poder

Mildred, servidumbre humana

Mildred_600x600Muchos saben quién fue Mildred Rogers.
Bette Davis, la mala de la película. La mujer fatal, capaz de convertir a un hombre en un muñeco roto.
Pero ¿de dónde provenía su poder?

Mildred no es bella. Vulgar, casi analfabeta, egoísta, desagradecida, maleducada, estúpida, intratable. ¿Cómo podría alguien enamorarse de ella? Philip Carey lo hace. Apasionadamente, con un amor loco. Descubre que tras la dureza se oculta una extrema fragilidad. Quiere ayudarla, entregarle su vida.

Cuanto más le desprecia ella, Philip mejor comprende cuán necesitada está ella de su cariño. Él es el único que puede dárselo, porque es el único que la conoce de verdad. Pero Mildred resulta inaccesible para él. Para otros, no lo es tanto. Le deja plantado para irse con un viajante que le ha prometido casarse con ella. Pero ya estaba casado y la abandona tras dejarle embarazada. En otra ocasión se va con un estudiante porque es guapo y divertido.

Pero siempre retorna a Philip. Aunque enseguida vuelve a humillarle y a burlarse de él. No puede evitarlo. Como el escorpión del cuento, está en su naturaleza.

En 1915 W. Somerset Maugham publicó su novela “Of Human Bondage” (Servidumbre humana). En 1935 fue llevada al cine protagonizada por Bette Davis y Leslie Howard y distribuida en España con el nombre “Cautivo del deseo(1).

Cautivo ciertamente, pero de qué deseo? Philip está enamorado; la quiere y desea protegerla de esos indeseables que se aprovechan de ella para luego abandonarla. Él nunca haría eso. La respeta; desea lo mejor para ella.

Un siglo antes que Somerset Maugham, el filósofo Hegel describió la dialéctica del amo y el esclavo como fuente del poder.

Hegel: Dialéctica del amo y el esclavo (2)
Para Hegel, lo que hace que un hombre se convierta en amo o en esclavo, no es una cuestión de dinero, o de violencia. Es que uno está dispuestos a arriesgar su vida y el otro no.

Hegel presenta el origen del poder social como relato mítico de una lucha a muerte entre dos seres conscientes. De ellos, el que no está dispuesto a arriesgar su vida se convierte en esclavo. “Sólo arriesgando la vida se mantiene la libertad” dice Hegel. Todos los románticos estarían de acuerdo en eso. Yo también, aunque precisando: en situaciones límite, sólo arriesgando la vida se mantiene la libertad.

Pero ¿qué hay de la otra parte? ¿Qué es lo que convierte a alguien en amo? Según Hegel, el estar dispuesto a perder la propia vida. Muy al contrario, diría yo, en tiempos de Hegel y en cualquier otra época, lo que un esclavista está dispuesto a sacrificar, es la vida de los otros; no la suya propia. Un príncipe y un general, a quien mandan a la muerte es a sus soldados. Ellos mismos permanecen detrás, en su palacio o en lo alto de la meseta contemplando de lejos la batalla, tras enviar a sus tropas a terrenos de muerte, a luchar a la desesperada(3).

Kojève: desear el deseo del otro (4)
En su Introducción a la lectura de Hegel, Alexander Kojéve interpreta este pasaje como una lucha por el reconocimiento. Visto así, Philip no desea a Mildred; lo que él desea es el deseo de Mildred. Esto es, ser deseado por ella y reconocido como ser humano. Pero no lo consigue, porque cuanto más desea él estar cerca de ella, ella menos lo desea. Así que el título en español “cautivo del deseo” no es tan malo como parece a primera vista.

El amor incondicional de Philip, da a Mildred la experiencia del poder absoluto, mientras ella no le corresponda. Al entregarse a ella, él se pone en sus manos. No es que le dé ese poder de elegir entre corresponder o no a su amor. Ella tendría en todo caso ese derecho. Mildred ejerce el poder al retener la respuesta. Siempre responde desviando la cuestión: “No me importaría” (5); algo que desespera a Philip. Las vacilaciones de ella le confieren más y más poder sobre él y la conducen a tratarle con más desprecio. Mientras él se aboca a una sumisión miserable.

Es una doble paradoja. Philip sigue amando a Mildred a pesar de conocer su debilidad y precisamente por eso se cree indispensable. Mildred necesita el amor y reconocimiento de alguien que para ella sea valioso; pero no le sirve un desgraciado al que ella mantiene sometido y vejado. De esta manera, quien busca el control absoluto se condena a la soledad absoluta.

Esta novela (y la película) son un extraordinario testimonio de inversión de papeles. De cómo una víctima puede convertirse en verdugo. Hay mucho poder escondido tras la debilidad. Y el infierno espera a cualquier buena persona que se enamore o compadezca de un psicópata o de un pobre diablo manipulador, sea hombre o mujer.

Resumiendo, Hegel en 1807, de manera un tanto oscura, y Somerset Maugham, un siglo después con toda claridad, muestran una forma de poder y esclavitud que no se basa en la violencia sino en la asimetría de los sentimientos.

Es la banalidad del mal, como desencubrió Hanna Arendt en su viaje iniciático a Israel. Mildred, magistralmente representada por Bette Davis, se convirtió en arquetipo de la mujer fatal, tras la que se oculta una mujer banal.

El amor no correspondido sitúa al amante ante un vacío, que no es un vacío trascendente, que no es de magia blanca, sino de magia negra(6): es la amplia puerta que conduce a los infiernos. En su dintel podría leerse, como en el infierno de Dante: “Perded toda esperanza los que aquí entráis”. Pero también sería exacto si pusiera: “Cuídate de enamorarte del Amor”. Aunque tampoco serviría de nada. A mí no me sirvió, cuando a los 15 años me lo advirtió mi madre.

La cuestión, en el fondo, es si uno se convierte en dos en una lucha a muerte por un mismo espacio, o si dos se convierten en uno al compartir un mismo espacio y agregar la mirada del otro a la propia(7).

_____
(1) W. Somerset Maugham: “Of Human Bondage” (Servidumbre humana) 1915. Película “Cautivo del deseo” (1934) protagonizada por Bette Davis y Leslie Howard. Aquí, la película completa (1h 23m) en español:

(2) Hegel: La Dialéctica del amo y el esclavo. Capítulo IV (B.A.) Independencia y sujección de la autoconciencia; señorío y servidumbre.  (Fenomenología del Espíritu, 1807, Fondo de Cultura Económica, pág 113-121. Ver también: La tríada hegeliana.

(3) Acerca de los espacios de muerte en el arte de la guerra, ver Sun Tzu: aprovechar lo negativo.

(4) Alexandre Kojève: La dialéctica del amo y el esclavo (1933-39 ed. Galimard 1947): documento PDF.

(5) O también: “Quiero no quererte y tengo mucha fuerza de voluntad”, ver Wendy, amor imposible.

(6) En su origen, el vacío trascendente que une a dos seres y el vacío que los separa, son indistinguibles. Ver cómo un niño de 8 meses empieza a dominar la magia blanca “manipulando” a un adulto. El origen de la magia en el niño.
.
Pero en algún punto del camino de la vida hay una encrucijada donde algunas hadas se convierten en brujas. Ver Richard Albee: Tres mujeres altas.

(7) Acerca del poder, absoluto o compartido, ver Cuando uno se convierte en dos.

Ver también, este post del psiquiatra Paco Traver sobre la histeria: “Se puede tener mucho poder desde la debilidad”.

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