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La brocha y el bote

Había una vez un pintor famoso por su destreza en pintar la línea mediana de la carretera.

Pero su arte escondía un oscuro secreto.

El primer día el contratista estaba encantado. La línea era perfecta y avanzaba muy rápido.

Con el paso de los días la línea seguía siendo perfecta, pero ya no crecía tan deprisa. Unas semanas después, el contratista dijo al pintor: -“Veo que usted no descansa y su trabajo es impecable. Pero cada día va más despacio. El primer día pintó más de un kilómetro; y ahora no pasa de unos pocos metros. Así no vamos a terminar nunca. ¿Qué le está sucediendo?”

Y el pintor contestó: -“¿Qué me pasa? Pues que el bote de pintura cada vez me queda más lejos de la brocha”.

Esta historia parece un chiste. Y podría ser también un refrán: “Arrancada de caballo árabe, llegada de burro manchego“. Pero la explicación, aunque inesperada, es sencilla: Algo tan importante como el bote, se queda fuera del marco(1). Y suele pasar en situaciones muy diversas.

La ingeniería se enmaraña

Los ingenieros se encuentran con este problema en proyectos nuevos. Están poniendo mucho empeño y avanzan de prisa… al principio al menos. Al conocerse los primeros resultados, todos esperan que todo seguirá así de bien. Pero la alegría no dura mucho, porque con el paso del tiempo aquello se va volviendo más lento. AsintotaY finalmente parece que el proyecto se congela. No importa cuánto esfuerzo le dediquen los que trabajan en él. Suele decirse que “el proyecto avanza rápidamente hasta el 90% de su terminación y luego permanece eternamente en ese 90% “.

En otros terrenos sucede lo mismo. Los políticos suelen creer que pueden cambiarlo todo y muy de prisa. Pero a medida que va pasando el tiempo, todo se complica y se estanca. La corrupción no les suele ser ajena. Pero los efecto de la corrupción no se limitan a la pérdida del dinero que se quedan los corruptos.

Las guerras suelen enfangarse

Over thereLos militares se han encontrado con el mismo problema desde la antigüedad. Los jóvenes suelen marchar alegres a la guerra y vitoreados por las chicas. Como ir a un baile: Over where..! (2)

Pero luego las cosas cambian. Sun Tzu escribió(3): “Las armas son instrumentos de mal augurio y la guerra es un asunto peligroso; sólo deben utilizarse cuando no exista otro remedio. (…)  Al prolongarse, la duración de la batalla desanima a las tropas y embota la espada. La persistencia no es beneficiosa. El ejército es como el fuego; si no lo apagas se consumirá por sí mismo.

El Imperio Romano libró muchas guerras, ganando casi todas. Al establecer la “Paz Romana” todo parecía que tenía que ir bien, pero no fue así. Porque cuanto mayor era el territorio conquistado, más largas y difíciles de defender se volvían sus fronteras y más lejos quedaba Roma. Las legiones quedaban inmovilizadas y más legionarios desertaban para formar una familia al otro lado de la muralla.

An der Ostfront Festgefahrener Wagen wird von den Schützen aus dem Schlamm gezogen.Por eso Obama, que ha aprendido la lección, no quiere enviar tropas al otro lado del mundo, no sea que queden empantanadas en algún desierto. En esta época de las comunicaciones, puede parecer un chiste, pero no lo es.

Enfangarse, enredarse, enzarzarse, enmarañarse. Todo eso puede suceder actualmente en los desiertos de Oriente Medio, en ciudades como Mogadiscio en Somalia o Tikrit en Irak, lo mismo que antes en la jungla de Vietnam o como Napoleón y Hitler en Rusia.

Hasta la filosofía

A los filósofos les sucede algo parecido. La filosofía no tiene zarzas ni pantanos ni espadas que se emboten. Entonces ¿con qué se enmarañan los filósofos? La filosofía es una enorme construcción formada con palabras, frases, argumentos y discursos conectados entre sí. Y esa red intrincada forma la maraña que acaba encadenando el pensamiento.

Hanna Arendt dijo de Heidegger que era un zorro que caía en sus propias trampas. Y es que ella le conocía bien. Pero Heidegger llegó a tomar conciencia de esa paradoja, que no sólo le afectaba a él, sino a toda la filosofía. Y llegó a la sorprendente conclusión de que había que despejar la maleza, la hojarasca que oculta la realidad. Des-encubrir, creando un vacío, un claro del bosque, la lichtung, donde pudiera jugar la libertad. En la década de 1960 definió esa tarea como “el final de la filosofía y el comienzo del pensar”.

maraña_gato1Todo lo que está conectado se enreda

El que no sepa lo que es una maraña, que encierre en una habitación a un gatito con un ovillo de lana.

La comunicación humana es una inmensa red de signos que fluyen continuamente por ella. Las posibilidades de enredarse en esa maraña crecen exponencialmente con el tiempo.

