marco

La cuadrícula y lo que hay debajo

zobel cuadricula 2De niño me gustaba dibujar; y un día mi padre me dio una herramienta que me pareció mágica: era una cuadrícula grabada en un rectángulo de celuloide transparente.


La cuadrícula se colocaba sobre una foto o ante el modelo que se quisiera copiar. Se dibujaba en el papel en blanco, otra cuadrícula con las mismas divisiones. Y así era muy fácil dibujar dentro de ella, porque cada detalle del modelo tenía su sitio en una celda de la rejilla.

durero

Se trataba de un truco ya empleado por Durero en el Renacimiento para dominar la perspectiva. Un instrumento que, como la cámara oscura, precedió en varios siglos a la fotografía. Se encuentra descrito en el libro de Betty Edwards Aprender a dibujar (1).

Como todas las técnicas, se usa para reducir la incertidumbre ante el azar omnipresente en nuestras vidas. Sin las técnicas usadas en las diversas artes, éstas no se habrían desarrollado. Pero cualquier técnica también tiene otro efecto sobre el arte: atar en corto aspectos esenciales, como la intuición, la inspiración y la imaginación. La técnica y la inspiración -o la razón y el sentimiento- son una pareja obligada a convivir y, a menudo, esa convivencia es difícil porque tienden a irse cada uno por su lado(2).

dragonA la imaginación no le van las cuadrículas ni las reglas, sean o no graduadas. No le gusta que le pongan ataduras: es como un dragón que no sólo vuela, sino que a veces echa fuego por la boca. Porque imaginamos las cosas a través de nuestros sentimientos y emociones; y en eso somos bastante animales.

Por eso, filósofos y sacerdotes han andado siempre preocupados en domar las pasiones humanas y, de manera especial, en domar a los artistas, que tienden a escapar volando por la ventana, como los niños en la época de Peter Pan(3). Lo cual sucedía antes de que se inventara el móvil, que es la ventana por la que escapan ahora.

Estamos hechos de dos sustancias cósmicas contrarias, a las que Demócrito llamó materia y vacío (4). Como tenemos horror al vacío, nos apresuramos a llenarlo con fronteras, mandamientos, leyes y cuadrículas. Gracias a ellos podemos convivir en sociedades humanas complejas. Nos apoyamos en esas reglas como en muletas, para no caernos; y las respetamos para no hacer daño a los demás si vamos como locos.

El mapa no es el territorio
Magritte_no es una pipaKorzibsky (1879-1950) enseñó que no hay que confundir el mapa con el territorio que representa, ni el nombre con la cosa nombrada. También por eso, Magritte pintó “Esto no es una pipa”.(5)

Gregory Bateson(6) precisó que un nombre, un mapa, un símbolo, se asignan a una clase de cosas. Pero no pertenecen a la cosa que representan. Una parte de nuestro cerebro se encarga de hacer esa separación.

Pero ¿por qué confundimos el nombre con la cosa nombrada? Porque todos los animales lo hacen y nosotros seguimos siendo como ellos. Una parte de nuestro cerebro no separa, sino que fusiona, la imagen y su contenido, como si esta pipa pintada fuese una verdadera pipa. Y fusiona también mi Yo y mis sentimientos acerca de ella, como si la pipa fuese una prolongación de mí mismo.

Ese cerebro, que hemos heredado de otros mamíferos, conecta todo lo que sucede en el propio cuerpo y alrededor de él, impregnándolo de recuerdos y emociones(7). Y partiendo de una pizca, puede construir un mundo. Eso es la pregnancia (8), inseparable de la capacidad de percibir cosas o sucesos diversos como totalidad (holística).

caballosAsí, a los caballos que pastan en el monte, les basta con detectar en el aire una parte mínima de ozono, para sentir una lejana tormenta y sentirse involucrados en ella, escapando monte abajo.

Los humanos adultos hemos perdido mucha de esa capacidad originaria, desplazada por habilidades más modernas, que nos llevan a clasificarnos de racionales. Somos capaces de escindir la realidad con la palabra, como hacemos con un bisturí -o con una bifaz paleolítica(9)– esto es, de un modo analítico. Y articular esos contenidos separados en ideas, pensamientos y teorías complejas.

A lo largo de nuestra corta historia de 40.000 años, la cultura humana se ha movido en el mismo dilema: elegir entre comportarnos de acuerdo a la razón cuadriculada o a la pasión desatada. Pero es un falso dilema, porque no podemos dejar de ser lo que somos. Si abandonamos la razón, nos comportamos como fieras. Si reprimimos los sentimientos, como máquinas. En ambos casos nos volvemos inhumanos.

conocete“Conócete a ti mismo”
Esta inscripción en la entrada del templo de Apolo, en Delfos, nos recuerda que ya en la antigüedad se buscaba un equilibrio improbable entre nuestras dos naturalezas: la que cuadricula y la que vuela libre.

Conocerse a uno mismo para conocer a los demás. Conocer a los demás para conocerse a uno mismo. Y en esa búsqueda, encontrar los propios límites y también aprender cuándo hay que saltar la valla que injustamente nos levantan(10).

Menuda tarea…

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(1) Ver Betty Edwards: el acto de dibujar.

(2) Ver La extraña pareja que se disputa mi cerebro.

(3) Ver Wendy, amor imposible.
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(4) Ver La materia y el vacío.
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(5) Ver La isla del tesoro.
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(6) Ver Gregory Bateson: La pauta que conecta.

(7) Ver Damasio: Emociones y sentimientos.

(8) Ver Pregnancia: más allá de la Gestalt.

(9) Ver La bifaz: herramienta estética.
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(10) Ver Estética existencial.

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4 thoughts on “La cuadrícula y lo que hay debajo

  1. “Si abandonamos la razón, nos comportamos como fieras. Si reprimimos los sentimientos, como máquinas”. Cierto. Pero yo creo que lo peor de los humanos es cuando ponemos la razón -y todos sus recursos- al servicio de los sentimientos (generalmente patrióticos, religiosos o codiciosos). Entonces nos convertimos en algo peor que monstruos. Como casos extremos, Hitler, Stalin, los talibanes….

    • Así es. El entrelazamiento de razón y sentimientos -y del tiempo- abre muchas posibilidades, buenas, malas y muy malas como los que citas, o el del coopiloto Andreas, por referirme al caso más reciente.

  2. Además de confundir el nombre o el símbolo con la cosa, también confundimos la imagen de una pantalla con la cosa. Alicia [3 años] y yo intercambiamos nuestras respectivas meriendas por Skype. Ella saborea con sumo placer la mía… y yo, bueno, hago lo que puedo para estar a la altura. ¿Regiría aquí, como en Magritte, “esto no es una merienda”?

    • Está claro que eso sí es una merienda. Me parece que el “principio de realidad”, se va implantando en los niños poco a poco, por el uso de instrumentos y del carácter denotativo de las palabras, hasta que la balanza termina por inclinarse del lado de la razón, con la escisión entre símbolo y significado. Pero aún los adultos (que no somos artistas) nos involucramos en una ficción “como si” fuera real. Jugar es una necesidad evolutiva para los niños, como para cualquier cría de mamífero. Escenifican posibilidades como si fueran reales. Es maravilloso y dura poco. Tú que puedes, aprovecha para vivir por Internet esas fantásticas meriendas. Te envidio.

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