20. ¿Pensamiento dialéctico o metafísico?

La filosofía nació en Grecia en dos vías divergentes, por la izquierda y la derecha: la mortal y la inmortal. Lógicamente, la segunda aplastó rápidamente a la primera.

A pesar de la diversidad de culturas neolíticas que surgieron independientes unas de otras, el pensamiento humano quedó reducido en todas ellas a historias míticas de dioses que esclavizan a humanos. Y, más tarde, a historias míticas de héroes que se rebelan contra sus dioses y mueren por ello trágicamente; aunque así logran vivir eternamente en el recuerdo de los mortales.

Prometeo350Las historias de esos héroes prepararon el terreno para el difícil camino de liberarse del yugo de los dioses y de sus sacerdotes. Como Prometeo en esta imagen en que roba el fuego de los dioses. Los griegos llamaban a los dioses “inmortales”; y de las historias míticas de héroes extrajeron una conclusión, que parece sencilla, pero resultó trascendental: Lo que nos diferencia como humanos, es que no somos inmortales, sino mortales. De esa manera se definieron los griegos a sí mismos, aplicando a su existencia la operación lógica de negación (1): “Somos los que no somos dioses”. Y eso antes de que existiese la Lógica como rama de la filosofía. Y así fueron los primeros seres humanos en sentirse orgullosos de ser mortales.

Empezaron a asumir la responsabilidad de una existencia limitada en el tiempo y el espacio. La grandeza de la humanidad se funda en esta declaración de humildad: Soy mortal, no soy dios ni esclavo de los dioses; y por eso respondo de mis actos. Por ellos seré reconocido y recordado más allá de mi muerte. Esa es la trascendencia que deberíamos haber aprendido de los griegos.

Esta nueva manera de pensar, desde la imaginación artística y el uso de la lógica antes de fundarse la Academia, se alejaba del pensamiento de los sacerdotes que, en esa época, buscaban todavía en algún hígado las intenciones de los dioses. Preparaba el camino para la filósofía: la búsqueda del saber sin ayuda de inmortales.

La filosofía nació solamente en Grecia, en la segunda mitad del último milenio a. C. Nació del sujeto humano en busca del conocimiento objetivo del mundo que le rodea y del que él mismo forma parte. Eran una nueva clase de héroes, como Prometeo. Pero los filósofos, no querían robar el saber de los dioses: lo buscaban por sus propios medios.

La filosofía nació como dialéctica, como un saber pregnante y difícil (Heráclito fue conocido como “el oscuro”), de todo lo que afecta y preocupa profundamente al ser humano.

Heráclito de Éfeso (540-480 a. C.) Descubrió que todo está sujeto al cambio y en lucha permanente. Porque en todo lo que existe hay oposición y contradicción, y cada cosa se convierte en su contraria. De tal manera que todo es y a la vez no es. No extraña que le lamaran “el oscuro”.

Aunque también hay orden dentro del caos. Al cambio le llamó devenir. Y al orden en ese cambio le llamó Logos.Logos.naranja.330 Dijo que la vida es como un río en el que no podemos bañarnos dos veces, porque la segunda vez ya no es el mismo río. Y sin embargo sigue siendo el mismo río. Por eso debemos buscar el Logos, el sentido de todo lo que cambia permaneciendo y permanece cambiando, incluida nuestra existencia.

Qué tarea para la filosofía, aún hoy, 25 siglos después. Y por si ese reto fuera pequeño, llegó Demócrito.

Demócrito de Tracia. (460-370 a. C.) buscó la composición del mundo y de nosotros mismos y encontró que todo lo que existe está compuesto por dos causas (o elementos): lo que es: las partes más pequeñas, átomos homogéneos e indivisibles; y lo que no es: el vacío, que hace posible el movimiento de los átomos al dejarles sitio.

Hoy en día sabemos que incluso los átomos –que creíamos más pequeños-, se dividen en partículas aún más pequeñas, que llamamos subatómicas; y seguimos investigando las energías que las unen y mantienen separadas. Y la naturaleza del espacio en el cosmos.

Sabemos que, aunque el vacío y el no ser resultan invisibles, la mente humana es capaz de recordar lo que ya no es y también de imaginar lo que aún no es; moviéndonos en una brumosidad donde juegan las posibilidades de lo nuevo: tanto del  ser como del no ser.

