_La mujeres domestican el mundo

icono labradorLo mejor que enterramos aquí, crecerá de nuevo.

En capítulos anteriores hemos caminado entre homininos, mientras extraían el espíritu de las piedras e inventaban las bases del pensamiento y el lenguaje humanos. Me he atrevido a suponer que llegaron a experimentar el sentido de trascendencia. Y, sin duda, la pregnancia, junto al inicio del pensamiento racional y otras características humanas.

Pero después de dos millones de años de existencia y de haber puesto los cimientos de nuestra condición humana, esa especie se extinguió. Habían sobrevivido a muchas situaciones límite, pero no soportaron coexistir con sus propios descendientes: nosotros, la especie más peligrosa que ha poblado jamás este planeta. ¿Cómo pudimos llegar a convertimos en seres despiadados? Intentaré responder a eso en este capítulo y sobre todo en el próximo.

En esta segunda parte de este ensayo seguimos las huellas culturales de nuestra especie: qué hicimos con la herencia recibida y qué estamos dejando a nuestros paso.

Nuestra especie -los humanos modernos- se había formado biológicamente como somos ahora- hace unos 100.000 años. Y hace 10.000 años ya se había extendido a todas las regiones del mundo.
emigraciones hombre moderno
El final de la última glaciación supuso una gran fertilidad en varias zonas del mundo. En unas 8 zonas independientemente, se inició la agricultura y el pastoreo. Ello dio lugar a los primeros asentamientos humanos numerosos.
Agriculture_inicios independientes

Mapa del creciente fertil

La primera zona de asentamiento humana fue en Oriente Medio, en el “creciente fértil” (se le llama creciente por su forma de media luna con las puntas hacia abajo). Donde las desembocaduras  de tres ríos (la punta izquierda en el Nilo y la derecha en  la desembocadura del Tigris y el Éufrates) se inundaban cada año, dejando tras de cada crecida una tierra abonada de gran fertilidad (1).

Ese fue el origen, hace 8.500 años, de la mayor revolución cultural desde que los homininos descubrieran la talla de piedras. Hoy la conocemos como revolución neolítica (la nueva edad de la piedra pulimentada). Pero fue mucho más que una mejora en la tecnología de la piedra. Fue el comienzo de la domesticación del planeta por nuestra especie. Y de muchos otros cambios culturales, tecnológicos y sociales.

Los grupos humanos de cazadores y recolectoras tenían responsabilidades divididas por el sexo: los hombres de dedicaban a cazar, desplazándose grandes distancias tras de sus presas, Las mujeres permanecían en el campamento base, recolectando alimentos vegetales y huevos y cuidando a las crías durante varios años (como consecuencia de su nacimiento muy prematuro -un compromiso entre el canal de parto femenino y la estructura corporal necesaria para caminar erguidas).

Las mujeres tenían las competencias necesarias para iniciar la agricultura y la ganadería

Durante más de dos millones de años las mujeres adquirieron una gran experiencia práctica en las plantas comestibles, así como en la gestación, parto y crianza de los seres vivos. Esos conocimientos los transmitieron a sus hijas, sobrinas y nietas. Cuando llegó la gran fertilidad del neolítico, ellas estaban preparadas para comprender los misterios de la vida. En su mano izquierda podían sentir el movimiento de la vida bajo tierra: la pregnancia matricial que compartían con la madre tierra. Sentían la empetía con una oveja o cabra preñada, y con el parto y cuidado de las crías (mucho más sencillo y rápido que el de sus propios hijos humanos). Así las mujeres acumulaban todo el conocimiento de la especie humana necesario para iniciar la agricultura y la ganadería, compartiéndolo con los hombres.

Venus_WillendorfDe hecho, esas habilidades fueron tan importantes para la supervivencia de los grupos humanos, que las mujeres y sus hijas se convirtieron en el mayor activo de la comunidad. Esta figura esculpida hace 25.000 años, anterior en miles de años al neolítico, es una muestra de la importancia reconocida por la sociedad pre-neolítica a la fertilidad femenina y, seguramente, a las competencias femeninas en cuestiones relacionadas con la protección de la vida y el sentido matricial (2) de la existencia.

