Comerciantes al rescate

Pasar de cazar seres humanos, a ser iguales ante la ley. Ese sí fue un cambio que traería consecuencias.

Esto había empezado mucho antes, no con un cambio en las ideas, sino en los comportamientos.

De cazar seres humanos…

En dos fases: primero los cazadores se convirtieron en guerreros. Y luego, empezaron a capturar humanos como esclavos. Las sociedades se escindieron en dos partes: por un lado, los propietarios de esclavos; y, por otro, los sometidos a servir de esclavos a los primeros.

Desde entonces los humanos que vivían del trabajo de otros, construyeron historias que explicaban su comportamiento por la inferioridad de los otros o porque se lo merecían. Y construyeron dioses que justificasen el matar y someter a seres humanos, como venían haciendo con animales y plantas.icono amo-esclava-color

En el capítulo Construyendo al Enemigo(1) vimos las consecuencias de ese proceso de autocomplacencia.

La capacidad humana de hacer amigos y enemigos

Los humanos y homininos descendemos de mamíferos depredadores. Una vez que probamos la sangre, los hombres, solemos recuperar el vicio de matar. ¿Para qué esforzarnos en construir algo, pudiendo obtenerlo por la fuerza? Ese es nuestro pecado nada original.

Pero también heredamos otra posibilidad: la de hacer amigos. Hasta las bacterias saben hacer amigos. Y los mamíferos más; por eso lobos y chacales llegaron a ser nuestros amigos y hasta formar parte de nuestras familias, reconvertidos en perros domésticos.

Entre ambos polos nos movemos a lo largo de la historia.

encuentroEl encuentro

Estas cosas siempre empiezan con un primer encuentro. Cuando dos grupos humanos se encuentran por primera vez, la situación inicial suele ser la misma: Si ambas partes muestran sus armas, se derramará la sangre. Pero si el líder de un grupo muestra su mano derecha desnuda, sin necesidad de palabras ya está diciendo: –“No quiero haceros daño”. Y si el líder del otro bando hace lo mismo, como diciendo: –“Yo tampoco”. Y si una de las partes coloca en el suelo unos frutos o algo que se considere una ofrenda, el encuentro podrá ser el comienzo de una bella amistad.

Así, a lo ancho del planeta, homininos y humanos crearon relaciones de confianza mutua. Una relación correspondida es el inicio de acuerdos comerciales, matrimonios, alianzas políticas… Durante milenios fue así. Por qué entonces se rompió una costumbre que tenía tantas ventajas?

El comercio y la guerra

La extraordinaria fertilidad de los terreno en el sur de Sumeria produjo en algunas ciudades excedentes de alimentos. Para todo lo demás, necesitaban lo que otros tenían: hasta piedras para construir templos o muros tras los que defenderse. Esos muros convirtieron los poblados sumerios en ciudades.

Otras ciudades, en las zonas menos fértiles, se especializaron en artesanías y les sobraban útiles, recipientes de cerámica y productos deseados.

Los habitantes de una ciudad necesitaban cosas o alimentos que otros tenían. Y tenían alimentos o cosas que otros necesitaban.

Surgió así el oficio de comerciante: gente dedicada a transportar mercancías para su intercambio. Y fue a estos transportistas a los que empezaron a atacar los guerreros cazadores de tesoros.

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Entre guerra y guerra, los guerreros quedaban desocupados y se dedicaron a asaltar a caminantes. Los comerciantes respondieron agrupándose en caravanas y armándose para protegerse. La nueva ocupación de salteador se fue especializando en las rutas comerciales por tierra y por mar; a estos últimos les llamaron piratas.

Los comerciantes se defienden

El comercio y la guerra son incompatibles; pero también complementarios. Los comerciantes se defendieron en los asaltos con las armas. Y las guerras necesitaron suministros y, por tanto comerciantes. El ejército que protege una ciudad, acaba protegiendo a los comerciantes y persiguiendo a los piratas.

El imperio romano creció haciendo guerras de conquista. Pero cuando ya no pudo crecer más, sus ejércitos empezaron a deshacerse y, pasaron de sostener el orden y el comercio del Imperio, a dedicarse a saquear ciudades.

En la Edad Media sucedió algo aún más curioso. Los llamados bárbaros se habían ido convirtiendo al cristianismo. Y ahora podían compaginar la defensa de sus tierras (y de su rey) con al asalto a caravanas de infieles, judíos y herejes. O, en general, de comerciantes.

Por ejemplo Siracusa fue una colonia Griega en la isla de Sicilia al sur de Italia. Su economía se basaba en el comercio y fue allí donde vivió y trabajó Arquímedes, el mayor científico de la antigüedad; hasta que en el 212 la invadieron los romanos y mataron al sabio (sin querer; porque los romanos respetaban a los sabios, pero aquel guerrero había cogido el vicio).

Otras ciudades europeas también se especializaron en el comercio. Desde el siglo V, la ciudad de Venecia se convirtió en centro del comercio marítimo, creando su propia flota para defender sus navíos de los piratas.

La igualdad ante la ley, vista por Shakespeare

Algo más de un siglo después de empezar el Renacimiento, en 1600, Shakespeare estrenó su obra teatral El mercader de Venecia. La traigo a este capítulo, porque esa historia de ficción nos sirve para comprender cómo el comercio hizo posible el final de la Edad Media en ciudades como Venecia.

El drama relata el conflicto entre un prestamista y un comerciante. El prestamista, ofendido por una cuestión de honor, impone una cláusula abusiva a su cliente, por la cual, si el deudor no devuelve lo prestado en una fecha determinada, podrá cobrárselo el acreedor en una libra de carne cortada a su gusto en el cuerpo del deudor.

