Adoptando a las hijas del Sol

sol_250Durante más de un millón de años los homininos vivieron relacionándose con las hijas del sol lo menos posible. Porque conocían por experiencia su ferocidad. Hasta que una noche empezaron a entenderse.

Cómo ocurrió o pudo ocurrir (1)

Aquellas criaturas luminosas eran demasiado peligrosas. Por eso las temían. Tanto como las temían los monos y demás animales: hasta los pájaros salían huyendo en cuanto ellas aparecían.

Del sol sabían algunas cosas: que es viejo, porque se mueve lentamente y sólo por el día. Luego va quedándose sin fuerzas y se oculta en la montaña hasta el día siguiente. El sol es como un viejo león.

Los homininos, que también viajaban mucho para cazar, cuando se cansaban, se tomaban un respiro. Y también se ocultaban a la vez que el sol, como muchos otros animales. Por eso le entendían y respetaban. Y no se atrevían a mirarle a la cara, porque sabían que si lo hacían podían perder la vista para siempre.

Pero si el sol era fácil de entender, con sus hijas, en cambio… mucho cuidado.

A veces, el sol se retiraba pronto, porque la oscuridad aumentaba y retumbaban en la lejanía ruidos terribles procedentes del cielo, como troncos huecos golpeados frenéticamente por una horda de guerreros enfurecidos. Luces extrañas aparecían: iban y venían. Y entonces, llegaban las hijas del sol arrasando todo lo que encontraban. Era cuando todo bicho viviente escapaba tan rápido como podía.

Las crías del sol mataban de cerca, cuando veían a un ser vivo y lo devoraban. Una cría del sol, aunque fuera pequeña, crecía  rápidamente hasta ser mucho más grande que el sol y envolver los árboles más altos. Por si fuera poco, de ella salían nuevas crías. Y si te rodeaban, no había manera de escapar. Cuando al fin se iban, dejaban tras de sí un rastro negro y desolado.

Cuando los homininos veían a los pájaros y demás animales huyendo, ellos también salían despavoridos. En la desbandada se mezclaban con las fieras, que en esos momentos no eran un peligro. Sólo querían sobrevivir a las hijas del sol.

Todos los homininos y, según contaban los más viejos, también quienes ya no estaban entre ellos, sabían que nada bueno podía esperarse de esas fieras. A nadie se le hubiese ocurrido intentar cazarlas. Y si alguien lo hubiese pretendido, la propia familia le habría expulsado del grupo por su locura.

La curiosidad

Pero los homininos eran muy curiosos; más que cualquier otro animal de la sabana. Por eso habían aprendido tanto acerca de las hijas del sol; los viejos contaban a los más jóvenes la misma historia (2) cada vez que escapaban de una tormenta.

Así habían aprendido que el sol era un viejo león y que no era peligroso mientras no le mirasen a la cara. Y sabían que el verdadero peligro venía de sus crías, más salvajes que ningún otro animal de la sabana. Que llegaban con la tormenta atacando a todos. Y que de nada servía reunir contra ellas a los cazadores más aguerridos. Ni las armas servían de nada, porque se las comían o inutilizaban.

Sólo el lago y el río parecían detenerlas. Pero cuando todo estaba seco, el peligro de ataque era aún mayor. Nunca había visto nadie morir a una cría del sol. Después de matar y alimentarse de sus víctimas, se marchaban; y hasta la próxima vez.

Así pasaron muchas generaciones

Un secreto bien guardado

Hace un millón de años, seguramente los homininos ya empleaban palabras para contar historias. Y cada vez eran más curiosos.

Y entre los curiosos sobresalían tres hermanos: dos chicos y una chica, siempre pedían nuevos relatos al abuelo más viejo. Y un día él les contó algo que nunca antes se había atrevido a contar; y no quería morir sin transmitir su secreto.

Cuando era joven, el abuelo se había quedado una vez solo en medio de una tormenta. Una cría del sol había saltado a un árbol muy cerca de donde él estaba y empezó a devorarlo. Paralizado de terror, permaneció contemplando la espantosa escena. Para su sorpresa, la criatura empezó a debilitarse después de haber crecido y se fue haciendo más pequeña. Envalentonado, creyó que podría hacerla huir y la acometió con su lanza.antorcha_izda Al verse atacada, la criatura ardiente mordió la madera de la lanza y entonces sucedió algo inesperado: la punta empezó a brillar. Sin atreverse a mover, el joven permaneció quieto con su lanza en alto; y, al poco, la luz se fue haciendo más pequeña hasta desaparecer. La hija del sol había muerto ante sus ojos.

El abuelo les contó que, en aquel momento, se dio cuenta de que las crías del sol podían ser cazadas, pues morían como cualquier animal al faltarle alimento. Nunca había contado esta historia, porque le habrían expulsado de la familia por jugar con algo tan peligroso para todos.

Y añadió que, con el tiempo, empezó a pensar que aquella criatura le habría devorado de haber querido hacerlo. Y que, si no lo hizo, fue  tal vez porque él le ofreció su lanza como alimento. Recordó que también los chacales suelen seguir a los cazadores a distancia; pero no para atacarles, sino para aprovechar la carroña que dejan a su paso. Quizás las hijas del sol no fueran tan agresivas, ni tan diferentes de otros animales, si se les dejaba algo de comer.

