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Dios está en los detalles

Y no sólo Dios.
También el Diablo.
Por eso se habla de “la fatalidad de los detalles”(1). Algo a lo que no damos importancia, para lamentarlo después.

Tocar y ser tocado
mano_niño
Desde que nacemos, los humanos estamos hechos para captar detalles y encontrar su sentido. E incluso antes de que nada tenga sentido, ya nos apropiamos de sonidos y colores; tocamos con los labios y los dedos. Absorbemos cada detalle, el toque de las pizcas de universo que llegan a nosotros.

El sentido llega poco después, cuando un enjambre de detalles que hemos absorbido, se agrupan por sus consecuencias buenas o malas; pegados a emociones agradables y desagradables(2).

Y luego aprendemos a distinguir objetos, a nombrarlos con palabras y a formar ideas, como “el perro corre” o “dos y dos son cuatro”.

Dar nombre a las cosas fue un gran avance para la humanidad. Nos permite referimos a ellas en general, sin entrar en detalles. No como los elefantes que tienen que aprender cada planta comestible y cada arroyo en particular (y por eso necesitan una memoria de elefante). Para la razón humana, en cambio, una mesa es una mesa, sea cual sea su color o el material de que esté hecha. Dos y dos son cuatro, tanto si juntamos manzanas o piedras. Las ideas nos permiten ignorar los detalles que de niños nos interesaban tanto.

Al hacernos mayores adquirimos destrezas, como manipular instrumentos y articular ideas. Las llamamos destrezas porque usamos la mano “diestra”(3). Con medio lado del cerebro aplicamos reglas y ejecutamos rutinas para obtener lo que queremos. Y como damos más importancia a alcanzar objetivos que a prevenir sus consecuencias o al coste de obtenerlos, pasamos por alto muchos detalles que consideramos superfluos.

Edwards_1Un buen ejemplo de ese cambio que experimentamos es cómo cambian nuestros dibujos con la edad. A partir de los 10 años, pierden la gracia que tenían antes; se vuelven clichés estereotipados. De mayores dibujamos como sabemos que son las cosas y no cómo las vemos(4). La mente racional nos ofrece muchos atajos. Y con el tiempo, el uso de razón nos vuelve vagos y rutinarios. Nos movemos por lo simple y general, sin detenernos en lo particular, ni vivir las situaciones como únicas.

La razón tiene en común con el poder esa ceguera hacia lo particular(5). Por eso los poderosos no suelen tener verdaderos amigos: se les vuelven invisibles y luego prescindibles. Al contrario, son pequeños detalles los que hacen grandes amigos. La amistad es particular y única, como la de este final de Casablanca.

Los detalles ejercen una influencia sutil(6). Y donde más claro encontramos esto es en el arte. Hace 40.000 años unos humanos apoyaron sus dedos en el muro de su cueva, sintieron su rugosidad, sus detalles; se impregnaron de esas sensaciones e impregnaron aquellas rugosidades de pintura. Esa fue la primera versión de lo que mucho más tarde (400 siglos después) sería conocido como el “toque Lubitsch“.(7)

El toque Lubitsch
Ernst Lubitsch fue un gran director de cine. Sus películas contenían algo muy difícil de describir. Un “toque” especial, que ha quedado unido a su nombre. Un amigo y admirador suyo, el también gran director Willy Wilder, lo explicaba así: -En sus películas, Lubitsch no dice “Dos y dos son cuatro”. Él se limita a decir “dos y dos“.

Me parece una estupenda explicación. El artista parte de una idea completa; pero en vez de mostrarla en su totalidad (“dos y dos son cuatro”), esconde una parte. No porque sea innecesaria, como hacemos habitualmente los adultos al pensar o trabajar. Sino para involucrar al espectador cuando contemple la obra. No elimina los detalles para destacar lo esencial; sino al contrario, recorta lo esencial; aunque dejando algunas pistas. Esparce unos detalles, aquí y allá, para que el lector(8) encuentre su propio y particular camino. Deja un hueco, una puerta abierta, para que el espectador ponga de su parte lo que falta. Eso es la pregnancia(9). Así los espectadores de las películas de Lubitsch o Wilder se partían de risa porque cada uno de ellos construía personalmente las situaciones de aquellas comedias. Y así les resultaban tan divertidas como un guiño compartido personalmente con el mismísimo autor(10).