El cerebro es una red aún más intrincada. Creado en cientos de millones de años a imagen de la naturaleza, hace posible a los individuos enfrentarse a situaciones muy complejas. Pero también el cerebro humano puede enredarse consigo mismo.

Ahora podemos volver a contemplar problemas como el de la brocha y el bote de pintura. Esos que los ingenieros bautizaron como “proyectos de gran complejidad”.

Algo crece en el interior de un proyecto, que reclama más y más atención. Lo que crece es la complejidad, formada por la conexión creciente entre las partes (materiales y humanas) que forman el proyecto.

A medida que se va construyendo algo con elementos diversos conectadas entre sí, te ves obligado a desviar más atención hacia lo que ya has construido y que requiere de mantenimiento. Con el tiempo, el mantenimiento de lo que ya funciona, va restando tiempo y energías de lo nuevo que aún está por desarrollar. En otras palabras: la línea que ya has pintado aleja más y más el bote de pintura de la brocha.

Cada novedad afecta a lo que ya existe y que funcionaba bien. Lo nuevo deja de ser nuevo y reclama más cuidados, consumiendo una parte mayor de los recursos disponibles. Por eso es tan importante disponer de un margen(4). Pero la complejidad termina devorando cualquier margen existente. Sólo es cuestión de tiempo.

En ingeniería el problema suele ser el mantener funcionando lo que ya está hecho. También en la guerra, hay que mantener seguro el terreno conquistado: Por eso Maquiavelo escribió que ganar la paz es más difícil que ganar la guerra. Y que requiere llegar a acuerdos con las autoridades locales. Algo que Napoleón y los sucesivos conquistadores despreciaron. Y así les fue.

Nuestra relación con la naturaleza está sujeta a estas mismas restricciones. Porque la naturaleza es una red de conexiones que se enreda y desenreda sola. Pero nosotros los humanos, con nuestra infinita soberbia, somos capaces de enredarla mucho más y de manera irreversible. Menospreciamos los problemas que desconocemos… y los que nosotros mismos creamos como consecuencia de nuestras atropelladas decisiones.

¿Un hilo de Ariadna? (5)

¿Porqué es tan difícil aprende un nuevo idioma? Porque a medida que aprendemos nuevas palabras y expresiones, sus combinaciones posibles crecen mucho más deprisa. Y es cada vez más difícil reconocer o encontrar lo que está bien, separándolo de lo que está mal.

¿Cómo el cerebro puede ayudar en ese problema? Aún no lo sé, pero en cuanto sepa algo más, lo compartiré aquí mismo.

_____
(1) Ver Goffman: marcos de referencia.
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(2) Over Where es una alegre marcha, quizás el himno más popular de la Primera Guerra Mundial, que muestra esos primeros momentos de entusiasmo. Puedes verlo y oirlo aquí.

(3) Ver cómo ya hace 25 siglos la guerra se volvía inmanejable con el tiempo:  Sun Tzu, citas.

(4) Ver Tener margen o no tenerlo.
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(5) Ver Laberinto, Minotauro y Ariadna.

Otros posts relacionados con las conexiones en red:
Ver Relación y conexión.
.

Ver Conexiones.
.

Ver Conceptos y conexiones.
.

Ver Gregory Bateson: La pauta que conecta.

Otros posts relacionados con la fluidez y el estancamiento:
Ver Estancamiento: lo negativo paralizante.
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Ver Csikszentmihalyi: Fluidez.
.

Ver Memoria del cerebro.

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4 thoughts on “La brocha y el bote

  1. Quizá la periodicidad inexorable de las guerras podría explicarse por la necesidad, casi biológica, de deshacerse de un enmarañamiento insostenible y obsolescente que acaba por asfixiar la actividad de la sociedad. Y la euforia de los soldados al ir a la guerra tendría también una explicación similar. Romper toda la maraña de reglas, normas y rutinas sociales para reencontrarse con su ser primigenio. La pura y simple supervivencia.
    Quizá sea la “llamada de la selva” o la destrucción y vuelta a la vida de la simple supervivencia. Algo parecido a los incendios espontáneos de los montes. Se quema toda la hojarasca y la maraña y parece renacer todo con pujanza. Sólo que en las guerras hay vencedores y vencidos… Pero esto sólo se tiene en cuenta al final, no en la exaltación del principio.

    • En efecto, la humanidad construye instituciones, imperios o constituciones para la eternidad, pero lo que parece definitivo resulta siempre efímero. Es cuestión de tiempo. Un fuerte abrazo.

  2. Karmele me comenta: “Es una inmensa suerte trabajar pintando la línea de una carretera que, según se pinta, cada vez se hace más grande, y que, por tanto, cada vez puede conectar más lugares. Lo que necesitaría ese hombre, que realiza un trabajo tan perfecto, es no hacerlo solo. Necesita más gente y saldrían más carreteras, caminos y atajos. Inteligencia compartida”.
    … Y encrucijadas; un día tenemos que hablar de ellas.

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