Contando historias desde el arte

Todas las artes sirven para contar historias. Siempre sorprendiendo de diversas maneras.

Vimos en un capítulo anterior (1) que construir un hacha de piedra significa sacar el filo que permanece oculto en una piedra particular. Porque el filo de un cuchillo o de un hacha pone a la vista (y al tacto) la dureza de esa piedra y sus efectos. La dureza es la propiedad general de un material de ser más duro que otro. Y esa propiedad se manifiesta cuando ese material raya o corta a otro, sin ser rayado ni cortado por él.

La tecnología humana ha avanzado mucho desde el hacha de piedra. Los instrumentos actuales están compuestos por muchas piezas. Pero su construcción sigue siendo un proceso que termina en el producto acabado.

La construcción de una obra de arte es un proceso parecido, pero sólo en apariencia. Porque el arte es un lenguaje y el proceso no acaba con la terminación de la obra de arte; entonces empieza la segunda parte, tan importante como la primera: la comunicación.

También el lenguaje cotidiano que los humanos emplean para comunicarse socialmente parece un proceso de construcción, porque las palabras están construidas con sonidos diferentes y articuladas entre sí formando expresiones variables hasta el infinito.  Sin embargo lo que le convierte en lenguaje es la comunicación social: el diálogo entre interlocutores: uno que emite un mensaje y el otro que lo recibe, interpreta y responde. Y aunque no responda, lo hace con su silencio. La paradoja de la comunicación entre dos es que resulta imposible no comunicar, porque hasta el silencio es un mensaje con significado.

Y lo mismo sucede con el arte. Cualquier obra de arte original o reproducida genera un mensaje que consta de dos partes: la pregunta y la respuesta. Es un diálogo entre el artista y el espectador.

Cuando el artista construye una obra de arte, está haciendo una pregunta. La obra de arte es ella misma una pregunta o una serie de ellas, dirigidas al  espectador. Y cuando un espectador contempla la obra de arte o la escucha o la lee, está rehaciendo esa pregunta (y quizás respondiendo) según su propia experiencia vital.

El proceso de creación de un objeto artístico pertenece a la estética objetiva. Y el proceso del espectador o lector, a la estética existencial.

La pregnancia de la obra de arte une al artista con el espectador haciendo posible ese diálogo. El artista poniendo sentido en su obra; y el espectador, involucrándose al poner en la obra el sentido que encuentra en ella de acuerdo a sus propias experiencias vitales.

Pregnancia(2) como eliminación de materia plástica

La pregnancia es la propiedad esencial de una obra de arte: el valor de su ser estético. Sin embargo en cada lenguaje artístico la pregnancia existe de distinta manera, aunque siempre por la mano izquierda. Es la parte opuesta a la razón por la mano derecha, que sigue las reglas de la lógica.

En las artes plásticas se obtiene la pregnancia eliminando materia expresiva. Eso abre al espectador un marco de posibilidades de interpretación.

La arquitectura parece que consista en construir edificios. Pero en realidad consiste en crear espacios habitables para humanos. El espectador de una obra arquitectónica se mueve por el interior de la obra y también por su exterior, experimentando su habitabilidad.

Asimismo el espectador de una escultura hace un viaje alrededor de la escultura, que puede ser un viaje iniciático, de descubrimiento.

Y el espectador de una pintura artística también viaja por el interior de la pintura; porque en ella encuentra un foco de atención y luego algo más que le lleva a viajar por el contenido.

El espectador siempre puede viajar dentro de una obra de arte. Si es un arte espacial, moviéndose por sí mismo en el marco de la obra. Si es un poema, una historia o una obra musical, dejándose llevar en el curso temporal de la propia obra.

Narración de historias

Las artes que cuentan historias, como la novela. el teatro y la danza, utilizan la estructura de tríada dialéctica que ya conocían en la Grecia antigua: 1) presentación, 2) nudo y 3) desenlace.

Dicho en términos filosóficos de la lógica dialéctica de Hegel: 1) El ser-en-sí, 2) la negación o pérdida del ser; 3) el reencuentro con el ser perdido.

