evolución, filosofía

El Ser ya no es lo que era

El Ser ha sido el fundamento del pensamiento occidental hasta el siglo pasado. Pero ya no es lo que era.

Desde Parménides, en Grecia hace 26 siglos, el ser quedó instalado en lo más alto de la jerarquía de las ideas, de donde se deducían todos los demás conceptos. Diez siglos después, los filósofos neoplatónicos lo identificaron como Dios: el Creador no creado. Aunque mucho antes, en la religión hebrea, el Dios de los judíos ya se había definido a sí mismo ante Moisés: “Yo Soy el que Soy“.

Y así continuó siendo el Ser durante quince siglos más, hasta que Charles Darwin dio su vuelta al mundo en 1831-1836, encontrando evidencias de que los seres vivos hemos evolucionado desde especies distintas y menos complejas. Luego aprendimos que seres vivos de una sola célula, como las bacterias, eran antepasados nuestros. Y que las bactaerias y nosotros descendemos de moléculas que lograron hacer copias de sí mismas.

Para los filósofos del siglo XX ya estaba claro que el Ser está sujeto al tiempo(1). Que todo lo que existe tiene una historia, con un comienzo y un final. Hasta los dioses tienen su historia. Nadie lo expresó con más claridad que Nietzsche: “Dios ha muerto porque se nos ha vuelto increíble“.

Hemos visto en otros posts de este blog(2) que un bebé de 8 meses, antes de aprender a hablar ya es capaz de experimentar y adquirir el concepto del Ser, reconstruyendo -con ayuda de un adulto- la historia de su presencia,  ausencia y retorno. Esa es la historia de cualquier objeto que permanece, aunque desaparezca, mientras vuelva a aparecer(3). Es el origen de la lógica racional y de sus dos operaciones elementales: afirmación (A) y negación (no-A). Y de la tríada dialéctica que es el fundamento de casi cualquier historia: 1) afirmación: 2) negación, 3) negación de la negación.

He aquí una hermosa paradoja: somos capaces de construir pensamientos y cosas que parecen inmortales y nos hacen creer en la inmortalidad.  “Pienso, luego existo” («Je pense, donc je suis») Descartes 1637. Pero más correcto sería al revés: Puesto que pienso, creo ser inmortal; pero si pienso es gracias a que existo como mortal y he heredado un cerebro de primate y un organismo con dos lados, de especies muy parecidas a los insectos.

Y porque estamos vivos, nuestras obras nos desbordan: nuestros hijos, poemas e inventos reciben de nosotros más vida que la que nosotros hemos recibido. Esas cosas se colocan fuera del marco de nuestra propia existencia. Y nos parecen eternas, porque no tienen nuestra fecha de caducidad. Una escultura que creamos nos sobrevivirá. Y hasta la piedra más humilde que pisamos. Y cada vez que encendemos una luz, algunos de sus fotones seguirán atravesando galaxias diez mil millones de años después de que la humanidad se extinga.

Creo que se les ha dado demasiada importancia a los dioses por el hecho de Ser lo que son. Aunque reconozco que depende del punto de vista. Si los dioses pudiesen pensar, así como Don Quijote sigue creyendo que es un caballero andante, también ellos se creerían eternos.

Una conclusión de lo anterior es que el Ser tiende a volverse un creído. Como Humpty Dumpty(4) con tendencia al endiosamiento.

Recientemente unos psicólogos(5) han descubierto el peligro de referirse al ser de alguien, aunque sea para elogiarle. En un experimento con niños de once años les pusieron un trabajo difícil. A quienes lo terminaron con éxito, se les reconoció el logro de dos maneras distintas: A unos se les dijo que ellos eran muy inteligentes. A otros se les dijo que se habían esforzado mucho. Después se les puso una tarea aún más difícil. Quienes habían sido elogiados por su esfuerzo, la emprendieron animosamente, porque pensaban: “Si me equivoco, no importa”. Pero aquellos a quien se había dicho que eran muy inteligentes, no querían afrontarla por miedo a fracasar; preferían quedarse con el reconocimiento conseguido, sin arriesgarse a perderlo.

Según estos investigadores, la idea de “ser” crea una zona de confort (un marco de seguridad) del que uno teme arriesgarse a salir. Es a lo que llaman tener una “mentalidad fija“. Según Carol Dweck, el 40 por ciento de las personas tienen esa “mentalidad fija”. Otro 40 por ciento, tiene  una “mentalidad de crecimiento” basada en el esfuerzo personal y en la propia capacidad de aprendizaje.