Recuperar el toque de la niñez
Picasso siguió investigando en la expresión artística hasta su muerte a los 91 años. Solía decir: “Desde niño pintaba como Rafael, pero me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño”. Porque “todos los niños nacen artistas; el problema es cómo seguir siendo artistas al crecer”.

Por eso decía también que “los ordenadores son inútiles, solo pueden darte respuestas”. Igual que Lubitsch, el problema para este artista no era dar respuestas al espectador, sino ayudarle a encontrar las suyas propias. Los ordenadores son todavía demasiado tontos porque saben que 2+2=4, pero no saben qué hacer con un fragmento, con una parte incompleta o con un hueco.

O no lo sabían. Porque ahora mismo hay ordenadores neuronales aprendiendo a fijarse en los detalles, a juntar piezas de puzzles inexistentes. Es cuestión de tiempo que empiecen a hacerse preguntas.

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NOTAS
(1) “Dios está en los detalles” pertenece al arquitecto Van Der Rohe, director de la escuela de arte la Bauhaus entre 1930 y 1933, creador también del lema “Menos es más” que definió el arte minimalista.

La “fatalidad de los detalles” se usó en alusión a la novela de Truman Capote A sangre fría (1966), que describe minuciosamente el asesinato sin sentido de una familia rural, que conmovió a la sociedad norteamericana en 1959.
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(2) Acerca del sentido entre los signos y el significado, ver también:
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(3) Por la izquierda siento cada detalle y presiento lo nuevo. Con la derecha impongo la presencia del ser.

(4) Betty Edwards: el acto de dibujar, cuando los detalles construyen todo.

(5) La tendencia a clasificar y jerarquizar el ser lleva a olvidar lo particular, que es donde se conecta lo existente.

Muchos factores influyen en que algo suceda; así lo que era insignificante toma cuerpo.

Las conexiones tejen las pizcas elementales de sentido.

La más humilde golondrina ¡hace verano!

(6) Todo pasa y desaparece, pero antes se reproduce y sobrevive multiplicado.

(7) Ernst Lubitsch (1892-1947) Director de cine: Ser o no ser (1942), El bazar de las sorpresas(1940), Ninotchka (1939), Remordimiento (1932), Una mujer para dos (1933), …

(8) Acerca del horizonte de sucesos en historias de ficción, ver El acto de leer.

(9) Todo compromiso es con algo en particular. Cada detalle me impregna, al impregnarlo de mi estado emocional.

El artista aprovecha la plasticidad de la obra en curso, eliminando materia expresiva y aumentando sus posibilidades de interpretación.

(10) El sentido de ser director de orquesta se manifiesta en el brillo de la mirada compartida con músicos y oyentes.

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2 thoughts on “Dios está en los detalles

  1. Este post y el anterior me han dado mucho que pensar. En cuanto a los detalles, yo creo que los bebés, los hombres primitivos e incluso los animales salvajes han de estar atentos a los detalles por pura supervivencia. Digamos que no les queda más remedio. Pero quizá sea un mecanismo tan rutinario como nuestro mecanismo racional. O incluso más. Porque no me negarás que el mundo racional de las ideas puede llegar a ser tan creativo, brillante e imprevisible como ningún otro. Dejo aparte a los artistas porque son una “especie” diferente.

    • Así es la supervivencia de los genes, la adaptación. Hasta hace poco, los humanos sólo podían usar detalles, situaciones, sueños: todo ello muy concreto. Ahora nos es difícil imaginarlo, porque somos incapaces de hacer nada sin palabras. Los artistas lo hacen, igual que los niños pequeños a los que se refería Picasso. Las rutinas son otro reto; ¿el vuelo de una mosca es una rutina? El movimiento de las alas quizás, pero la trayectoria de cada vuelo es de lo más particular. Y así todo en la naturaleza: cada planta, cada gota de agua. Hasta la aparición del trabajo humano y luego de la razón. Y también estoy de acuerdo en que las ideas y la ciencia son una joya. En la mente y el comportamiento humanos, lo general y lo particular se complementan. No habría ciencia sin arte, ni arte sin reglas, sin conocimiento racional. Efectivamente, todo eso da mucho que pensar.

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