también a los escritos de Marx y Lenin, facilitados por los soviéticos, que le descubrieron el materialismo dialéctico. De esta manera, cuando entró en el Partido Comunista Chino, destacó en seguida como teórico, hasta llegar a convertirse en un líder.

En esos años, la política en China se hacía con las armas; y los enemigos se convertían en aliados; y, más tarde, de nuevo en enemigos. No había que saber leer para vivir situaciones paradójicas: Dos se convertían en uno, cuando los republicanos del Kuomintang, que hoy perseguían a los comunistas, mañana se unían a ellos para combatir a los japoneses. Y también uno se convertía en dos cuando, al rendirse los japoneses, los aliados de ayer volvían a convertirse en enemigos mortales. Cada poco tiempo, todo se volvía del revés; y es que por todas partes imperaba la lucha -y también la unidad- entre contrarios(2).

Si en el tiempo las cosas se enredaban, en el espacio, tampoco eran más simples. Cuando Mao escribió “China es un gran país” (en su introducción a la guerra revolucionaria), no se refería a su grandeza histórica, sino a que China es un país muy extenso. Como tuvieron ocasión de comprobar los comunistas durante la Larga Marcha, cuando se vieron obligados a atravesar China perseguidos por el ejército republicano. Resultaron casi exterminados. Pero los pocos que sobrevivieron, se convirtieron en el duro y flexible núcleo militar que llegaría a tomar el poder que aún perdura en la China actual.

Durante esa marcha, Mao tuvo ocasión de aplicar las doctrinas que Sun Tzu había establecido tres mil años antes. Y esas reglas aún hoy se reconocen por las palabras que empleó Mao: “Cuando el enemigo avanza, me retiro, cuando descansa, le hostigo. Cuando se retira le persigo” (3).

Mao 1935Analizar la situación paticular
De sus 34 años datan sus primeros escritos considerados importantes. En esta fotografía, Mao tenía 42 años y sabía por experiencia que las situaciones particulares podían ser muy complejas y lo peligroso que resulta simplificarlas. Escribió que el marxismo leninismo debía aplicarse a los casos concretos y situaciones específicas, analizando cada situación particular con sumo cuidado.

En 1947, en una serie de artículos sobre cómo aplicar la reforma agraria, escribió: “Si algún trabajador de la reforma agraria está en desacuerdo con los 40 artículos y quiere sabotearlos, la mejor manera de hacerlo es poniéndolos en práctica en su propio pueblo exactamente como dice aquí. No estudies tus circunstancias locales, no adaptes las decisiones a las necesidades locales, no cambies nada y fracasarás rotundamente”. Esa importancia del caso particular, Mao la había aprendido de Lenin, el cual la había descubierto (y reconocido) en Ignacio de Loyola, fundador de los Jesuitas(4).

La época fecunda de pensamiento crítico de Mao duró mientras luchó contra fuerzas muy superiores.  A los 50 años logró el poder absoluto en el PCCh. A los 56 llegó al poder absoluto en China continental. A partir de entonces, el culto político-religioso a su persona creció fuera de toda medida.

Y así como una ascidia(5) se come su cerebro cuando encuentra una roca a la que anclarse, Mao malgastó su cerebro para no perder el poder. Como Stalin, Hitler, Pol Pot y todos los tiranos del siglo XX o de siglos anteriores. Ya lo habría dicho el maestro Yoda hace miles de años en una galaxia lejana: “El miedo es el camino al lado oscuro”.

En 1956, a los 63 años, Mao dedujo de las declaraciones de Nikita Jrushchov ante el PCUS, que la Unión Soviética iba a claudicar ante el imperialismo. En consecuencia, ya sólo él tendría la razón. Lo que quedaba en China de pensamiento marxista-leninista o de dialéctica o aún de pensamiento racional, fue reemplazado por un pensamiento único: el “pensamiento del Presidente Mao”.

