c23_Prescribir el síntoma

Las paradojas son contradicciones lógicas sin salida, que -sin embargo- tienen solución, al encontrar su contrario: la contraparadoja. En este artículo veremos que hay problemas que parecen no tener solución, pero sí la tienen, haciendo justamente lo que se trataba de evitar.

En la década de 1960, la investigación iniciada por Gregory Bateson sobre comportamiento paradójico, continuó junto con Paul Watzlawick y otros sociólogos, psicólogos y psiquiatras reunidos en Palo Alto (California). Allí colaboraron con el Dr. Jackson en la creación del Instituto de Salud Mental para excombatientes de la guerra de Corea. Su investigación se centró en la terapia familiar, porque la familia era el marco social donde se producían los avances -y retrocesos- en la curación de los pacientes mentales.

Entre los conceptos que más usaron, estaba el marco de la situación (principalmente el marco familiar) y las paradojas del comportamiento. El estudio de estas últimas abrió el camino a las terapias paradójicas.

También Viktor Frankl, en su famoso libro «El hombre en busca de sentido» surgido de su reclusión en el campo de exterminio de Auschwitz, basó lo que él llamaba «intención paradójica» en un doble principio:

  • Por un lado, el miedo provoca precisamente aquello que se teme. Por ejemplo, si una persona teme sonrojarse al entrar en una sala llena de gente, sin duda alguna se sonrojará al hacerlo. Si se propone hablar sin tartamudear, es seguro que tartamudeará.
  • En sentido opuesto, la intención excesiva también impide realizar lo que se desea. Esto sucede especialmente en la neurosis sexual: cuanto más se desea tener éxito en un encuentro sexual, más probable es que no se consiga.

En resumen, las emociones exageradas se convierten en obstáculo, no sólo para el uso de la razón, sino también para la acción.

Esto tiene mucho que ver con el marco de la situación: con el sentirse o no prisionero; o paralizado. El no poder moverse y también el no poder parar. Las paradojas aparecen al salirse de un marco y también al no lograr salirse de él.

Y en tales situaciones paradójicas es donde se encuentran las contra-paradojas. Psicólogos y psiquiatras encontraron en los años 60 que, en situaciones sin salida, tiene sentido actuar contra la lógica. Prescribir el síntoma consiste en que el paciente haga justamente lo que no puede hacer; o lo que no quiere; o lo que no se atreve a hacer.

Si el paciente teme tartamudear, se le pide que tartamudee deliberadamente. Si teme tropezar, se le pide que tropiece. Si no consigue dormir, se le pide que haga lo posible para no dormirse el mayor tiempo posible. Si el paciente no puede evitar morderse las uñas, se le pide que se las muerda a propósito.

Hay muchas anécdotas de este tipo. Pero la que más me gusta, es lo que hizo un psiquiatra -no con un paciente- sino consigo mismo, para conseguir algo imposible: escapar de la Rusia soviética.

Se trata de Elkhonon Goldberg, psiquiatra y neurólogo ruso. Se propuso en 1973 emigrar de la Unión Soviética a EEUU cuando, al terminar sus estudios, estaba a punto de realizar su doctorado. Pero si intentaba hacerlo, las autoridades rechazarían su solicitud, le quitarían el doctorado y le prohibirían dar clases y practicar la psiquiatría. Eso había sucedido a otros en su situación.

Entonces renunció al doctorado, se trasladó a su pueblo natal, donde eligió el oficio más miserable que pudo encontrar: retirar cadáveres del hospital. Es decir, justamente la situación en que se habría encontrado, de haber intentado emigrar. Así permeneció dos años; y sólo entonces presentó la solicitud de emigración.

La funcionaria que examinó su petición se extrañó de que un universitario con tal curriculum tuviese ese modo de vida. Pero, siendo una comunista descreída, dijo: «¡Qué más da!» y selló su solicitud.

Hoy Goldberg es un reconocido profesor en Nueva York, investigador y autor de la teoría de la «novedad-rutinización» como función diferenciada y complementaria de los hemisferios cerebrales.

Esta serie de artículos sobre el pensamiento complejo de Edgar Morin, es un homenaje a las personas que van desencubriendo la complejidad del pensamiento y del mundo real en que vivimos. Entre ellas, Elkhonon Goldberg(1) es para mí especialmente entrañable.

Próximo capítulo: c24_Arte y ciencia.


(1) Ver: Goldberg, novedad y rutina en el cerebro


4 comentarios en “c23_Prescribir el síntoma

  1. Genial. Pregunto: en una dictadura, cuyo marco, para algunos, es el encierro, el destierro o el entierro, uno puede superar su terror y organizar un equipo para una emigración ilegal, por ejemplo. Esto, ¿en qué área se enmarca? Muchas gracias.

    1. Un buen ejemplo es la huida de Goldberg relatada aquí. Lo que hizo, requirió mucho valor, pero también inteligencia. Y fue importante que los guardianes de la dictadura estuvieran dejando de creer en ella. Encontró una salida en medio de la complejidad: un agujero en esa celda sin salida.
      Fuerte abrazo, Jorge.

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