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Damasio: Emociones y sentimientos

damasioAntonio Damasio (1944) neurólogo y psicólogo residente en EEUU investiga las bases cerebrales de la mente, los sentimientos y emociones.

Yo sé que tengo sentimientos porque los siento y porque recuerdo muy bien haberlos sentido. Y, a veces, sé que otros tienen sentimientos; pero, en general, no estoy tan seguro, porque la gente miente y se engaña mucho.

A veces me doy cuenta porque siento en mí mismo el sentimiento de otras personas. A esa capacidad de experimentar un sentimiento de otro y emocionarnos con él lo llamamos empatía. Nos alegrarnos cuando el otro se alegra y sufrimos cuando el otro sufre: eso es la compasión.

La empatía es una capacidad de la mente producida por la activación de nuestras neuronas espejo. No todo el mundo la tiene. A los que carecen de ella y se comportan agresivamente con gran frialdad, les consideramos psicópatas. Pero ¿quién puede estar seguro de los sentimientos o la falta de sentimientos de otro?

Para eso disponemos de una poderosa herramienta: la razón. Sin embargo, para quien usa solamente la razón, los sentimientos y emociones aparecen como fenómenos irracionales.

Cuando la razón renunció a entender los sentimientos
DescartesDescartes (1596-1650) fundó la filosofía moderna, pero pagó por ello un alto precio: el de renunciar a comprender el mundo del espíritu y, especialmente, los sentimientos. Su pensamiento se resume en la frase “pienso luego existo”. Esta idea abrió la puerta al mundo moderno de la racionalidad científica. Pero contiene una gran mentira que nos está saliendo cara.

Lo cierto es lo contrario de lo que afirmó Descartes: “existo, luego pienso”. Pienso porque existo y sólo mientras siga existiendo. Y puedo pensar gracias a que muchos otros seres que han vivido antes que yo, me han transmitido sus experiencias vitales. Mis antepasados se remontan a más de dos mil millones de años, y la mayor parte de ellos nunca llegaron a pensar. Yo mismo tardé varios años en empezar a hacerlo; y aún estoy aprendiendo.

Si del pensar eliminamos la existencia material y biológica ¿qué nos queda? Mucha gente, aún hoy en día, cree que quedaría el espíritu. Los humanos ya hemos aprendido a acabar racionalmente con la existencia humana y con la existencia de la vida en la Tierra. Podrán llegar a hacerlo algún día  unos psicópatas o acaso unos fanáticos despiadados. Y ¿qué quedaría el día después? Ningún espíritu sobrevolaría las aguas. No habría nadie capaz de leer el Discurso de Descartes ni de pensar algo como “pienso luego existo” o de rezar a ningún Dios.

El trabajo de Descartes se dirigía contra la superstición y el fanatismo. Pero se impuso a sí mismo el límite de no ofender a los fanáticos religiosos. Que en su época y en Francia los había y mandaban mucho, tanto como para acabar con su carrera y con su vida. O sea, como ahora, si uno es dibujante.

Cuatro siglos después, aquellos polvos se han convertido en lodos. Seguimos teniendo que respetar a quienes no nos respetan. Pero al menos tenemos el consuelo de dar la vuelta al principio cartesiano.

Existo, siento, me emociono y –luego– pienso
Existo con mi cuerpo. Y pienso con mi cuerpo; esto es, con mi cerebro; que es parte de mi cuerpo y que se ocupa de gestionar mi cuerpo y lo que mi cuerpo hace en el mundo. Y para eso, mi cuerpo y mi cerebro necesitan sentimientos y emociones.

Llamamos emoción a algo que nos mueve a actuar. Emociones primordiales como el dolor, hambre, sed, miedo, ira, deseo sexual, deseo de venganza. Se procesan en el cerebro pero se sienten en el cuerpo como una necesidad urgente de hacer algo o de evitarlo: alejarse de lo que produce dolor, comer o beber, huir, agredir a alguien o tener un encuentro sexual.