El mayor reto es enfrentarse a sí mismo, para superar las propias limitaciones. Comprometerse(6) en ser mejor de lo que uno es; o sea, autosuperarse. Los niños nacen con un increíble empuje para explorar, investigar y superar obstáculos. Pero con el tiempo se van asentando en ellos las rutinas que facilitan resolver problemas conocidos. Con las rutinas se afianza la autoconciencia de ser. Pero eso también tiene su lado oscuro: la autocomplacencia, el atrincherarse o enrocarse en el ser-algo o alguien.

Somos lo que recibimos y lo que damos a otros. Lo que sea que uno sea o llegue a ser, siempre será pasajero. La alternativa es aceptar la propia existencia efímera, comprometiéndonos en ella. Estando dispuestos a aceptar nuevos retos, a aprender de situaciones nuevas. A renovarnos. Podemos hacerlo porque descendemos de supervivientes. Estemos a su altura. O más aún: seamos mejores que ellos. Como dijo Oteiza: “Nosotros no nacemos: nos nacemos“.

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PS: Animado por el comentario de Alberto sobre el No-Ser (ver abajo) agrego al final otras referencias alternativas al Ser publicadas en este blog:

(1) El sentido del ser
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(2) El origen de la magia en el niño
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(3) La rutina desvela el ser inmutable de las cosas. Por eso los niños pequeños repiten cientos de veces sus juegos hasta que captan la idea y resuelven el problema. La cultura humana en el Oriente Fértil y en Centroamérica siguió ese mismo camino: las necesidades de la agricultura y ganadería nacientes condujeron a observar los ciclos de la naturaleza conectados con los movimientos repetitivos del sol y la luna; y a extraer reglas generales que dieron nacimiento a la aritmética y geometría.

(4) Humpty Dumty el narcisista
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(5) Acerca de los experimentos de Carol Dweck, psicóloga de la Universidad de Stanford, ver este artículo en El País.

(6) Acerca del compromiso (engagement). Ver El sentido y la razón.

Sobre la negación del Ser:
Entrevista a Oteiza sobre ser estético y vacío trascendente
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Lichtung: el claro del bosque
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Posibilidades negadas
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Sun Tzu: aprovechar lo negativo
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El vacío y sus mil caras
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En busca del No
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Lo impensado
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Yin: lo oculto femenino
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La nada

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4 thoughts on “El Ser ya no es lo que era

  1. Alberto dice:

    ¡Gracias JL! Te propongo otro marco: Mientras Parménides se fascinaba con la idea del Ser, en otra parte del planeta lo hacían con la idea del No-Ser. Aquí tuvimos que esperar a Oteiza para que nos abriera los ojos. ¿Habremos vivido media vida equivocados, o toda la vida?

      Treinta radios convergen en el centro de una rueda,
      pero es su vacío
      lo que hace útil al carro.
      Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
      pero de su vacío
      depende el uso de la vasija.
      Se abren puertas y ventanas
      en los muros de una casa,
      y es el vacío
      lo que permite habitarla.
      En el Ser centramos nuestro interés,
      pero del No-Ser depende la utilidad.

    Tao Te King, Cap. 11 “La Esencia es mas útil que la Apariencia”

  2. ¡Claro! El No-Ser abre nuevas posibilidades. En el claro del bosque juega la libertad. En el eje la rueda se pone en movimiento. Mediante el vacío se bombea el agua y se llenan de aire los pulmones. En lo oscuro amanece.
    ¡Estás en plena forma!

  3. Soy un perfecto ignorante, pero me ilumino cuando sé algo de JoseLuis, María, Josemi, Merino y el outsider Jorge Oteiza, goleadores del Athletic. No entiendo nada de lo que dices, Maestro, pero suena tan bonito que se me ocurrió este improntus:

      Leyendo a JoseLuis
      Tú y yo, hermano,
      provenimos de bacterias audaces,
      de insectos mutantes,
      de primates lujuriosamente carnívoros.
      Algunos, convencidos de ser iluminados,
      encandilamos a unos cuantos incautos,
      mientras nos enrocamos, quietecitos,
      con la mente inmutable.
      Otros,
      los singulares, reciben y se entregan diariamente,
      humildes transeúntes de la vida,
      conscientes de su rol de jornaleros.
      ¿Serán ellos los inmortales?

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