Si esto último no se entiende, no importa; porque hay otra forma de decirlo, que entienden hasta los niños de un año de edad: en términos de ilusionismo: 1) Presentación; 2) Desaparición; 3) Reaparición por arte de magia.

Y aún nos quedaría otra versión, la de Hollywood del siglo XX: 1) Chico encuentra chica; 2) Chico pierde chica; 3) Chico y chica se reencuentran en un final feliz.

La estructura en tres partes tiene un núcleo formado por dos elementos: el primero es una situación caracterizada por la repetición, como la aplicación de una regla. A menudo se ha confundido el arte con esta parte: este primer momento. Es como la mano derecha realizando una tarea rutinaria, aunque sea importante termina por aburrir.

El segundo momento es la ruptura de la regla: su transgresión. Algo inesperado que va a coger al espectador por sorpresa.

Pregnancia como transgresión de reglas

Si en el espacio la pregnancia se produce vaciando el espacio de materia expresiva, en el tiempo se obtiene estableciendo reglas y rompiéndolas inesperadamente. Aunque esto ha supuesto casi siempre para el artista arriesgarse por ir contracorriente.

Porque a lo largo de la historia del arte, y en todas las sociedades organizadas, se ha dado mucha importancia a las reglas y al orden. Por respeto al orden social establecido, las reglas se consideraron sagradas. No sólo las reglas de comportamiento social, sino las reglas del pensamiento oficial.

El filósofo griego Platón, famoso por su seriedad, escribió que había que ahorcar a cualquier músico que infringiese las reglas de armonía con alguna combinación de notas “disonante“. Más tarde se fundaron academias para proteger las reglas artísticas, expulsando a los artistas demasiado innovadores. Incluso Juan Sebastian Bach en el siglo XVIII fue calificado de “disonante”. Aunque poco después sus “disonancias” se convertían en reglas casi sagradas. Lo mismo sucedió en todas las academias de arte.

Los grandes artistas siempre han encontrado alguna rendija por donde escapar de las reglas que limitaban su expresión artística. La libertad es muy importante en el arte y en la vida. Y tarde o temprano la vida acaba por abrirse paso y la libertad también.

El fundamento de la transgresión es el mismo que utiliza un niño de 8 meses (3) cuando empieza a arrojar al abismo su juguete favorito, en espera de que un adulto acuda en su auxilio haciendo que vuelva a aparecer: –Ahora sí, ahora sí… Sorpresa: ¡ya no está!

Todo empieza con una situación que parece razonable, estable y rutinaria como dar golpes repetidos en un clavo… Y, de pronto, cuando menos se espera, todo cambia: la regla establecida deja de funcionar.

Ésta es la estructura básica de toda narración y de toda obra de arte musical:
1) Situación estable (rutinaria);
2) Sorpresa (ruptura de la estabilidad).

Esto no es arte de la belleza: es estética existencial. En la vida real hay épocas regulares donde las cosas transcurren regularmente y sin sobresaltos. Y de pronto, cuando menos se espera, la normalidad se rompe y hay que afrontar la vida desnuda: –¡Todos fuera! Ahora, a ver qué haces (4). Ese es tanto el núcleo del arte, como de cualquier historia y también de la dramática vida real. Es por eso que los humanos (independientemente de nuestro grado de cordura) pasan sus vidas contando historias o actuando dentro de ellas.

La obra de arte es una deconstrucción en espera del espectador

La expresión artística no es la misma que la construcción de una herramienta primitiva. Es todo lo contrario: una inversión, una deconstrucción del resultado final.

En la construcción de la herramienta, el artesano parte de la pregnancia en la mano izquierda y completa el proceso con la determinación de la derecha.

david-miguel-angelUn artista escultor parece que hace lo mismo, pero lo hace en sentido contrario: desmontando el proceso de construcción, es decir, deconstruyéndolo. Miguel Ángel toma un bloque de mármol y se imagina dentro a David, el joven héroe que mató al gigante Goliat. Desde ese punto de partida, el escultor “se limita” a quitar del bloque de mármol la materia sobrante, la que mantiene oculto al David imaginario. Que no es una idea general como la dureza o el filo de un hacha: es un David particular, único e irrepetible.