Cuando un naufragio impide al deudor devolver el préstamo, el prestamista exige que se cumpla el contrato, cobrándole en su carne.

El Dux -máxima autoridad ejecutiva y judicial de Venecia- no puede impedir que la Ley se cumpla en este caso particular, aunque lo desee. Pero el comercio y la riqueza de la ciudad dependen de la confianza que otras naciones tienen en Venecia. Y para eso, todos los contratos deben cumplirse.

Contraparadoja urdida por una mujer disfrazada de jurista

mercader de Venecia_308Porcia, amiga del protagonista y heroína de esta historia, se presenta en el juicio disfrazada de hombre, haciéndose pasar por doctor en leyes asesor del Dux. Y da la razón al prestamista: “Este pagaré ha vencido sin ser pagado. Así pues, te pertenece una libra de carne de ese mercader: la ley te la da y el tribunal te la adjudica. Ahora bien; este pagaré no te concede una gota de sangre. Toma, pues tu libra de carne. Pero si al cortarla te ocurre verter una gota de sangre cristiana, tus tierras y tus bienes, según las leyes de Venecia, serán confiscados.

La paradoja consiste en que la ley exige cumplir el contrato, pero, si se cumple, se produce una injusticia; por lo tanto no puede cumplirse ni tampoco incumplirse.

La contraparadoja consiste en “prescribir el síntoma“; es decir, ejecutar aquello que se quiere evitar. Al hacer lo que nadie espera, la situación se sale del marco existente, entrando en una nueva situación, que se soluciona por sí misma (2).

Shakespeare hace algo tan desconcertante como Miguel Ángel al pintar su Juicio Final (3).

La ley y los comerciantes

He pedido ayuda a estas obras de arte, para resaltar dos aspectos, sin cuya colaboración no habría sido posible el Renacimiento ni el pensamiento moderno (2).

El primero es que los ciudadanos pudieron relacionarse entre sí como personas iguales ante la Ley. Esa era y sigue siendo la base de confianza mutua, no sólo entre ciudadanos, sino entre estados. Sin ella, sólo queda la barbarie.

En la representación teatral no hay -ni cabría- un teólogo interpretando la voluntad de Dios, aunque razonase como Sto. Tomás de Aquino. No hace falta, porque la “Razón” ya la tiene el prestamista en su recibo. Tan sólo falta que la Ley se cumpla; y no hay dios que pueda impedirlo. Este es un giro radical hacia la sociedad laica, desde que el emperador Constantino declaró el cristianismo como religión imperial (4).

Cuando hay una situación sostenible de igualdad ante la ley, nace y renace la política como continuación de la guerra por otros medios. Desde la ley se lucha contra la piratería y la delincuencia, para mantener un marco en el que se pueda dialogar y alcanzar acuerdos beneficiosos para ambas partes. Eso define la sociedad civilizada. Faltaban siglos para la democracia, pero empezaban a colocarse algunos pilares que la harían posible.

El segundo aspecto que he querido destacar es la maniera de hacerlo. De esto me ocuparé específicamente en el próximo capítulo. Pero antes de terminar con los comerciantes, quisiera subrayar en su homenaje, algo que heredamos de ellos a través de sus hijos.

La herencia de los comerciantes a sus hijos

Los comerciantes no necesitaban teólogos para hacer negocios. Ya habían sido expulsados del templo por Jesucristo.

Al prosperar en los negocios, los comerciantes empezaron a tener riquezas a pesar de no ser nobles. Y quisieron que sus hijos prosperasen en la vida civil; no en la vida religiosa. Mejor ser un comerciante próspero o artista o filósofo, que abad de un convento, teólogo o militar de profesión. No enviaron a sus hijos a estudiar teología, sino filosofía, arte, arquitectura o las incipientes ciencias recuperadas de Aristóteles y Arquímedes.

Así, en las siguientes generaciones, aparecieron artistas y científicos formados con ideas nuevas, ideas inconcebibles durante el esclavismo. Aunque, para romper los prejuicios, supersticiones y limitaciones metafísicas, quedaba todavía un largo y difícil camino .

Iba a ser necesaria mucha mano izquierda: una nueva manera de abordar las situaciones. Y a eso contribuiría decisivamente el arte.

Piedad _mano_izda colorPróximo capítulo: La astucia de Miguel Ángel.
Entre un analfabetismo casi universal y el férreo control de los teólogos, se abrieron paso los artistas. Su truco: no emplear palabras.


Ver Índice de capítulos

.


NOTAS del presente capítulo

(1) Ver: Construyendo al Enemigo
.
(2) Contraparadoja: Prescribir lo que se quiere evitar. Si al lector esto le parece contradictorio, tiene toda la razón, porque es una contradicción. Su descubrimiento se lo debemos al psiquiatra Paul Watzlawick, quién lo aprendió de sus pacientes esquizofrénicos y de la colaboración con su amigo George Bateson. Varios posts de este blog tratan de la contraparadoja.

(3) Ver: La astucia de Miguel Ángel
.

(4) Otro aspecto en el que los comerciantes avanzaron hacia el pensamiento moderno fue la adopción de los algoritmos y de los números, incluido el cero, importados de la cultura árabe. Los números habitaban un territorio ajeno a teólogos e inquisidores. Los algoritmos permitieron desarrollar el cálculo, esencial para el comercio y el desarrollo de las ciencias modernas. Y en el siglo XX harían posible la programación de ordenadores electrónicos.


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2 comentarios en “Comerciantes al rescate

  1. El comercio (creo) facilitó la libertad de las personas y en cierta medida debilitó a las monarquías, la aristocracia y las religiones. Pero (deduzco) dejó el campo abierto a la industria armamentística, a los ejercitos permanentes y a los mercenarios.

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