En el neolítico, los humanos modernos tenían un cerebro más desarrollado que los anteriores especies homininas. Con 2 millones de años de experiencia en la construcción y uso de herramientas; con un lenguaje articulado y capacidad de pensar racionalmente. Se encontraban en condiciones de implicarse en algo más complejo: la reproducción y aprovechamiento de otros seres vivos: las plantas y animales. Nadie estaba más preparado para ello que las mujeres. Decisiones como sembrar y cultivar la tierra; domesticar animales, proteger la vida, alimentarla, curar las dolencias, cruzar animales domesticados, ovejas, cabras y aves de corral; y cómo alimentarse de sus “productos”: carne, leche, huevos, lana y piel. Todo eso eran competencias de mujeres.

Es muy posible que fueran mujeres las que comprendieron el misterioso ciclo natural del nacimiento y crecimiento de las plantas, la maduración del fruto en verano, la semilla, su caída a tierra, su permanencia durante el invierno en el interior de la madre tierra y su renacimiento en primavera. Y que del mismo modo, comprendieran por experiencia que una oveja, una cabra o un perro alimentados y tratados con cariño (2) desde su nacimiento, podían convertirse en parte de la familia y dar su leche y su lana a sus padres adoptivos. También así comenzó el uso medicinal de las plantas.

Cambiar el mundo circundante, venía de muy lejos

No era la primera vez que seres vivos cambiaban el mundo. Ya había sucedido antes, desde cuatro mil millones de años atrás. Aunque no a la manera humana. La dialéctica de la vida es un diálogo continuo -de colaboración, enfrentamiento y mutua adaptación- entre los seres vivos y su hábitat.

Los seres vivos unicelulares -las bacterias-  crearon la atmósfera del planeta que respiramos. Las plantas y animales, incluidos los humanos, no habríamos llegado a existir sin aire.

Las plantas -sujetas por sus raíces a un mismo terreno durante toda su existencia- desarrollaron flores que atrajeron con sus llamativos colores a insectos, dándoles comida a cambio de su ayuda para combinar las propias células sexuales y diseminarlas por lugares donde las plantas no podía llegar por sí mismas. Así los insectos, en diálogo con las plantas, crearon los paisajes de vivos colores. Y así también nuestros ojos evolucionaron para percibir el color rojo de los frutos maduros, diferenciándolo del verde que aún es temprano para comer.

Ese diálogo continuo entre organismos biológicos de diferentes especies y de cada una con los fenómenos físicos de su entorno, es el lenguaje más antiguo del planeta Tierra, y aún sabemos muy poco de él.

El fin es el principio (3)

Los homininos habían desentrañado en la práctica (no en teoría, aunque todo llegaría) la doctrina del ser (4). Especialmente las mujeres, aunque no en exclusiva, eran capaces de sentir el inicio de la vida en el vientre de la tierra, como sentían al ser humano en movimiento dentro de su propio vientre. Así la pregnancia de origen matricial puso la base del pensamiento, el lenguaje y la cultura humanas. Los humanos modernos del neolítico, hace 9.000 años, lograron algo parecido con los ciclos de reproducción de la vida. Pero exactamente ¿qué aprendieron?

ouroborosAcerca del tiempo, aprendieron que todo está en perpetuo movimiento; que el fin es el principio. En la naturaleza, en todo cuanto nos rodea y en los propios humanos, todo lo que funciona se repite, de la misma manera o parecida, una y otra vez. Los seres vivos se aparean y tienen crías; mueren y les suceden sus descendientes. El sol viaja por la noche a las entrañas de la tierra, pero vuelve a salir cada mañana. La cebada sirve para alimentarnos, pero si enterramos una parte (la mejor selección) volverá a brotar en primavera y nos dará ciento por uno.

scalextric.jpgEste lazo sin fin sería siglos después el símbolo matemático del infinito, que muchos interpretan como un espacio sin límites. Pero nuestros antepasados sabían por experiencia que lo que carece de límites es el movimiento. Como los niños de la segunda mitad del siglo XX lo aprendieron en un juego llamado Scalextric.