Los tres jóvenes quedaron fascinados por la historia y tomaron la decisión de repetir la aventura del abuelo para descubrir si tenía razón.

Fue así como, desde entonces, no se perdieron ni una tormenta, esperando la ocasión de repetir la experiencia del viejo.

Y al fin encontraron su oportunidad. Iban preparados cada uno con una larga lanza con punta de hueso, para atacar a la criatura al mismo tiempo desde tres lugares. Así lo hicieron; pero la criatura respondió y empezó a devorar las desde la punta. Atemorizados al ver a la criatura avanzar por la madera de la lanza hacia su cuerpo, los dos chicos arrojaron sus armas al suelo. La chica quedó paralizada de miedo con la lanza en alto. Sus hermanos le dijeron que lo soltase y corriera lejos. Pero ella contestó: “Está muy débil; si no come nada, morirá…” y siguió sosteniéndolo en alto.

Los hermanos, volvieron sobre sus pasos, recogieron del suelo sus armas y con mucha precaución los acercaron a la que sostenía en alto su hermana. Al juntarlos, la hija del Sol brilló algo más. Y, al separar las lanzas, se había convertido en tres. Aunque ninguna de esas criaturas parecía tan peligrosos como antes.

Mantener la llama

Volvieron al lugar donde su familia pasaba la noche; felices, gritando de alegría que no había que temer: que estas hijas del sol eran sus amigas.

A partir de esa noche, la vida cambió para la familia de los tres jóvenes héroes. Lo primero que hizo el grupo fue poner nombre a aquellas criaturas. A una le llamaron “Lumbre“, a otra “Llama” y a la tercera “Hoguera“. Luego se aseguraron de que nunca les faltase comida; para mantener su precaria vida en todo momento. Pero tampoco demasiada comida; no fueran a crecer y se volvieran agresivas.

Lumbre, Llama y Hogar les correspondieron, dándoles su calor y su luz. Como el sol, que no quema si se le trata con respeto; como ellos siempre le habían tratado. Ahora, aún de noche podían reconocerse entre sí y adquirieron nuevas costumbres, como el comer juntos en la oscuridad que había perdido su negrura. A esta comida la llamaron “Cena”.

narrando historias325x325Las nuevas noches, iluminadas por antorchas y el fuego de campamento eran ideales para contar historias y representar las escenas que habían vivido en sus expediciones de caza (2). Ahora sus sombras bailaban y luchaban entre ellas. Y todo era más real: la hija del sol les había traído nueva vida (3).

Y también más seguridad. Ya no había que preocuparse por las fieras que merodeaban cerca del campamento. El resplandor de la hoguera las mantenía alejadas.

Pronto, la noticia de la existencia de la llama se propagó entre las tribus. Los distintos grupos aprendieron a mantener sus hoguera sin peligro y les aplicaron nuevos nombres, como “fuego” y “hogar“.

Y con el tiempo aprendieron más cosas acerca de ella. La más importante es que ahora podían cocinar sus alimentos y digerirlos con facilidad. Eso hizo que su cerebro creciese aún más, aunque esto requirió mucho mucho tiempo (4).

Y también hubo de transcurrir mucho tiempo para descubrir cómo iniciar el fuego: cientos de miles de años. Entre tanto lo más importante era evitar que la llama se apagara.

llama-soldado-desconocido

Por eso, aún hoy en día se conserva tradiciones de mantener la llama. Tienen que ver con lo sagrado. No sólo con las religiones (como la lamparilla del sagrario), sino también de la llama en recuerdo a los héroes que dieron su vida por el grupo (5). ¿Qué le vamos a hacer, si seguimos siendo homininos?

Ver el siguiente capítulo: La trascendencia.
El inicio de la condición espiritual del ser humano.


Ver Índice de capítulos

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NOTAS del presente capítulo

(1) “Cómo ocurrió o pudo ocurrir” es una expresión en homenaje a Konrad Lorenz, que tuvo que utilizar su imaginación para inventar historias verosímiles que nos ayudaron a pensar con seriedad en nuestro papel en el mundo.

(2) historias_cabeceraVer: Contando historias sin palabras.
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situacion-sorpresa

(3) Ver: Contando historias desde el arte.

(4) Y aún hubo de trascurrir más tiempo para aplicar a los lobos el mismo tratamiento de alimentos a cambio de desarme, para convertirlos en el mejor amigo del hombre: el perro doméstico.

historias_ausencia_cabecera(5) Ver : En busca del ser ausente.
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4 comentarios en “Adoptando a las hijas del Sol

  1. ¡Qué maravilla! ¡Transformar la amenaza en ayuda! ¡Abrir nuevas y extraordinarias posibilidades! Aunque en el envés, ahí siga la amenaza, entre los homininos, y entre nosotros, sus hijos. Ese ha sido y es nuestro reto de supervivencia.
    Precioso, Jose Luis. Gracias.

    1. Que el enemigo se convierta en tu amigo. Que lo que querías destruir, lo acabes protegiendo. Que quien te amenazaba, te salve la vida. Y que en lo más oscuro amanezca. Admiro mucho a los homininos: con la mitad de nuestro cerebro, nos daban cien vueltas. Y gracias a que fueron emigrantes estamos ahora aquí.

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