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La percepción del mal

bugsbunny1El invitado fue conducido al comedor, donde le recibió el conde y señor del castillo, ante una gran mesa vacía. El invitado preguntó extrañado: “Y ¿dónde está la cena?”. A lo que el conde respondió: -“ eres la cena”.

Esto sucedió a Bugs Bunny, el conejo loco que  siempre se metía en líos. Aquella noche comprendió algo fundamental para todo ser vivo: Comer o ser comido. Esa es la cuestión.

Este post continúa la reflexión del anterior: Hermes, el que desenreda(1). Ahora veremos que poseemos una maravillosa capacidad de desenredar, conectada con la capacidad de percibir el mal, herencia de nuestros antepasados mamíferos y perfeccionada por los homínidos que nos precedieron.

El otro día encontré una mosca que intentaba salir por una ventana de mi casa. Una y otra vez se estrellaba contra el cristal, pero volvía a intentarlo.

moscaSolícitamente le abrí la ventana de al lado para facilitar su salida, pero no sirvió de nada. Siguió dándose golpes con el mismo cristal.

Intenté hacerle entrar en razón, pero es difícil razonar con una mosca. Entonces me puse en su lugar y me di cuenta de que ella no veía el cristal -a pesar de golpearse con él- ni aprendía nada de sus fracasos, porque para ella no tenían sentido. Tal vez fuera capaz de aprender algo que le facilitase el acceso a su alimento o a su reproducción. Y también de olvidarlo, si repetidamente le resultaba inútil. Al fin y al cabo, las moscas tienen un hermoso cerebro, con procesador dual, casi como el nuestro.

Y el cristal debería tener un sentido peculiar para la mosca; porque no basta con no-aprender a atravesarlo: hay que aprender a evitarlo.

Generalizando el caso, a los seres vivos no nos basta con aprender a encontrar comida, tenemos que evitar obstáculos y peligros. Porque evitar estrellarse o ser comido es más urgente que comer. Por eso el historial de cada especie -vegetal y animal- muestra un progreso en sus medidas de seguridad.

Los humanos modernos sabemos (o deberíamos saber) que no nos basta con aprender a coger un autobús. También debemos aprender a que el autobús no nos atropelle.

alegriaEl conejo loco lo sabe porque tiene emociones. Algunas, como el hambre, la sed, la alegría o la curiosidad, le facilitan el camino hacia la comida, el amor, la aventura o la siesta.

miedo1

tristeza

ira

Pero los mamíferos disponemos también de otras emociones: el miedo que impulsa a huir, esconderse o permanecer inmóvil; el asco que hace apartarse; la tristeza que lleva a aislarse; la ira que impulsa a luchar(2).

toreroCuando un matón le embestía, Bugs Bunny se volvía y le decía: -“¿Te habrás dado cuenta de que esto significa la guerra..?” Y es que Bugs Bunny a buenas es muy bueno, pero a malas es aún mejor.

Las diversas religiones han dado mucha importancia al bien y el mal(3). Generalmente mediante relatos, como la rebelión de los ángeles liderados por Luzbel o el pecado de Eva al comer un fruto prohibido. Más tarde, filósofos y teólogos neoplatónicos enredaron este tema mucho más.

Pero creo que para comprender los fundamentos del mal no hay que partir del mal moral. El mal tiene un fundamento más prosaico y cotidiano en la familia de seres vivos que compartimos el mismo planeta. Se trata de la seguridad.

El buenismo

hippies1A mediados del siglo pasado los valores entonces dominantes en la cultura occidental fueron denunciados como insoportablemente autoritarios y machistas por una nueva generación que veía el mundo de otra manera. Los jóvenes se enfrentaron a las viejas ideas: unos con nuevas canciones; con flores en el pelo y convirtiendo los fusiles de los soldados en floreros. Otros optaron por la violencia, creyendo equivocadamente que el enfrentarse a los malos les hacía mejores.

Entre los pacifistas se extendió la idea -que aún perdura- de que el mal no es más que la ausencia del bien. Y que una mirada alegre y bondadosa hará mejor el mundo.

Pero el mal no es sólo la ausencia del bien. Irrumpe desde fuera y no siempre es inmoral o consciente. El cristal es el mal para la mosca aunque el cristal no lo sepa ni pueda evitarlo. Y la mosca tampoco.