Cuando un espectador contempla esa estatua, responde inevitablemente a la pregunta del artista: –¿Qué te dice a ti este David?

Entonces el espectador completa el diálogo que el artista había dejado abierto. Y aún si no ve nada más que la firma al pie de la escultura, ya está respondiendo.

Una obra de arte es pues una invitación al espectador a entrar dentro del marco (del bloque de mármol-ahora imaginario- que encuadraba la escultura) y dejarse conducir por sus propio sentimientos, por su experiencia existencial. E involucrarse y, de algún modo, quedarse preñado de una vida con sentido. Eso es la pregnancia.

Por eso el arte es una cura para la razón deshumanizada y deshumanizadora. Creo que lo artistas crean su obra para ayudarnos a no volvernos locos. Para encontrar a través de esa obra, en nosotros mismos, un sentido a nuestra existencia.

Música para encontrar mi propia historia

La música es, de todas las artes, la única que no necesita un objeto. Ayuda a encontrar el sentido en el transcurrir del tiempo. Hay algunas obras musicales que describen escenas o sentimientos del mundo real. Esa música se conoce como programática. Y cuando no hace referencia más que a la propia música, se le llama música absoluta.

Pero creo que la relación entre la música y el mundo real o imaginario la pone no sólo el autor sino también los intérpretes y también cada oyente. Entonces, no hay música absoluta. Porque en última instancia será el oyente quien agregue lo que falta. Es lo que sucede en todas las artes y en todos los lenguajes que no respetan las leyes de la Lógica.

Reglas musicales

La sensación de “regularidad” se comunica en música aplicando repetidamente un mismo patrón (rítmico o armónico). Escuchar ese patrón es agradable y cómodo; crea una expectativa que se cumple… y si se alarga demasiado, también llega a aburrir.

Pero antes de que eso suceda, aparece una variante, algo inesperado. No sólo lo hace el autor al componer la obra: también lo hacen el intérprete o el director de orquesta, al dejarse llevar por la música con sus sentimientos. Ellos se impregnan de emociones;  y entonces, inconscientemente pero sin evitarlo, introducen ligeras variantes en el ritmo, volumen, timbre (y en el tono de instrumentos de cuerda, aire o percusión). De manera que, cuando menos lo espera, el oyente se encuentra con una sorpresa que rompe sus expectativas.

Por el contrario, si una partitura se transcribe a formato MIDI (5), se convierte en órdenes directas de ejecución sobre un instrumento MIDI; el cual sigue estrictamente las duraciones, intensidad, tono y timbre indicadas en la partitura. Todo es absolutamente lógico y exacto. Esa reproducción sin interpretación carece de cualquier sorpresa que no esté detallada en la partitura. Entonces el espectador percibe que le falta algo esencial, porque le resulta fría y sin emoción. Se dice entonces que “suena a pianola”. Lo que le falta en humanidad es exactamente lo que le sobra de lógica y tecnología: la exactitud deshumanizada en la manera de seguir la partitura.

Ritmo
El ritmo tiene un marco temporal, formado por batidos que se suceden con una frecuencia que varía entre 60 y 120 por minuto, como late el corazón humano según la actividad física y el estado emocional del sujeto. Como vimos en el capítulo anterior (6), una percusión formada por 3 golpes regulares basta para comunicar la situación inicial de una historia. Si a eso se añade un cuarto golpe más fuerte seguido de un silencio, se produce la sorpresa, porque el oyente esperaba una continuación de los batidos regulares. Y ahí tenemos ya el núcleo de una historia (¿acaso el destino llamando a la puerta?), que puede desenvolverse en múltiples repeticiones con variantes capaces de llevarnos en una montaña rusa de emociones entre el temor y la alegría, la calma y el frenesí; que es lo que sucede en la 5ª Sinfonía de Beethoven.