Así Demócrito y Heráclito se unen en un mismo pensamiento: el vacío de Demócrito no es un vacío helado e inerte, sino que está integrado en el devenir como lo que aún no es. Y es ese vacío de lo nuevo posible que aún no es, el que los humanos somos capaces de imaginar e involucrarnos en hacerlo realidad volviéndolo habitable; o impedir que llegue a ser.

En este ensayo defiendo (2) que podemos movernos en esa brumosidad por la izquierda, porque hemos heredado de los mamíferos un cerebro dividido en dos partes, cada uno dedicado a una mitad de nuestro cuerpo; y que así, por nuestra izquierda, somos capaces de intuir lo nuevo, lo que no es, pero puede llegar a serlo, incluso como posibilidad brumosa; y que así es presentado al otro lado (el derecho), para ser determinado, mediante la acción material e interpretado mediante el pensamiento racional.

Las tareas planteadas por Heráclito y Demócrito siguen ahí ante nosotros como un reto pendiente. Porque los siguientes filósofos escogieron el camino fácil de la mano derecha en exclusiva. Tuvieron que pasar 2.000 años hasta que Francis Bacon apartó la hojarasca acumulada.

La metafísica sustituye a la dialéctica

Todos los filósofos no pensaban como Heráclito o Demócrito. Parménides abrió una vía contraria a la de aquéllos. Qué llamó -cómo no- la “vía de la verdad”, la que volvería a poner el mundo de cabeza.

Parménides de Elea (530 a. C.) recibió como revelación divina que el Ser es el ser: eterno e inamovible; y todo lo que contradiga este principio no puede ser más que opinión de mortales. La inmortalidad regresaba, y esta vez para quedarse.

Sobre unos siete siglos antes refieren escrituras sagradas la declaración de Dios a Moisés desde la zarza ardiente: “Yo soy el que soy”. La nueva filosofía fundada por Parménides despejaba el camino de regreso hacia esa teología, que se convertiría en dogma.

Aunque Demócrito fue posterior a Parménides, ni sus ideas ni las de Heráclito tuvieron la menor posibilidad de prevalecer, sobre todo con la irrupción de Platón.

Sócrates, Platón y Aristóteles

Sócrates (Atenas, 470-399 a. C.) tuvo por discípulo a Platón (Atenas, 427-347 a. C.), el cual tuvo por discípulo a Aristóteles (Estagira, 384-322 a. C.). Los tres basaron sus propuestas filosóficas en Parménides  y su doctrina del Ser.

Platón es autor de la teoría de las formas o teoría de las ideas. Separa en dos el mundo: el de las cosas que pueden percibirse por los sentidos y el mundo de las ideas. Las ideas, como el concepto del Ser, son eternas, verdaderas e inmutables. Existen por sí mismas. Mientras que las cosas sensibles son como las sombras confusas y cambiantes proyectadas en el fondo de una caverna.

Platon-AcademiaNo se le ocurrió a Platón que esa característica oscura y cambiante pudiera ser la fase inicial de todo proceso de determinación de un concepto por la mente humana, incluyendo la suya. Lo sensible no debería haberse considerado desechable, sino imprescindible para el trabajo productivo, material o intelectual.

¿Cómo es que Platón no se dio cuenta de eso? Porque habría sido reconocer el papel fundamental del trabajo como soporte de la sociedad ateniense. Y eso era cosa de esclavos.

La drástica escisión social en amos y esclavos -y en hombres y mujeres-, que había empezado en Sumeria, y de manera independiente en muchos otros lugares del mundo, tenía las mismas consecuencias sobre el pensamiento. Los esclavos no contaban, ni su trabajo, conocimiento y creatividad eran reconocidos. Tampoco las mujeres pertenecían a la parte visible de la sociedad, salvo alguna que otra excepción, casi siempre decorativa.

Lo único que contaba era el hombre que empuñaba su espada o látigo, que tomaba las decisiones y señalaba lo importante con su mano derecha: la diestra (como en esta imagen de Platón, mientras su izquierda está ocupada en sostener un libro que contiene la verdad). El resto se perdía en la oscuridad, en la invisibilidad, no existía para la inteligencia social de la comunidad.