El mal es metafísico porque crea un nuevo marco, alterando el marco existente(4). Pero no lo altera en el sentido de aumentar las posibilidades del destinatario, sino estrechándolo y encerrando a la víctima, bien acabando con su vida o aprisionándola en una situación sin salida(5). Esa es la idea del infierno de Dante: un lugar de donde no se sale(6). Lo que el sabio Sun Tzu llamó con precisión “espacios de muerte” (7).

El tiempo marca la diferencia

Moscas y reptiles son menos flexibles que los mamíferos, pero tienen la ventaja de ser más rápidos. Por eso es tan difícil cazar a una mosca al vuelo o eludir el ataque de una serpiente. En ellos, la respuesta del cerebro a una situación es instantánea porque es más directa. Los mamíferos, sin embargo, somos más lentos en reaccionar porque procesar las emociones nos cuesta tiempo. Y los humanos, además de sentir emociones, solemos paramos a pensar: así a menudo nos coge el toro.

yodaPor eso el maestro Yoda decía que el lado oscuro no es que sea más inteligente o poderoso; lo que sí es más rápido(8).

La respuesta evolutiva de nuestros antepasados fue especializar el lado izquierdo del cuerpo para estar alerta -incluso dormidos- ante lo nuevo, por si lo nuevo fuera malo. Porque la llegada de algo bueno puede tomarse con calma; pero a lo malo hay que reconocerlo y reaccionar a tiempo.

izquierda_dcha_escudo_espada_2Los humanos manejamos el tiempo de dos maneras muy distintas. A un lado del cuerpo (el izquierdo) hay un tiempo rápido, instantáneo  e irreversible: el gancho de izquierda de algunos boxeadores; el golpe con el escudo de los antiguos guerreros griegos(9).

Del lado derecho, manejamos (los diestros) las herramientas en un tiempo cíclico, reversible y rítmico. De manera consciente y deliberada, con un propósito previo. Son comportamientos convertidos en rutinas, que se consolidan a lo largo de la vida(10).

Mal y bien crecen juntos

Pero la misma complejidad que hace posible desenredar, también puede llevar a enredarse más. En la corta historia de la especie humana, lo que llamamos inhumanidad ha crecido junto a la humanidad como la cizaña crece junto al trigo. La diferencia práctica es que a la cizaña hay que esperar a verla crecer para diferenciarla del trigo; mientras que con el mal es mucho más difícil evitarlo o protegerse de él cuando se le deja crecer.

Los castigos injustos, las cazas de brujas y los linchamientos nos han enseñado los peligros del intentar cortar el mal de raíz. Pero lo contrario, el proclamar incautamente: ¿Qué hay de malo en ello?“, el intentar apaciguar a Hitler u otro asesino, nos arrastra también al lado oscuro.

Entre ambos extremos habría que buscar el camino. Pero eso nos lleva al eterno dilema entre libertad y seguridad.

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(1) Ver Hermes: el que desenreda.
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(2) Ver Damasio: Emociones y sentimientos.
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(3) Ver Diferenciar el bien del mal.
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(4) Ver Goffman: marcos de referencia.
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(5) Ver Jaspers: La situación límite.
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(6) Ver Laberinto, Minotauro y Ariadna.
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(7) Ver Sun Tzu: aprovechar lo negativo.
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(8) Ver Los dos sentidos del lado Oscuro.
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(9) Ver Izquierda y derecha.
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(10) Ver Goldberg: Novedad y rutina en el cerebro.
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2 thoughts on “La percepción del mal

  1. Yo creo que la humanidad está, en los últimos tiempos, como las moscas. Genéticamente adaptada para enfrentarse o huir de un mal visible, pero incapaz de reaccionar correctamente ante uno invisible. Nuestro cristal es el mundo financiero y todos sus paraisos invisibles que dejan en la ruina a más de medio mundo. ¡Esto sí que es inseguridad! Y la humanidad más afortunada coge carrerilla para atravesar el cristal una y otra vez inocentemente…con sus votos a izquierda y derecha. Con el mismo éxito que las moscas. El cristal blindado sigue ahí.

  2. Has enriquecido este post constatando que tampoco nosotros vemos el cristal. Anoche, un amigo geólogo me contó que las ostras en un vivero se iban cerrando una tras otra (“tap, tap, tap…) a medida que él pasaba ante ellas. Y es porque percibían su sombra. Pero los humanos actuales somos más tontos que una ostra, como diría Jorge Oteiza.

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