Armonía
Un acorde formado como mínimo por dos notas simultáneas o en secuencia, bastan para inducir una emoción.

Los intervalos (relación entre dos notas) y acordes (relación entre dos o más intervalos) inducen emociones en muchos oyentes:

– Acordes de quinta y cuarta se utilizan en himnos, marchas militares, celebraciones y fiestas que exaltan la pertenencia al grupo, la supervivencia y la victoria.

– En cambio, el intervalo y acorde de tercera menor (3 semitonos: por ejemplo do, mi-bemol) es el comienzo de muchas canciones de cuna y también de canciones tristes. ¿Como es posible esa ambivalencia de proximidad y tristeza? Porque suscita emociones relacionadas con la relación de apego, que admite dos posibilidades contrarias de la misma situación: a) la empatía en el contacto entre madre y criatura produce en ambas personas sentimientos de ternura y felicidad: b) pero la  lejanía del otro, o su mera posibilidad, es causa en ambos de angustia y dolor intensos. Se trata de una situación existencial con dos salidas posibles, casi siempre presentes. Es la ambivalencia del sentimiento de ternura. Que, naturalmente, desencadena la pregnancia del oyente al involucrarse con sus propias experiencias.

– Acortando aún más el intervalo a un semitono (como do, do-sostenido) en la película Tiburón de Spielberg produce una emoción de terror inolvidable, al hacer sentir la proximidad e inminencia de los amenazadores dientes del depredador.

Combinando tales efectos, la progresión de acordes logra transmitir la estructura básica de un relato de viaje partiendo del acorde de tónica, a través de vicisitudes de apego (acordes menores) o festivos (acordes mayores), hasta un punto (dominante) en que se presiente el feliz retorno al hogar -o la llegada final a la meta- de nuevo en la tónica.

Pintura, escultura y arquitectura

Estas especialidades artísticas son espaciales. Por tanto, el movimiento lo pone el espectador recorriendo con la mirada (al contemplar un cuadro) o desplazándose físicamente alrededor de una escultura; o por las dependencias de un edificio, jardines. etc. Ese recorrido tiene el sentido de un viaje iniciático, porque todos descendemos de emigrantes y tarde o temprano nos vemos abocados a marchar en busca de la tierra prometida.

La arquitectura tiene una singularidad, debido a su evidente carácter constructivo. La experiencia de los niños al manipular objetos desde el comienzo de su segundo año de vida es fundamental en el desarrollo del lenguaje y el pensamiento humanos. Los niños construyen modelos del mundo circundante con los objetos que tienen a mano. El habla y el pensamiento son verdaderas obras de arquitectura, como veremos en el capítulo siguiente. Por eso una obra de arquitectura logra fascinarnos.

Del protolenguaje al lenguaje articulado

Con esto tendríamos ya los elementos básicos para contar una micro-historia y comunicarnos con un niño de un año de edad. Porque hasta ahora hemos visto sólo elementos básicos del lenguaje y de las historias: componentes elementales para formar el núcleo de una historia: un protolenguaje (6). Las historias y las obras de arte son mucho más extensas, potencialmente hasta el infinito. Requieren el despliegue de elementos diversos y su articulación. En la historia humana, ese despliegue ocupó la mayor parte de su prehistoria. A ello se dedica el próximo capítulo: Construyendo lenguaje y pensamiento.


Ver Índice de capítulos

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NOTAS del presente capítulo

(1) Ver Determinación en la mano derecha

(2) Ver Pregnancia en la mano izquierda

(3) Ver En busca del ser ausente

(4) En una ocasión Jorge Oteiza estaba invitado en una exposición sobre arte urbano, proclamó en su peculiar estilo provocador: –¿Qué hacéis aquí? ¡Abrid las puertas y todos a la puñetera calle! A ver qué sois capaces de ver ahí fuera.

(5) El formato MIDI (Musical Instrument Digital Interface – Interfaz Digital de Instrumentos Musicales) permite convertir una  partitura en música en una pianola electrónica, como los teclados electrónicos actuales.

(6) Ver Inicio del lenguaje humano


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