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Guy Debord: La sociedad del espectáculo

Guy DebordEn 1960 el acceso de las clases trabajadoras de Europa occidental a bienes de consumo, había empezado a desmentir las previsiones marxistas sobre el empobrecimiento del proletariado.

Pero entonces los estudiantes empezaron a cuestionar la sociedad en que vivían, especialmente en sus aulas, como autoritaria y carente de sentido(1).

Las libertades políticas que disfrutaban sus padres con gobiernos socialdemócratas o democristianos (2) las consideraban tan naturales como la luz del día o las menospreciaban como “libertades burguesas”.

mayo_68Se identificaban con los oprimidos de Asia, África y Latinoamérica sojuzgados por dictaduras apoyadas por EEUU. Pero no encontraban nada reprochable en las dictaduras comunistas. Ni siquiera veían lo que sucedía a los europeos que seguían viviendo bajo la ocupación soviética, pues consideraban que las pocas malas noticias que se filtraban a través del telón de acero eran propaganda de la CIA.

La chienlitAsí se fue gestando entre los jóvenes privilegiados una crítica general al sistema, hasta desembocar en el Mayo del 68. Criticaban a un sistema basado en las mercancías y el dinero y en reglas morales que ellos no compartían. Pero Guy Debord fue mucho más lejos que la mayoría.

Uniendo el pensamiento de filósofos como Marx, Hegel y Lukács con una mirada subrealista, rehizo la famosa frase con que Marx iniciara su obra El Capital:  “La riqueza de las sociedades en que impera el modo de producción capitalista se presenta como una ‘inmensa acumulación de mercancías’ “.

Convirtiéndola en esta otra:  “Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos”.

dolarEn esta visión, el espectáculo desplazaba a la mercancía como pilar de la sociedad y del poder establecidos. Y si el valor de la mercancía se encarnaba en el dinero, ¿qué venía a reemplazarlo en el espectáculo? La imagen.

tv_bnImágenes por todas partes, sustituyendo a la realidad, interponiéndose entre los individuos. La realidad se vaciaba de contenido, quedándose reducida a un desfile interminable de imágenes.

“El espectáculo  es la otra cara del dinero” (p. 49). El espectáculo reemplaza la realidad, convirtiéndola en objeto de mera contemplación. Porque, aún sabiendo que es sólo ficción, nuestros sentimientos y emociones se despliegan como si  (3) lo que vemos por TV fuera real. Ese fenómeno social iba a traer consecuencias en todos los ámbitos, especialmente en la economía y sobre todo en la política.

homerTVEn la economía, los publicistas desplazaron a los ingenieros, pues ya no se trataba tanto de producir como de vender. Y para vender había que conmover y motivar a los posibles compradores.

ReaganOtro tanto sucedió en política. En 1981 un actor de cine -Ronald Reagan- llegó a presidente de los EEUU. Pero luego, ya no haría falta importar actores, porque todos los políticos se prepararon para vivir actuando en TV. Ya no representaban a los ciudadanos, sino que representaban un papel, un guión, en un espectáculo multimedia, dirigidos por asesores de imagen (4).

Guy Debord publicó en 1967 su obra ‘La sociedad del espectáculo’. En los casi 50 años transcurridos desde entonces, nos hemos acostumbrado a vivir en un espectáculo sin fin. Ahora sabemos que sólo existe lo que sale por TV. Las guerras, aunque endémicas en muchos países, duran unos días en TV y luego desaparecen (es decir, dejan de existir para nosotros) sustituidas por otras imágenes insoslayables.

“Lo que el espectáculo ofrece como perpetuo se basa en el cambio, y debe cambiar con su base. Al mismo tiempo que es absolutamente dogmático el espectáculo no puede llegar realmente a establecer ningún dogma sólido. Para él nada se detiene”… (p. 71). Así es; pase lo que pase, “el espectáculo debe continuar”.

selfieDe consumir objetos, hemos pasado a consumir imágenes. Y ahora, a producirlas. Casi cada habitante del mundo lleva en su bolsillo una cámara y una cadena televisiva, pudiendo crear y difundir su propio espectáculo, y a sí mismo -selfie- como protagonista. La TV es desplazada por las redes sociales y los mensajes individuales reproducidos a velocidad exponencial.