Esta nueva forma de entender la vida dio lugar a una concepción del universo en armonía, unitaria y a la vez dual. Una lucha perpetua entre contrarios, pero también una colaboración entre opuestos, como la mano izquierda y la derecha. Y como un ciclo de oscilaciones hasta encontrar un equilibrio. La nueva manera de pensar no rompía con los principios aprendidos de la experiencia por los antiguos homininos, sino que los ampliaba y enriquecía. El ser desplegaba ante los humanos nuevas características. Como ser-en-movimiento. Como ser-antes-de-llegar-a-ser.

yin-yang_miniDonde ese pensamiento se desarrrolló más, fue en el Extremo Oriente, pocos siglos después. Se atribuye a Lao-Tse (5) la doctrina del camino hacia la unidad a través de la dualidad de dos principios opuestos y complementarios: el Yin y el Yang.

También en Grecia, con Heráclito (6) surgió un pensamiento parecido, que mucho tiempo después se conocería como dialéctica: Enseñó que todo fluye y todo cambia, como un río en el que nadie puede bañarse dos veces, porque ya no es el mismo río. Todo está en permanente conflicto, pero también regulado por un logos: el sentido.

Pero ¿quién pone el sentido? Quien haya leído los capítulos anteriores, sabe ya lo que yo creo: el sentido lo ponemos cada uno de nosotros, los humanos, extrayéndolo de nuestra experiencia. Lo ponemos por nuestra mano izquierda; por la pregnancia matricial que todos -hombres y mujeres- heredamos de nuestra madre.

La división del trabajo

Sin embargo, el gran cambio producido por las transformaciones neolíticas no iba a darse en el pensamiento filosófico sino en la organización social. Paradójicamente, los humanos empezaron a entender el movimiento, cuando dejaron de moverse tras la caza en sus migraciones estacionales. Al domesticar a plantas y animales se domesticaron ellos mismos, asentándose en el mismo territorio. Al producir grandes cantidades de alimentos, se agruparon en poblados, construyeron ciudades que llegaron a alojar a miles de individuos. Por ejemplo, la ciudad de Uruk llegó a tener 80.000 habitantes. Esas ciudades luego desaparecieron, aunque hoy las actuales megalópolis contienen cada una más de diez millones de habitantes.

Todo sucedió muy rápido: demasiado rápido, gracias a la extraordinaria fertilidad de las márgenes de esos tres grandes ríos de Oriente medio, tras cada crecida anual que inundaban sus orillas. La producción de alimentos aumentó tanto, que permitió alimentar no sólo a los humanos dedicados a la producción agrícola y ganadera, sino a otros que pudieron así dedicarse a diversos oficios auxiliares:

Los hombres fueron especializándose en construir casas habitables, graneros y murallas defensivas. Otros, reconvirtieron para la guerra sus habilidades en la caza: para defenderse de quien quisiera conquistar las ahora cada vez más codiciadas tierras de cultivo.

Otros se especializaron en llevar las cuentas del reparto anual de tierras después de cada inundación. Así inventaron la escritura: la memoria humana de trabajo, que primero quedó materializada en ladrillos; como estas piezas cerámicas halladas en Sumeria.

Posteriormente surgió la alfarería en los hornos de cocina gestionados por mujeres para cocinar sus alimentos. La alfarería tuvo un fuerte desarrollo en Japón, que se mantuvo aislada y en oriente medio, intercambiada por otros bienes que iniciaron un creciente comercio.

Nacen las formas geométricas

La inundación anual de las tierras fértiles obligó a redistribuir las tierras, al retirarse las aguas una vez al año. figuras_geometricasPara eso había que medir las tierras, lo que llevó a inventar la geometría con las tres formas geométricas fundamentales: el triángulo, el círculo y el cuadrado.

Las distancias empezaron a medirse con cuerdas. Y así nacieron las primeras unidades de medida basadas en las dimensiones del cuerpo: pulgar, pie, yarda, braza, palmo y codo.

Además de medir, fue necesario aprender a contar y, para eso, utilizaron los dedos de las manos. Nació la aritmética. Y así, pronto descubrieron relaciones mágicas en el cielo y en la tierra.

