05. Recolectoras y cazadores

cabecera hembra recolectoraHembras y machos se adaptaron de manera diferente en la hominización.

Cuando llegaron a su nuevo hábitat en la sabana, los homininos eran unos inadaptados. Ese ecosistema era muy estable y la competencia feroz; con depredadores y presas muy eficientes cazando o evitando ser cazados; y oportunistas carroñeros, no menos implacables en hacerse con una parte del festín.

gupepardo cazandoUn guepardo hembra alcanza 95 Kms/hora en 3 segundos, salta sobre su presa al galope y la mata sobre la marcha.

Los advenedizos homininos no tenían esa eficiencia. Ni velocidad ni fuerza ni olfato ni garras ni colmillos.

En resumen, no había sitio para ellos. El hominino, macho o hembra, como mucho, podía caminar erguido y trotar sobre sus nuevas piernas, sin tener que apoyar las manos en el suelo al correr, como hacían los monos (las especies más parecidas).

Las hembras homininas seguían teniendo una envergadura, peso y fuerza muy inferiores al macho. No podían intentar cazar y, menos aún, proteger al mismo tiempo a sus crías. El único reparto posible de tareas, era que las hembras del grupo permaneciesen con las crías en el campamento base, preferiblemente al resguardo de una cueva o posición elevada. Alejándose lo menos posible unas de otras, madres, tías y abuelas se repartían la protección y cuidado de las crías, la recolección de plantas y raíces comestibles y seguramente la confección y utilización de herramientas y armas para defenderse de incursiones.

Sólo los machos tenían alguna opción de salir al descubierto a cazar sin ser cazados. Su principal ventaja era el grupo, o sea, la familia. Su elevada inteligencia social les había llevado a basar su supervivencia en el grupo. Y los machos eran más prescindibles para el grupo que las hembras, una vez que las habían fecundado.

Matar a distancia

Las primeras herramientas fueron también armas. Su incipiente tecnología les permitía cortar, perforar, rascar y escarbar. Pero eso era más útil para las hembras en su trabajo de recolectoras. Así se produjo un nuevo invento: atar con tendones un hueso afilado a un palo, para prolongar en uno o dos metros la longitud del brazo, lo que facilitaría mantener a distancia los dientes y garras de otros depredadores; así como las coces de los rumiantes.

Esas primitivas lanzas no servían para ser “lanzadas” como jabalinas. Porque eso requiere dominar su balística y para ello aún tendrían que esperar los humanos muchos siglos. Las jabalinas más antiguas encontradas hasta ahora datan de hace 300.000 años. Permitía alcanzar a una presa a 20 metros. A esas distancia un hominino ya era tan efectivo como un guepardo. Un grupo de cazadores lanzando a la vez sus jabalinas empezaba a ser un oponente serio para otros depredadores. En la caza… y en la guerra.

El arte de cazar en grupo es como el arte de la guerra

Faltaban todavía muchos milenios para que Sun Tzu describiese las leyes de la guerra. Pero esas leyes son las mismas que para la caza en grupo. Una vez más, los homininos no sabían, pero lo hacían, aprendiendo de la experiencia.

Las leyes de la guerra descritas ahora hace menos de tres mil años, se resumen en dos: marchar y engañar al enemigo:

“La dificultad de la lucha es hacer cercanas las distancias largas y convertir los problemas en ventajas. (…) En terrenos desfavorables, continúa marchando”.
“El arte de la guerra se basa en el engaño. Ataca al enemigo cuando no está preparado, y aparece cuando no te espera”.
(Sun Tzu 1: El arte de la guerra, 2.500 aC)

La caza en grupo obligó a los homininos a largas marchas a través de la sabana, culminadas en emboscadas a la orilla de un río, lago o manantial cuando las presas acudieran a beber.

Un ritmo de marcha sincronizado

cazadores-en-marcha

La sincronización de movimientos en un grupo se basa en leyes físicas y está presente en muchos fenómenos físicos, biológicos y sociales 2. En un capítulo anterior hemos visto que es algo muy arraigado en las especies vivas. Los órganos de cada individuo están sincronizados en su biología a ritmos muy diversos. A los pocos días de nacer, un bebé actual reacciona ante el cambio de ritmo sonoro. Desde los siete meses puede aprender ritmos diferentes y seguir sus movimientos.

También los distintos individuos que forman un grupo, obtienen importantes ventajas al sincronizar sus movimientos. Esta capacidad es un pilar de la inteligencia de enjambre y en general de la inteligencia social.

Los machos cazadores tuvieron que recorrer distancias importantes al paso, al trote o corriendo, sincronizando el ritmo de sus pisadas para alcanzar una velocidad sostenible, sin agotarse antes de entrar en acción. Su experiencia en grupo con el ritmo de construcción de herramientas -y cualquier ritmo en sí mismo- les sirvió también para optimizar la marcha en sus expediciones de caza. Si pudiésemos verlos, no nos parecerían muy diferentes de un grupo de marines corriendo juntos.

Aunque aquéllos no cantaban, al menos con palabras. El lenguaje es hoy la fuente más importante de sincronización humana. Pero antes de disponer de un lenguaje verbal articulado, los hominínos disponían de otros medios para sincronizar el grupo como un solo cuerpo. Durante la marcha, para cansarse menos; y durante el acecho, para comunicarse con señales que ni la presa ni otros depredadores pudieran reconocer.

Pero el problema de los cazadores no sólo era cazar, sino regresar con vida a su base. En su ausencia, las hembras -jóvenes, madres y abuelas- habían mantenido a las crías -y a ellas mismas- a salvo de depredadores. A la vez, habían recolectado raíces, hierbas y frutos, mucho menos nutritivos que la carne, pero único alimento asegurado cuando la caza fallaba.

Y quizás también habían recibido amablemente a algún macho desconocido que pasaba por allí. La hospitalidad (incorporar al grupo genes diferentes) estaba premiada por las leyes de la evolución; tanto como los celos estaban penalizados. Una vez más, no lo sabían pero lo hacían. Y ni siquiera había dioses que se lo prohibieran.

Y cuando los cazadores volvían, qué sabrosa guarnición para la carne que traían. Qué fiesta para el grupo; y sobre todo, cuántas historias que contar. Todavía sin palabras; pero con cuánta gesticulación, gritos, ritmos. Y cuánta emoción compartida.

historias_cabeceraY por eso había que convertir aquellos hechos en relato; y repetirlo una y cien veces. De eso trata el siguiente capítulo 6: Contando historias sin palabras.



……..
Ver el Indice_Humanidad hecha a si misma con las dos manosÍndice de capítulos

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NOTAS del presente capítulo

(1) Sun Tzu, citas
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Sun Tzu: aprovechar lo negativo
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(2) La sincronización de movimientos fue estudiada por Durand (1988) utilizando las aportaciones de Piaget (1975).

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4 comentarios en “05. Recolectoras y cazadores

  1. Lo mejor de esta historia es que no tiene fin… José Luis, ¿Conoces “NAUKAS”? Es un sitio de escepticos y divulgadores científicos, muy interesante…

    1. Esta historia es el comienzo; su final provisional somos nosotros. Porque al paso que vamos, no creo que sobrevivamos otros dos millones de años.
      Supongo que por eso en Naukas también son escépticos.

  2. Tampoco lo creo, José Luis. Pero al igual que aquellos abuelos, la necesidad de la sobre vivencia afinca esperanza por ese horizonte incierto que les hizo poner de pie. Muy apasionante aporte al conocimiento de nuestra historia.

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