Que florezcan cien flores
Cuando tenía 64 años, Mao lanzó el Movimiento de las cien flores. Una campaña alentando a que cada ciudadano chino expresase su opinión sobre todo, incluso sobre el gobierno de China. Los (pocos) incautos que se atrevieron a hacerlo, tuvieron tiempo de arrepentirse en la cárcel, sometidos a interminables cursos de rehabilitación mental.

El Gran Salto Adelante
A la campaña de las flores siguió una nueva campaña de masas, para alcanzar en poco tiempo el desarrollo productivo de occidente. El motor para ese gran salto era naturalmente el pensamiento del Presidente Mao, reproducido hasta el infinito en libros y consignas. La idea es que su pensamiento florecería en millones de cerebros (las “masas”), produciendo resultados mágicos; una especie de “inteligencia de enjambre” capaz de superar a cualquier inteligencia conocida.

Un ejemplo fueron los hornos de fundición familiares. Cada familia construiría su horno doméstico de fundición de acero. Y millones de tales hornos crearían la gran siderurgia de la nueva China. Si alguien se encontraba con alguna dificultad, podía contar con el librito de citas del Presidente Mao, para resolverla de inmediato. Naturalmente, nadie se atrevió a decir que aquello era una solemne tontería.

Podría habérsele ocurrido al propio Mao, si se hubiera detenido a leer lo que él mismo había escrito diez años antes, acerca de lo específico de cada caso particular. Pero la dialéctica se había convertido ya en una lista de recetas mágicas que nadie entendía, pero a la que todos veneraban (o aparentaban venerar).

El resultado del Gran Salto Adelante fue mucho más horrible de lo que cualquiera hubiera podido imaginar. Entre 15 y 36 millones de personas murieron de hambre. La mayoría de ellos, campesinos; y no porque se produjeran pocos alimentos, sino porque éstos eran enviados a la Unión Soviética en pago de las deudas contraídas, o a las ciudades. O eran mal distribuidos.

La Revolución Cultural
A los 73 años, Mao fue apartado del poder efectivo a causa de las consecuencias de el Gran Salto Adelante. Pero, fuera de los cuadros superiores del Partido, siguió estando considerado como un dios. Entonces, con la ayuda de su mujer Jiang Qing y de Lin Piao -el hombre más poderoso en el ejército- promovió la Revolución Cultural (1957-1960).

Se formaron Comités Populares de obreros, soldados y cuadros del partido, como órganos de doble poder popular. En esta época, Mao ya no tenía contacto con el mundo exterior, salvo sus recorridos en tren privado en el que recorría China. No le preocupaban las consecuencias de sus propias decisiones arbitrarias.

Las Citas del Presidente Mao (el Libro Rojo”) eran ya pura magia, supuestamente capaz de crear una una supermente colectiva:

“Newton fue superada por Einstein, y Einstein fue superado por las nuevas enseñanzas presentadas por las masas en la Revolución Cultural”.

Ya no se trataba de fabricar hornos de acero domésticos. Ahora el universo -el cosmos- se abría como una flor inmensa ante el pensamiento Mao, encarnado en las masas. Los carteles de esta época reflejan de adónde llegaba el fanatismo. La mitad de los carteles muestran personas felices, que miran al infinito, gozosos de lo que ven en el futuro luminoso que tienen por delante.

revolucion cultural 2Como este joven trabajador, que acaba de descubrir en el libro de citas del Presidente Mao que “uno se convierte en dos”. Ah, pues ¡ya está todo resuelto!

Pero ¿qué quiere decir que uno se convierte en dos? Que todo es una lucha a muerte hasta que una parte -la correcta- elimina a la otra parte -la errónea : “La teoría de ‘integrar dos en uno’ es una filosofía reaccionaria para restaurar el capitalismo”. Así de simple.

revolucion cultural 1Por supuesto, tras llegar a esa solución, ya no puede uno sentirse muy feliz. Hay que andar muy enfadado y dispuesto a  eliminar a cualquiera que mantenga el pensamiento erróneo. Si es otro estudiante, por ejemplo, se le puede tirar por la ventana (como hicieron los jóvenes guardias rojos con el hijo del secretario general del partido Deng Xiaoping, acusándole de capitalista).