Cuerda triangulo sagrado 315Si se toma una cuerda de 12 codos de larga y se marca a 3, 4 y 5 codos; se atan tres estacas en esas marcas y se clavan en el suelo, se obtiene un triángulo que es más que un triángulo: es un triángulo “sagrado”. ¿Por qué sagrado?

sesgo2En realidad, todo triángulo de madera tiene algo de “sagrado” porque su forma  permanece sin deformarse como lo haría un cuadrilatero.

CuadriculaTriangSagradoTiene estabilidad, para construir paredes y tejados de madera. Una cualidad valiosa, además de la de cuadricular campos para distribuir las tierras. Pero también simbólica: porque el triángulo es el ser que permanece sin deformarse. Así pudieron construirse edificios de madera que permanecían en pie sin derrumbarse.

El triángulo “sagrado” tiene también de especial, la relación entre tres números naturales: 3, 4 y 5 que pueden recordarse y comunicarse con los dedos de una mano.

circulo_rueda_300_3Nace el círculo y la rueda

Una cuerda y una estaca hincada en el suelo creó otra maravilla: el círculo. Y de él, hace 6.000 años, nació la rueda: la primera máquina de la historia, después de la palanca.

Con la rueda nació el transporte para facilitar el comercio. carro sumerioY también nacieron los carros para facilitar el movimiento de guerreros. Los humanos asentados en poblados que se convertían en ciudades, volvieron a ponerse en movimiento. Pero ahora, no tanto para emigrar, sino para comerciar y, sobre todo, para conquistar nuevos territorios.

Así el círculo creó la rueda. La rueda creó los ejércitos. Los ejércitos tecnificaron la guerra. Y las guerras… crearon a los esclavos (que ahora podían alimentarse en las grandes plantaciones). Un bucle casi infinito. Sólo faltaba Dios, pero pronto saldría también a escena.

Cada cosa a su tiempo. Ahora, para poner ejércitos en marcha, iba a ser necesario -además de ruedas físicas- un buen relato.

icono amo-esclavo-colorY, del nacimiento de ese relato, trata el próximo capítulo: Construyendo al Enemigo. A partir de ahora en adelante, la desigualdad social sería un asunto de hombres.


Ver Índice de capítulos

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NOTAS del presente capítulo

(1) La revolución neolítica se produjo de manera independiente a partir de al menos seis regiones del planeta, sin contacto entre sí, conocidas como las cunas de la civilización: Asia occidental, China oriental, Nueva Guinea, Mesoamérica, Cordillera de los Andes, Norteamérica oriental, y posiblemente también África subsahariana y Amazonia. (Ver Neolítico)

(2) En el capítulo pregnancia matricialPregnancia matricial se explica la característica psicológica femenina que hombres y mujeres hemos heredado de nuestras madres.

(3) En el capítulo Adoptando a las hijas del sol, quise hacer un homenaje a esta actitud femenina de cuidar a crías en peligro, imaginando que fue una mujer quien domesticó el fuego, al compadecerse de una pequeña llama a punto de extinguirse.

(4) En lengua vasca: “Hasiera da amaiera” (el final es el principio).

(5) determinacion estrellado1Acerca de la doctrina del ser, ver el capítulo: Determinación en la mano derecha.
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historias_ausencia_cabecera– Y ver también el capítulo: En busca del ser ausente.
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(6) Ver Tao: el sentido
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(7) Ver El logos de Heráclito
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2 comentarios en “_La mujeres domestican el mundo

  1. Dentro de este capítulo me ha parecido especialmente bueno el apartado “Cambiar el mundo circundante, venía de muy lejos”: es un pasaje breve, pero intenso, como el viaje de millones de años que narra; hace que nos sintamos infinitamente pequeños, y efímeros, pero siendo parte, a la vez, de la maravilla de la evolución, más allá incluso de la especie humana; en definitiva, formando parte de la vida.

    Me quedo un momento con este regusto tan bueno, José Luis, antes de pasar al siguiente capítulo. Su título “promete”, y ya señalas más arriba que con la revolución neolítica comienza la domesticación del planeta por nuestra especie”; en fin, que… aquí estamos, en el borde peligroso.

    1. Exactamente: desde las bacterias, los seres vivos hemos transformado el mundo. Pero los humanos somos responsables de las decisiones que tomamos y también de las que no tomamos. No vale mirar para otro lado y menos ahora que estamos en el borde peligroso. Muchas gracias.

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