Con Platón tomó cuerpo el idealismo y el formalismo, que aún colean en la actualidad. Por ejemplo, entre científicos formalistas, que aún intentan hacer hablar a robots enseñándoles palabras. Los caminos fáciles suelen conducir a grandes atascos.

Aristóteles (384-322 a. C.), discípulo de Platón, no sólo fue filósofo, sino también científico (con los prejuicios que le limitaban). Escribió sobre astronomía, física y biología, además de filosofía, ética y metafísica.

Aunque sostuvo la doctrina metafísica del Ser, no despreció del todo la dialéctica de Heráclito como hizo Platón.

También descubrió la estructura fundamental del drama teatral en tres partes: Planteamiento, Nudo y Desenlace. La misma estructura que veinte siglos después, Hegel generalizó como triada fundamental de su filosofía dialéctica (3).

Mientras que para Platón lo importante e inamovible era la idea en general, el ser inmutable de Parménides, Aristóteles puso el énfasis en la realidad de cada objeto particular, que es lo que puede ser observado en la realidad. Esto fue decisivo para la importancia que llegaría a tener Aristóteles en el futuro. Lo veremos más adelante en el capítulo 22. Averroes y Tomás de Aquino. Aristóteles resurgía de sus cenizas cada vez que el pensamiento racional era aplastado por el fanatismo religioso, pero también era utilizado por ese mismo fanatismo para cerrar el paso a la ciencia y al pensamiento en libertad.

En qué se convirtió la doctrina del Ser

La Academia creada por Platón desplegó todas las posibilidades del pensamiento griego dentro de los límites de sus orejeras esclavistas. Pero el germen de teología que incluía, creció hasta devorar la filosofía.

Un siglo después, Grecia fue invadida por el ejército romano. Y unos años más tarde llegó al foro de Atenas un ciudadano romano Pablo de Tarso (San Pablo para los cristianos) y dijo al auditorio: “Vengo a hablaros de ese Dios sin nombre al que adoráis sin conocerle”. El Ser de Parmenides y Platón, convertido en Dios único.

El Logos de Heráclito no tuvo mejor suerte. El evangelio cristiano de San Juan se redactó en griego y comenzaba así: “En el principio fue el logos. El logos estaba con Dios y el logos era Dios”. Más tarde se tradujo al latín y el “logos” se tradujo por el “verbo“. Hoy se lee en las iglesias católicas en español: “En el principio era la Palabra; la Palabra estaba con Dios, la Palabra era Dios”. Eso es lo que se llama una limpieza a fondo.

La dialéctica desapareció, primero convertida en metafísica; y ahora, en el poder de Dios. Sólo Él podía crear y cambiar las cosas, interpretado por sacerdotes, como siempre.

Años más tarde, los sacerdotes cristianos destruyeron la Academia, quemando todos los libros de filosofía que encontraron. Muchos se perdieron para siempre. De los 200 tratados escritos por Aristóteles se salvaron 31, gracias a sabios musulmanes que los tradujeron al árabe y así pudieron llegar hasta nosotros.

La cegadora luz del cristianismo dejó caer una sombra muy negra sobre el pensamiento humano. Pero en lo más oscuro, amanece. Eso también es dialéctica. Me lo enseñó mi madre, que lo aprendió sin estudiar filosofía, pero siendo mujer.

Próximo capítulo Constantino-Crismon-decadencia21. Un solo Dios para unir un imperio dividido
Europa, unificada cultural y políticamente por el Imperio romano, llegó a tener un único Dios a lo largo del siglo IV. Pero aún así el Imperio no podía durar mucho.



……..
Ver el Indice_Humanidad hecha a si misma con las dos manosÍndice de capítulos

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NOTAS del presente capítulo

determinacion_estrellado1(1) Los homininos habían descubierto la negación lógica en la práctica, al construir sus herramientas. Ver cap. 3. Determinación por la derecha.

Gazzaniga(2) Michael Gazzaniga, investigador con Sperry de los pacientes de cerebro escindido, defiende la tesis de que el hemisferio cerebral izquierdo (que controla el lado derecho del cuerpo) hace de intérprete del otro hemisferio, llegando a inventar, si es preciso, algún elemento que falte para completar una historia.
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Ver también: Goldberg: Novedad y rutina en el cerebro
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