Por consiguiente, la otra mitad de los carteles, muestra jóvenes que siguen mirando al futuro, pero con el ceño fruncido y la mirada cargada de justo odio. Otro detalle: estos hombres y mujeres tienen las dos manos ocupadas. La mano derecha empuña casi siempre un arma; la mano izquierda -siempre- el libro rojo de Mao.

Jorge Oteiza(6) solía repetir que no se puede ir por el mundo con las manos ocupadas. Que hay que tener las manos libres -y especialmente la izquierda- para la respuesta instintiva y libre. Eso es estética existencial (7). Los estudiantes tienen que estudiar los libros, pero en algún momento hay que dejar el libro que se sostiene en la mano y empezar a pensar por sí mismo.

La “larga marcha” del pensamiento Mao siguió el camino opuesto: empezó pensando por sí mismo con ayuda de los más dispares libros de oriente y occidente y animando a otros a sacar sus propias conclusiones de cada caso particular. Y terminó en un pensamiento cristalizado, convertido en librito de citas, que todo el mundo debía aprender a recitar de memoria, como en cualquier secta religiosa.

Ningún especialista en dialéctica marxista ha escrito nunca que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Esto lo dijo un historiador católico británico conocido por Lord Acton en 1887.

La dialéctica(8) debería ser un antídoto para el pensamiento doctrinario. Todas sus “leyes” son paradojas(9). Nos recuerdan que la realidad, a veces, no es lo que parece: que dos pueden ser uno. Que uno puede ser muchos; o llegar a dividirse en muchos. Que los contrarios pueden llegar a ser lo mismo. Y que al enfrentarnos a nuestros enemigos podemos estar aprendiendo lo peor de ellos y convirtiéndonos en algo peor incluso que ellos mismos.

La historia de la humanidad está llena de ejemplos y no deja de aportarnos otros cada día. Acerca de estas paradojas en la sucesión de tiranías y revoluciones, ver el vídeo: El precio de la Libertad
_____
(1) Ver Sun Tzu: aprovechar lo negativo.

(2) Ver Unidad de los contrarios.
.

(3) Ver Sun Tzu, citas.
.

(4) Ver La negatividad fecunda del Papa Francisco.

(5) Ver la Ascidia: nuestro primer cerebro.

(6) Ver Jorge Oteiza.
.

(7) Ver Estética existencial.
.

(8) Ver La tríada hegeliana.
.

(9) Ver Paradojas: Se acabaron las alegres y confiadas mañanas.

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4 thoughts on “Uno se convierte en dos

  1. Muchas gracias por este descubrimiento. Tu post no sólo conecta con éste, sino que lo amplía y enriquece, un año antes de que fuese escrito. Qué preciosa la referencia a los mosquitos, cuya mera existencia contradecía las posibilidades negadas por el marco de pensamiento único. Me los imagino zumbando por la noche en los sueños del viejo Mao.

  2. ¿No podría decirse que Mao comprimió en unas pocas décadas el mismo recorrido siniestro que las iglesias monoteístas hicieron a lo largo de siglos? Todas ellas, en algún momento de su historia, convirtieron “uno en dos”, con la consiguiente eliminación del “contrario”. La imagen del maoista con un arma en la mano y el libro rojo en la otra no difiere en nada a la de los cruzados cristianos, espada en una mano y biblia en la otra. O de los islámicos, si sustituimos la Biblia por el Corán. O de los judíos actuales de Israel, con misiles en una mano y la Torá en la otra.
    El totalitarismo soviético, el nazismo y el maoismo serían, de algún modo, las tres últimas “religiones monoteístas”. Con un horror más rápido y expeditivo. Imperativo de los tiempos, supongo.

    • Seguramente. Algunos sociólogos llaman a esos sistemas “religiones políticas”. Y Nietzsche ya previno de cualquier intento de sustituir a Dios por el Pueblo, la Libertad, el Proletariado, etc.

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