Un sentimiento es un estado de ánimo; algo que parece flotar en la mente o el alma, porque no sentimos nuestro cerebro. Con todo, lo que siento sucede ante una situación que me impresiona. Lo experimento como algo menos físico, menos corporal; una afectación del alma, del espíritu o la mente. Por eso decimos que es un estado de ánimo; un estado afectivo, porque es lo que uno siente cuando una situación le afecta, y al vivirla se impregna(1) de ella como alegría, tristeza, amor, odio, sentimiento de vacío (apatía, aburrimiento, soledad), con pena, vergüenza, compasión, admiración… La lista es interminable y varios sentimientos a menudo se confunden, viviéndose como inseparables.

No obstante, hay una manera muy sencilla de clasificarlos. Uno siempre sabe si lo que está sintiendo es agradable o desagradable, si lo vive como algo bueno o malo. Como si fuera una recompensa o como un castigo.

El palo y la zanahoria
El primer hombre que intentó educar a un burro, dándole con un palo si lo hacía mal y ofreciéndole una zanahoria si lo hacía bien, estaba repitiendo algo que la naturaleza había inventado mucho antes. Es que la naturaleza no entiende nada de lo políticamente correcto. Y los animales (y nosotros con ellos) aprendemos que el resultado de nuestros actos es acertado o no, según nos depare buenas o malas consecuencias. Ese es el aprendizaje primordial, biológico de base. Hace dos mil millones de años, cuando todavía no existían reglas morales, ni amos o esclavos, ni depredadores o presas, la naturaleza ya repartía recompensas y castigos.

Sucesivas memorias
La memoria de lo que ha resultado bueno o malo, se limitó durante mucho tiempo a la memoria genética materializada en el ADN. Esa es la memoria de la especie; la única de que disponen los seres unicelulares y las plantas. Malo es morirse y desaparecer. Bueno es sobrevivir y reproducirse. Los genes de los individuos que sobreviven lo suficiente para reproducirse, son recompensados en sus descendientes. Los que no sobreviven, son castigados con la ausencia de descendientes. Esta obviedad es el motor de la evolución natural(2).

Con los vertebrados apareció el cerebro, que desde su inicio se encuentra dividido en derecho e izquierdo. Con esa división, hasta las moscas saben que lo bueno les viene de la derecha y lo malo de la izquierda (¡qué modernas y qué burguesas las moscas!) (3). Con esa ayuda ¿por dónde sería mejor acercarse a un Tiranosaurio Rex? Difícil elección, si lo hago por su derecha me tomará por comida. Si por la izquierda, me considerará un enemigo. Mejor me quedo bajo tierra todo el día.

cerebro triunicoEso es lo que hicieron nuestros antepasados, los primeros mamíferos. Tenían mucho tiempo libre hasta que los reptiles se iban a dormir cuando el sol se ocultaba. Acurrucados en sus agujeros mientras los reptiles campeaban por el exterior, los primitivos mamíferos se dedicaron a cuidar tiernamente de sus crías. Inventaron los sentimientos y empezaron a desarrollar su neocortex; más y más conexiones neuronales regadas con sentimientos.

extincion dinosauriosHasta que un buen día, un meteorito les libró de los dinosaurios, entonces los mamíferos salieron de sus escondrijos y poblaron la tierra. No sólo habían inventado la ternura y la compasión, también habían inventado la ira, que les convirtió a algunos en fieros depredadores. De esos últimos descendemos nosotros.

Las emociones y sentimientos supusieron una revolución en el cerebro. Las situaciones que terminaban bien producían un chorro de satisfacción que reforzaba las conexiones neuronales que habían estado activas durante la experiencia. Las situaciones que acababan mal reforzaban otras conexiones distintas.

Aprendizaje450En lo sucesivo, Esas conexiones reforzadas facilitarían a los individuos experimentados reconocer cada situación y responder a ella adecuadamente. Por primera vez un ser vivo podía aprender a lo largo de su vida, para anticiparse a situaciones vividas (y ahora reconocibles), diferenciándolas además en oportunidades y amenazas.

No fue la razón lo que nos permitió aprender, sino nuestra capacidad de tener sentimientos y de emocionarnos. Y de regar con sus hormonas las conexiones exitosas.

El error de Descartes, superado
En contra de lo que creyó Descartes, existo, luego tengo sentimientos; me emociono y así aprendo.

damasio1Antonio Damasio publicó en 1994 “El error de Descartes” para combatir precisamente el dualismo cartesiano entre alma y cuerpo, entre mente y cerebro, que sobrevive aún en nuestra época. Damasio nos enseñó que pensamos porque tenemos sentimientos. Y porque tenemos emociones; en definitiva, porque nos involucramos emocionalmente; porque somos un cuerpo que siente y se conmueve.