Desde el poder político se pueden manipular las imágenes y mentir con descaro, porque su mensaje es unilateral, sin réplica. Pero, no obstante, presenta un punto débil. Le es cada vez más difícil impedir que una imagen o una frase incontrolada se multiplique por millones. Entonces suelen decir “mis palabras han sido desafortunadas”. Pero ya es tarde, porque la frase “desafortunada” ha quedado grabada y será reproducida al infinito.

El poder es un medio de comunicación, escribió Luhmann(5), es un espectáculo ininterrumpido, escribió Debord. En todo caso es un poder sobre el público, desde un escenario(6). Aunque un actor verdadero, un artista, sabe que su espectáculo debe tener unos límites (7): el espacio del teatro y la duración de la representación. El político, por el contrario, espera que creamos en él, es decir que creamos que él y el papel que está escenificando, son lo mismo. Intentan ser ídolos vivientes. Pero caen rápidamente en el ridículo y dejamos de creer en ellos(8).

Así es como la sociedad del espectáculo degenera en sociedad de la confusión.
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(1) Pink Floyd expresa En The Wall (El muro) la reacción estudiantil al autoritarismo “fascista” de la época.

Vespa(2) En España, el general Franco mantenía su dictadura, pero los jóvenes trabajadores y estudiantes empezaban a viajar al extranjero y a moverse en su propia moto. No tenían libertad política, pero crecía su libertad de comprar.
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(3) Ver Viviendo “como si…” la propia vida, convertida en espectáculo, fuera real.
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(4) Asesores de imagen convertidos en creadores de historias. Ver Lakoff en Contando historias.
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(5) Ver Luhmann: el Poder.
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(6) Ver el caso de El Brujo, Poder del teatro.
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(7) Los límites son lo que definen la situación.
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(8) El que todo quede grabado, hace que todo pueda ser conectado. Por ejemplo, la ministra de Sanidad de España dijo hace unos años que no le constaba que en su garaje hubiera un Jaguar [regalo de un empresario corrupto]. Ahora, tras su desastrosa gestión del primer contagio de Ébola en Europa, declaró que se enteraba por la prensa de las noticias que ella misma estaba dando. Esto ha popularizado el dicho: “Si es incapaz de ver un Jaguar en su garaje ¿cómo va a ver un virus que es mucho más pequeño?”

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6 thoughts on “Guy Debord: La sociedad del espectáculo

  1. No sólo es confusa la sociedad, también es infantil, resultado de tanto espectáculo infantilizador, de tanta representación donde “el mentiroso se miente a sí mismo”.
    Por si no lo has visto:

    • Sí; incluso lo incluí en el borrador. Gracias: nadie mejor que el autor para explicarse. Merece dedicarle hora y media. Sin olvidar que han pasado 50 años y el circo no ha detenido su evolución darwiniana.

  2. Te ha quedado redondo. Gracias por recordarnos a Debord. En una sociedad así, ¿te imaginas el anacronismo de una enseñanza de pizarra, tiza y libros de texo rancios, basada en la abstracción y la concentración? Es una batalla perdida.
    Joan Ferrés Prats hace más de 2 décadas que clama en el desierto por adaptar la educación a los nuevos alumnos con cerebros adaptados a un entorno audiovisual. ¿Acaso alguno de los tropecientos planes de enseñanza ha tenido en cuenta la importancia de enseñar a leer las imágenes o a discriminar los contenidos basura de los fiables que hay en internet? Es paradógico que una sociedad audiovisual eduque en el analfabetismo audiovisual. Si Aristóteles levantara la cabeza, lo único que reconocería sería la escuela… masificada y anárquica, pero igual.

    • Tienes razón. Es paradójico porque, como ha comentado Luisoj, estamos en una sociedad confusa e infantilizada. En el mal sentido de ‘infantil‘, porque tampoco aprendemos de la creatividad de los niños. Con todo, soy optimista porque creo que en lo más oscuro amanece y que de la confusión sale la claridad. Como en estas últimas semanas estamos aprendiendo tanto en España, partiendo de la confusión a raíz de la crisis del ébola.

      • Totalmente de acuerdo. Y añadiría más. Esta sociedad de adultos infantilizados convive con una legión de “niños viejos”, que a los 6 años hablan ya como los presentadores de TV y a los 14 se torturan calculando la nota que necesitarán para acceder a tal o cual carrera universitaria. La creatividad infantil ya es sólo una extravagancia pasajera que “afortunadamente” se corrige desde el principio con dosis masivas de televisión…y con el espectáculo que ofrece la sociedad de adultos infantilizados.

  3. Pingback: horoscope

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