GolemanEn 1995 Daniel Goleman publicó el libro ”Inteligencia emocional” del que se vendieron 5 millones de ejemplares en diez años.

Hoy sabemos que no es la razón lo que nos hace humanos, sino un delicado equilibrio entre razón y sentimientos. Y que la inteligencia humana, o es inteligencia emocional o se vuelve inhumana.

Notas del autor
(1) Ver Pregnancia: más allá de la Gestalt.

.(2) Ver Memoria de la vida.
.

(3) Ver Goldberg: Novedad y rutina en el cerebro.

Ver también sobre sentimientos y emociones:
Ser estético: encuentro en la segunda fase.

Estética existencial.
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Tan lejos y tan cerca.
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Oteiza contra el silencio de los corderos.
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El factor humano.
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Estancamiento: lo negativo paralizante.

El origen de la magia en el niño.
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El sentido de ser director de orquesta.
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Lenin y la Appassionata.
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(Hacer el amor o hacer la guerra.
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La bruja Wangda y la madre balinesa.
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5 thoughts on “Damasio: Emociones y sentimientos

  1. Tus posts son un ejemplo. La emoción ante una nueva idea nos impulsa a leerlo. Y después nos da que pensar. Cuando acabamos, nos invaden las hormonas gratificantes que nos hacen esperar el siguiente post.
    Pero quiero romper una lanza en favor de Descartes. ¡Ojalá hubiésemos tenido un Descartes en España en el siglo XII…! Impensable, ¿verdad?

    • De acuerdo: Descartes hizo lo que había que hacer a comienzos del XVII. Lo malo es que en el XXI sigamos separando mente y cuerpo, pensamiento y sentimientos.
      ¿Un Descartes en el s. XII? Habría terminado en la hoguera. Pero Europa tuvo en el XIII a Tomás de Aquino, que hizo algo muy parecido: separar al Creador de lo creado (el mundo físico). Condenaron sus escritos mientras vivió. Pero esa separación hizo posible con el tiempo la Ilustración y la emergencia de un Descartes. Lo que no sucedió al Islam, ni le ha sucedido hasta ahora. Hay que hablar despacio de Tomás de Aquino. Él también abrió la puerta de las libertades por un lado, aunque la cerró por otro.

      • ¿Un Descartes en el siglo XII? Sí, yo también me he quedado estupefacta. Me salté la V al escribir XVII.
        Totalmente de acuerdo en que no tiene ningún sentido que sigamos separando mente de cuerpo. Lo que habría que preguntarse es porqué sigue vigente algo tan desfasado. ¿Por qué?
        Lo del Islam es un misterio. ¿Por qué fué una cultura puntera en todos los ámbitos, en su juventud, cuando el cristianismo era casi barbarie y ahora, en cambio, se ha quedado en menos que nada? Si tenemos en cuenta los más de 600 años de vida que el cristianismo le lleva al islam, ahora estarían en el equivalente a nuestro siglo XIV-XV. Tampoco el cristianismo podía presumir de nada en aquellos tiempos… Así que esperemos que el islam esté pasando por su fase más atroz, como la tuvo el cristianismo a su edad. Y aún ahora, si me apuras. De hecho el pensamiento y la ciencia discurren al margen del cristianismo, cuando no enfrentados.

      • Pues me encanta tu error al teclear. Porque nos conecta a este tema fascinante. No es lo que faltó al Islam, que rescató los tesoros del pensamiento helénico traduciéndolos al árabe. Es lo que le sobró, cuando el fanatismo religioso destruyó aquellos libros y eliminó a los pensadores musulmanes cerrando la posibilidad de separación entre religión y ciencia. Pero no todos esos libros se perdieron. Algunos se salvaron de la quema y fueron traducidos al latín. Me imagino a Tomás de Aquino estudiándolos en París y encontrando en ellos inspiración para descubrir la separación entre Creador y Creatura que desembocaría siglos después en la separación entre Iglesia y Estado; y en la formulación de los derechos humanos como hoy los entendemos.

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